Aunque el problema verdaderamente preocupante es que esta conspiración del silencio casi autista, a la que se está sometiendo este gobierno, no escucha a nadie

 

 

Soy consciente de que todos los que trabajamos en la prensa y en la política protagonizamos en la mayoría de las ocasiones una relación promiscua e incestuosa.

Sin embargo, no todos los políticos son rateros, ni todos los periodistas somos corruptos. Pero es verdad que formamos parte del mismo entramado, a veces como público y a veces como protagonistas.

Ahora, la prensa estadounidense está siendo atacada por los miembros del Partido Republicano, ya que la acusan de no haber publicado a tiempo todos los escándalos y fraudes cometidos por Donald Trump, para poder frenar su campaña.

En el caso mexicano, existe un gobierno totalmente advertido por la prensa de todo lo que está pasando en el país y de todo lo que hay en el campo minado por el que va caminando.

Pero lo que nadie imaginó es que este gobierno, acusado de estar tan ligado a Televisa, iba a convertirse en un gran sordo frente a los medios de comunicación.

En ese sentido, es peligroso ser un rehén en manos de un grupo de piratas corruptos, pero es más peligroso avanzar sin querer escuchar las advertencias por soberbia, temor, y por aquella convicción de que al final todo se puede arreglar con dinero.

La última escenificación —sea verdad o mentira— de la presunta hija de “El Chapo” es sólo un ejemplo. Aunque naturalmente hay que tener mucho cuidado con los datos, porque todo lo que dijo a un medio internacional acreditado, es lo que todos suponemos. Es decir, que “El Chapo” tiene una lista de colaboradores muy importantes que anidan en las esferas más altas del poder.

Aunque el problema verdaderamente preocupante es que esta conspiración del silencio casi autista, a la que se está sometiendo este gobierno, no escucha a nadie, salvo los aplausos propios y el tintineo de lo que ellos creen que necesita el país.

Eso en cualquier momento es arriesgado, porque pese a que puede acabar con todos nosotros, también los debilita a ellos, en el sentido de que los relojes de la historia ya no avanzan a su favor.

A pesar de todo, me alegro de que por lo menos exista una garantía de manejo profesional desde el partido en el gobierno. Lo que podría permitir que no haya una descomposición total del sistema.

Mientras tanto, nuestro gobierno tiene que saber que en la era del Twitter no hay que confundir. Porque una cosa es que sepamos que la corrupción es terrible y lo expresemos en redes sociales, y otra muy diferente, es el trabajo de fondo que demuestra por dónde se va liquidando el sistema a sí mismo.

Pero, en cualquier caso, nuestros gobernantes deben empezar a escuchar, porque el clamor ya es insoportable.