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Apenas hace unos días me encontré en las calles un convoy del Ejército Mexicano; era una unidad de la 28 Zona Militar con base en Santa María Ixcotel, Oaxaca, con vehículos tipo Hummer, en que uno de sus elementos portaba en su casco kevlar una videocámara tipo GoPro.

Se trata de una nueva encomienda para los soldados mexicanos, pues desde hace meses las unidades militares deberán equipar a uno o más de sus elementos de esta tecnología, la cual servirá para documentar su defensa en caso de que sean acusados de violar garantías; es decir, aportarán medios de prueba fehacientes sobre la actuación de las fuerzas armadas.

Y es que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) dotó de cámaras de videograbación a todas las regiones, zonas y guarniciones militares del país, a fin de contar con evidencia grabada de sus operativos contra la delincuencia organizada y otras misiones, como el combate al narcotráfico.

Todo ello derivado de la recomendación que emitió la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) por el caso Tlatlaya, en que se acusa al Ejército de violar garantías constitucionales de las personas.

Fue en los primeros meses del año 2015, que personal militar comenzó a videograbar diversos operativos para contar con evidencia de que las fuerzas armadas respetan los derechos humanos.

Cabe recordad que desde el año pasado el Diario Oficial de la Federación publicó el “Manual de uso de la fuerza, de aplicación común para las tres fuerzas armadas”, en el que se señala:

“En todas las operaciones que se realizan, al tenerse conocimiento de la existencia de una situación en la que potencialmente se podría llegar a emplear la fuerza, deberán llevarse a cabo las acciones siguientes: identificar aquellos sitios dentro del área de operaciones que presenten el mayor grado de conflictividad derivado de altos índices delictivos y la presencia de los grupos de la delincuencia organizada’’.

También, “contar con cámara de videograbación, fotográfica o instrumentos de grabación de sonido, para estar en condiciones de aportar medios de prueba fehacientes sobre la actuación del personal de las fuerzas armadas en operaciones’’.

La forma en que los militares documentan las acciones en las que participan incluyen los llamados cascos tácticos, en los que están adaptadas cámaras que graban las imágenes directamente, sin intervención del soldado que lleva puesto el aditamento. Los cascos adaptados con equipo de grabación suman alrededor de dos mil y se repartieron en las unidades operativas, como también dos mil 245 de megáfono con auricular, dos mil 245 de GPS y dos mil 245 de linterna para casco.

El personal designado por los comandantes de cada batallón o regimiento se encarga de tomar fotografías o grabar los operativos. Como parte de estas acciones, y para contar con elementos de prueba de que no cometen actos ilícitos o violaciones a los derechos humanos, la Secretaría de la Defensa Nacional publicó un material en su revista digital “La gran Fuerza de México”, en el que explica a los fotógrafos y camarógrafos de las unidades operativas la forma en que deben tomar los videos, así como contar con el equipo necesario (lentes, baterías, computadoras) para almacenar la información, hasta ponerse de acuerdo con el comandante de la misión sobre los aspectos que quiere que se destaquen o sea toda la tecnología para este tipo de eventos.

En otro párrafo la publicación digital destaca que, “Una vez concluido el levantamiento de imágenes se deberá inspeccionar equipo, imágenes y videos; un inventario del equipo y material grabado; un informe gráfico bajo la asesoría del comandante, en el cual debe incluir pie de fotos. Hay que asegurarse de que todas las fotos e imágenes sean archivadas y las imágenes sensitivas almacenadas correctamente’’, indica la revista, la cual también explica cómo captar ‘‘diferentes planos’’.


Por lo general, las grabaciones de los operativos las mantiene la Defensa Nacional bajo resguardo y sólo las filtra a algunas televisoras para difundir detenciones o acciones de particular importancia para el alto mando (como ha sido el caso de Televisa).

Hace algunos días se dio a conocer en las redes sociales un video muy corto donde elementos de la Infantería de Marina de la Armada de México se enfrentaban con narcotraficantes en Tamaulipas.

Fue muy visto porque uno de los marinos traía puesto la cámara en su casco, lo cual ayudo para que se supiera que los elementos de la Marina habían sido agredidos. El enfrentamiento no se sabe cuánto duro y si hubo bajas.

En las fuerzas armadas estadounidenses, desde hace mucho graban sus acciones en campaña en Irak y Afganistán para analizar sus enfrentamientos y mejorar sus tácticas. Ejemplo de ello son sus Fuerzas Especiales como los Navy SEALs, los miembros de estas unidades trasmiten las imágenes que son identificadas y analizadas en las bases de datos en tiempo real. Es importante comentar que una imagen trasmitida permitió el análisis inmediato de la identidad de Bin Laden mediante un programa de reconocimiento facial. Pero sus miembros de seguridad las utilizan en sus patrullas y en sus operaciones especiales, como los SWAT, para mostrarlas a los medios de comunicación y sobre todo en los juzgados cuando hay que demostrar el tipo de uso de la fuerza que demostraron sus elementos en el operativo realizado.


El propósito es documentar “incidentes” e “interacciones” con la población civil mediante el uso “intensivo” de cámaras y que sea posible contar con evidencia de que militares respetan a los civiles.

En el caso del Ejército, el equipo se coloca en el casco kevlar de un oficial, teniente por lo general, que es el comandante de la unidad respectiva, pues no hay posibilidades de que todos los soldados lo porten.

De acuerdo con el Programa Sectorial de Defensa Nacional 2013-2018, el año pasado se mantuvo un promedio mensual de 34 mil 86 militares desplegados para diversas tareas, entre éstas operaciones contra el narcotráfico y de aplicación de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos.

Además, estuvieron disponibles 16 mil 92 efectivos para apoyar a cuerpos policiales de los diferentes estados en funciones de seguridad pública.

En la totalidad del personal que durante la impartición de las tareas de la “directiva que regula el uso legítimo de la fuerza por parte de personal militar, en cumplimiento del ejercicio de sus funciones, en apoyo de las autoridades civiles y en aplicación de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos” se emplee el “Manual de uso de la fuerza de aplicación común a las tres fuerzas armadas”.


Se les hace de su conocimiento que el Manual citado es aplicable al personal militar que desarrolla operaciones bajo una orden expresa, siempre y cuando no ponga en peligro la vida de los elementos; sin embargo, cuando el citado personal es sorprendido por integrantes de la delincuencia organizada, no es posible documentar los acontecimientos.


Por lo pronto, vamos a ver si con el uso de la tecnología, al realizar los militares cada uno de sus operativos, podrán demostrar que ellos son los agredidos y no los agresores, porque no queremos más víctimas por errores, ni mucho menos otro Tlatlaya.