VOCES A DEBATE.

No perdáis vuestro tiempo ni en llorar el pasado ni en llorar el porvenir. Vivid vuestras horas, vuestros minutos. Las alegrías son como flores que la lluvia mancha y el viento deshoja. Edmonnd Gouncort.

 


 

Caminas por las calles, recorres plazas y acudes a citas y reuniones vecinales o de organización, nuestra Ciudad de México es un gran hormiguero, mujeres y hombres suben y bajan, hablan, trabajan y atienden todo tipo de asuntos. Es la vida cotidiana, pues ya se sabe que todos necesitamos trabajar, estudiar, enseñar, aprender y también buscar formas de acceso a la cultura, la diversión, el arte o el deporte. Somos familias en integración o en desintegración.

El frío nos vuelve intensos, las gotas de lluvia mojan nuestro cuerpo y nos hacen sentir que podemos fusionar cuerpos y unir pensamientos. La lluvia es incesante y al mismo tiempo nos dota de energía para caminar, hablar, compartir y pensar. A final de cuentas, somos humanos.

Vamos a trabajar y asistimos con gusto a diversas actividades, nuestra ciudad es inmensa e intensa. El metro, el metrobús o las “micros” nos acercan o nos alejan de lugares comunes, somos cuerpos andantes en ruedas y dependientes de la energía y los recursos naturales, económicos y materiales. Es la lluvia de todos los días, esa que nos filtra la ropa y nos hace sentir desnudos ante la realidad de la moral y la Miseria humana. Somos cuerpos con alma y esperamos alcanzar el cielo.

Asistimos varios amigos y compañeros de lucha a una asamblea en el centro de la ciudad, en Cuauhtémoc, para abordar el tema de la lelección y el Congreso Constituyente, las opiniones son variadas y algunas confrontadas, sin embargo, priva un ánimo de amistad y tolerancia que hace que todos participen y se sientan en confianza. Todo lo que sucede es bueno, pues ayuda a dialogar y a establecer compromisos y acciones a favor de una democracia en construcción, sobre todo en una gran ciudad capital como lo es , hasta ahora, el Distrito Federal. Vendrán otros tiempos y otros momentos.

Hablamos de lluvia porque así está el clima y también porque todos los días nos llueve a quienes menos recursos tenemos. Un activista describe que debemos actuar y caminar con alegría, nos dice que la tristeza nos lleva a la derrota, afirma que la alegría es el camino cotidiano y que no hay futuro en el cielo si no entregamos sonrisas en la tierra. Luego entonces, nos señala, que la alegría de vivir debemos rescatarla los más de sesenta millones de pobres-algunos se dicen clase media baja- y terminar con el enriquecimiento ilícito y destructor de una minoría rapaz que controla poder, gobierno y economía en México. Nos dice entonces que debemos agruparnos, ganar y gobernar con alegría para que desde abajo y entre todos, podamos construir una Patria Nueva, libre con equidad, justicia y libertad. En el camino andamos y también entregamos sonrisas.

Las asambleas o reuniones terminan, salimos y platicamos de los discursos y de quienes participaron, sobre los mensajes, los exhortos, los consejos o los regaños, pero todos coincidimos en que debemos reivindicar el derecho a la vida de los niños, jóvenes, mujeres y hombres. Que debe quedar establecido en cualquier Constitución, el derecho a ser feliz y que ello implica tener acceso a los elementales derechos: trabajo; educación; salud; alimentación; pensiones; cultura y; libertad de camino y vivienda. Así se le considera y la Ciudad de México es también una ciudad de todos y con grandes logros democráticos que no deben ser truncados.

En la Ciudad de México, la lluvia es intensa, pero la alegría de seguir impulsando la democracia es mucho mayor. Amigos nuestros van de candidatos a la constituyente, ellos deben saber que atrás de ellos hay una gran solidaridad y apoyo para que se respeten los derechos ganados y se impulsen los acuerdos elementales para que seamos parte de una ciudad habitable y una sociedad que sepa respetar los derechos de las mayorías y de las minorías. Todo se puede. Lo que no podemos permitir es la injusticia y la acumulación abominable de poder y dinero de unos cuantos sobre la miseria de los muchos.Arrieros somos y en el camino andamos.

​Reflexiones. Recorrer el país y que podamos oír y escuchar a los demás, es una cuestión que nos enriquece en lo moral y en la ética. Saber que nuestra lucha no es en vano y que hay reconocimiento, alimenta el espíritu de trabajo y compromiso. Otra cuestión es que nos digan que los años y el tiempo han pasado, que somos mayores, pero con gran fuerza interna que anula a los soberbios y a quienes abusan del poder y del gobierno.

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