El esquema no es novedoso. Ya fue probado en la privatización bancaria. Ahora toca el turno a Petróleos Mexicanos (Pemex).


 

Carlos Salinas de Gortari cambió las leyes para que el sector privado pudiera adueñarse paulatinamente de la entonces banca nacionalizada. El Grupo Monterrey, encabezado por Eugenio Garza Lagüera, adquirió una parte minoritaria y luego el total de las acciones de Bancomer. Luego vino la crisis bancaria y lo vendió a su actual propietario, el español BBVA. El esquema fue aplicado a las demás instituciones, y hoy 90 por ciento del sistema está en poder de capital privado y extranjero. De acuerdo con las declaraciones del director de Pemex, José Antonio González Anaya, las refinerías –¡el corazón de la industria petrolera nacional!– se asociarán ya con capital privado. Según esto, no hay dinero. Necesita socios. Sin embargo, cuando había dinero de sobra, con el barril a 100 dólares, cancelaron la construcción de la refinería de Tula. Será cuestión de tiempo para que Pemex pase al sector privado. Eso es lo pactado, no hay que olvidarlo, con la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton. Fue el ticket de regreso del Partido Revolucionario Institucional.