La relación entre él y su cuarto hermano fue poco cordial, fría y distante. Eran Miguel y José María Hidalgo y Costilla. Recayó en este último la responsabilidad de administrar la Hacienda de Corralejo, después de la administración del padre de ambos, Don Cristóbal Hidalgo. Los hermanos preferidos del Padre de la Patria fueron siempre José Joaquín, Manuel Mariano y José Félix Mariano.

 

 

Existe evidencia de que José María de la Trinidad, además estuvo del lado de los realistas en la Guerra de Independencia que inició el cura párroco de la iglesia de Dolores aquella madrugada del 16 de septiembre de 1810.

No existe en la historia de México comentario alguno que señale que, Hidalgo alguna vez despotricara contra su hermano por tener una mejor o peor posición que él o, por simpatizar con la causa de los gachupines en los inicios de la insurgencia en esa primera década del siglo IXX.

En el México de hoy, Andrés Manuel López Obrador arremetió contra su hermano Arturo porque hizo público su apoyo al candidato del PRI en Veracruz, Héctor Yunes, y tras calificarle de traidor, acusó que su familiar está solo por conveniencia del lado de los corruptos.

Arturo López Obrador acusó que el candidato de Morena, el diputado federal con licencia Cuitláhuac García Jiménez, no es una persona apta ni preparada para tomar las riendas del Estado de Veracruz.

Autoritario, soberbio, mesiánico e intolerante, AMLO no ha logrado comprender después de dos campañas presidenciales que quienes no piensan como él, distan mucho de ser traidores a su causa. Tampoco ha entendido que un proceso electoral no es una guerra entre un pueblo bueno y otro malo; obviamente en su pensar, el bueno comulga con él y, los malos están con quienes ha definido, como la mafia del poder.

Nadie puede discutir con AMLO, quien no apoya sus dichos y proyectos es por lo menos, traidor y corrupto y, por lo más, su acérrimo enemigo. Para el tabasqueño no hay puntos medios. Él entiende a la política solo con dos adjetivos: cariño u odio.

El juego de Andrés Manuel es claro, eso es lo que le funciona, evita los temas que le son complicados, vomita todo lo que venga del Gobierno de Peña; sin embargo, no duda en hacer acuerdos que pudieran representarle ventajas electorales, con personajes oscuros y corruptos, exactamente como aquellos a quienes acusa. El caso del candidato de MORENA al Gobierno del Estado de Oaxaca es por lo menos revelador.

Andrés Manuel López Obrador dista mucho de ser el Padre de la Patria, no es el objetivo de estas líneas hacer una comparación entre ambos personajes. Algunos de los adláteres que le aman, deberían sugerirle que debe cambiar el discurso bélico e intolerante que le ha acompañado en los últimos años. De no hacerlo, está pavimentando un nuevo camino hacia lo que claramente parece ser su tercera derrota en una contienda presidencial.

2018 pudiera darnos la razón.

Tuíter: @santiagooctavio