Las mujeres no contamos cuando se trata de ocupar posiciones de poder y toma de decisiones al interior de los comités estatales y nacionales de los institutos políticos. Al día de hoy los espacios que las mujeres ocupan al interior de los partidos políticos se restringen a cuestiones administrativas, de secretarías de la mujer, secretarías de la juventud y… las bases.

 

 

En los partidos casi no existen representantes ante órganos electorales del sexo femenino, no hay presidentas de partidos, y la idea de ver a una mujer dirigiendo la vida electoral de un partido es aún, escabrosa para muchos.

De manera perniciosa los partidos políticos han mantenido esferas de poder que concentran hombres en la mayoría de sus espacios, mientras las mujeres se mantienen como parte de la estructura en lugares donde se obedece y no se discute.

Una de las tantas excusas ante este fenómeno es que las mujeres “no saben hacer política”, como si el llegar a acuerdos fuese una capacidad intrínsecamente masculina, como si no se pudiese aprender.

Y no es que no se pueda, es que no nos quieren enseñar, han construido un mundo con sus propias reglas y para cambiarlo es necesario que nos permitan entrar en él, aprender de él, la transformación debe venir de dentro.

Para tener más mujeres en puestos de toma de decisiones debemos permitirles acceder a los espacios sin distinción alguna. La construcción de una sociedad igualitaria pasa por la ciudadanía y sus instituciones, pasa por los líderes de los partidos y su capacidad de empoderar a las mujeres.