El  País

El gobernador de Veracruz, Javier Duarte, encara estos días uno de sus momentos más difíciles. Hace dos semanas, la Auditoría Superior de la Federación aseguraba que Veracruz había desviado 2.000 millones de dólares de sus cuentas de 2011 a 2014. El presidente del PRI, el partido de Duarte, declaraba enseguida que el gobernador debería explicar dónde había ido a parar el dinero. Mientras tanto, la derecha pide desde el Senado que se enjuicie políticamente al gobernador. La semana pasada, la prensa local fue un hervidero de rumores sobre su dimisión.

 

 

Cuenta el politólogo Carlos Ronzón que el anterior gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, gustaba de rodearse de muchachos jóvenes sin cualidades políticas. “Fidel es avasallador”, dice Ronzón. “Repartía cargos entre personas obedientes para intervenir cuando quisiera. Eran los niños de la fidelidad o los niños fieles, todos empezaron ahí”. El profesor de la Universidad Veracruzana Alberto Olvera recuerda que el niño fiel más destacado fue el actual gobernador, Javier Duarte: “Una vez narró Fidel que Duarte volvía de España con sus maletas y se le ofreció para ponerse a su servicio (…) Literalmente, Duarte empezó cargando la maleta de Fidel. Él daba dinero en efectivo a la gente, era su forma de gobernar”.

Ninguno de los especialistas consultados recuerda que Duarte haya imitado a su antecesor y haya repartido dinero. Todos señalan, sin embargo, que Fidel eligió al niño fiel Duarte por puro pragmatismo. Dice Ronzón: “No era el más brillante, pero sí el más obediente”. Javier Duarte (Veracruz, 1973) llegó al poder en 2010 entre críticas que señalaban irregularidades en la campaña electoral. En 2011 lanzó la Ley de Perturbación del Orden Público, que facultaba a las autoridades a actuar contra tuiteros y blogueros. En 2013 la Suprema Corte la declaró anticonstitucional. En ese contexto, Duarte pidió cárcel para un fotoperiodista que mostró a un grupo de autodefensa, civiles armados. “Es una vacilada”, se justificó el gobernador. En Veracruz, dijo Duarte, no hay autodefensas; en Veracruz, dijo una vez, solo roban “frutsis y pingüinos”, dulces, en las tiendas.

Identificación con Franco

En 2011, unos sicarios abandonaron 35 cuerpos en Boca del Río, municipio turístico pegado al Puerto de Veracruz. México constataba que el Estado del golfo, la región del carnaval más famoso, se convertía en otra víctima de la reyerta entre el Estado y el crimen organizado, y que dejaba decenas de miles de muertos.

Duarte vivió más o menos tranquilo hasta julio de 2015. Entonces, la activista Nadia Vera, el fotoperiodista Rubén Espinosa y otras tres personas fueron asesinados en la Ciudad de México. Vera y Espinosa habían trabajado durante años en Veracruz. Meses antes de morir, Vera dijo incluso que responsabilizaba al gobernador de cualquier cosa que le pudiera pasar. Aunque no se ha probado que Duarte o nadie de su Gobierno esté detrás de lo ocurrido, la muerte de ambos generó un alud de críticas contra la figura del gobernador: durante su mandato, 14 periodistas han sido asesinados. En enero de este año, policías estatales secuestraron a cinco jóvenes en el municipio de Tierra Blanca. Igual que en el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa, los policías los habrían entregado a criminales. De momento, la fiscalía solo ha encontrado restos de dos de ellos. Esta situación ilumina el drama de los desaparecidos en Veracruz. Son un millar de casos, algunos vinculados a la policía estatal.

La actitud de Duarte respecto a la violencia a veces ha resultado molesta. En una visita a Orizaba, una mujer increpó al gobernador por la falta de resultados en la búsqueda de su familiar desaparecido. Duarte sostuvo durante minutos una pequeña sonrisa. La mujer, a grito pelado, regañaba al gobernador: “¡No se burle, quite su sonrisa porque yo no vivo desde ese tiempo!”.

El último escándalo en Veracruz alude al manejo de los fondos estatales. La auditoría implica a Duarte y los niños fieles, políticos que empezaron su carrera bajo el ala de Fidel Herrera, diputados federales, ex altos cargos. A Duarte le quedan 10 meses de Gobierno. Él se mantiene firme. Una vez dijo que se identificaba con “el generalísimo Franco”: “No estoy acorde a su ideología, pero creo que su fortaleza es una parte importante a resaltar”.