Nos da igual un viernes que un lunes o que un miércoles, porque nuestros problemas siempre están presentes y nuestras evasiones también

 

 

El viernes es, sin duda alguna, el día favorito de millones y millones de habitantes de este planeta en vías de extinción llamado Tierra.

Sin embargo, en México –un planeta que pertenece al sistema solar, pero que está muy ajeno al planeta Tierra– nos da igual un viernes que un lunes o que un miércoles, porque nuestros problemas siempre están presentes y nuestras evasiones también.

Y es que, en nuestro país todo es posible. Desde que un futbolista pueda convocar a más de 60 mil personas para su despedida de las canchas, hasta que ese mismo personaje sea elegido como el presidente municipal de una de las ciudades más emblemáticas de la nación, es decir, Cuernavaca, la ciudad de la eterna primavera.

Cada fin de semana que transcurre nos acerca más a nuestra siguiente escala histórica. Y en ese sentido, es bien sabido que para un mexicano cada seis años los cielos se abren, un dios se pronuncia y tenemos un nuevo Tlatoani —un máximo gobernante—.

El problema radica en saber cómo y dónde descansan nuestros tlatoanis. Por ejemplo, un ejercicio que considero interesante es averiguar qué hará este fin de semana quien puede llegar a ser nuestro nuevo o nuestra nueva Tlatoani.

Porque los partidos políticos seguirán en lo suyo, es decir, vivir de la sangre que nos han robado tanto a usted como a mí. Y todos los demás, los que formamos parte de este planeta llamado México, estaremos repitiendo las mismas formas y lidiando con los mismos problemas.

¿Eso quiere decir que no tenemos solución? Francamente, no creo. Porque eso significa que somos, pese a ser un planeta alejado, muy humanos con muchas razones para describir lo que debemos hacer y con múltiples explicaciones para justificar por qué no lo hacemos.

Somos un país dónde ahora en la Ciudad de México, la lluvia nos permitió respirar. Qué pena que la contaminación, no precisamente de los campos de exterminio, sino de los campos de la corrupción, genere un ambiente más fétido que aquel que producía Auschwitz en la cercana Cracovia, durante la época del Holocausto.

Y por su parte, los jueces y los fiscales simplemente permanecen ausentes, pero, eso sí, sin dejar de cobrar.

Este fin de semana podemos esperar de todo, aunque la única certeza que tendremos es que el lunes seguiremos siendo un país con esperanza, pero sin justicia.

Mientras tanto, podemos empezar a considerar lo que cada uno le vamos a pedir —como si fuera Santa Claus— al nuevo Tlatoani, porque el que hoy tenemos ya se está alejando entre los montañas del olvido.