Aquí apuntamos cinco preguntas simples que sin duda Trump no podrá contestar. Y, si lo hace, estará en serios aprietos

 

 

Hay demasiado debate barato en torno a la postura anti-inmigrante del controverido precandidato republicano Donald Trump.

El hecho es que no existe dentro de la clase política seria, de los círculos empresariales poderosos, de los think tanks influyentes o de la clase más educada norteamericana, quien suscriba con seriedad sus hitlerianos pronunciamientos.

Pero la realidad, la de los votos, la que cuenta a la hora de hacer las cuentas, es que ese discurso sí penetró ya en las clases bajas y en las medias bajas de los Estados Unidos.

Y la gran mayoría de los jerarcas republicanos están sudando para descarrilar la candidatura de un personaje de caricatura, que ahora los tiene secuestrados con su “popularidad”.

Hasta hoy la mejor revirada contra los dichos xenofóbicos de Trump viene del presidente Barack Obama, quien fue claro al decir que a menos que se hable de siouxs, pieles rojas o cheyennes, el resto de los norteamericanos son inmigrantes.

Pero hay cuestionamientos más simples con los que se le puede tapar esa boca floja al desarrollador inmobiliario que busca ser Presidente de la nación más poderosa del planeta.

Aquí apuntamos cinco preguntas simples que sin duda Trump no podrá contestar. Y, si lo hace, estará en serios aprietos.

Uno.- ¿Señor Trump, puede usted garantizar que en la edificación de tantos edificios construidos por sus corporaciones no existen trabajadores inmigrantes que no solo hicieron un excelente trabajo, sino que por sus salarios le ahorraron algunos dólares? ¿Si en su momento los contrató para construir, por qué los quiere deportar ahora?

Dos.- ¿Puede usted, señor precandidato republicano, abrir los expedientes de compras de sus inmuebles para demostrar que entre los compradores de sus departamentos u oficinas sí existen decenas de inmigrantes que triunfaron en el “sueño americano” y que usted está lucrando con ellos? ¿Por qué ahora ataca a sus clientes?

Tres.- ¿Será posible verificar, señor Trump, la planta de aquellos quienes trabajan en el mantenimiento, la limpieza y la conserjería de sus corporaciones inmobiliarias para comprobar que usted no tiene inmigrantes operando a su servicio?

Cuatro.- ¿Podría verificar si alguno de los automóviles a su servicio no fueron armados e importados a Estados Unidos desde México? ¿Está seguro de que entre aquellos que le dan el servicio de mantenimiento o compostura no existen inmigrantes que le hacen la vida más fácil? ¿Por qué se ensaña contra ellos?

Cinco.- Al momento en que usted llega a un restaurante, o que lo atiende alguna masajista en algún spa, ¿se indigna cuando el servicio de tomarle la carta, servirle la comida o darle sus masajes, se lo den inmigrantes? Porque, quizás no lo sepa, pero esos empleos están cubiertos en su mayoría por latinos, primordialmente mexicanos.

Ninguna postura más propicia que la de Trump para celebrar la famosa frase: “El pez –aunque sea con peluquín– por su boca muere”.