Había razón de peso para que el escritor Juan Rulfo y el legendario fotógrafo alemán Walter Reuter quedaran maravillados de los mixes y zapotecas, de su vocación y creatividad musicales, su fortaleza de espíritu contra toda adversidad, cuando estuvieron en esas comunidades en diciembre de 1954.

A un costado del templo de Santiago Zacatepec Mixe está todavía la base del campanario improvisado, con el imponente cerro de La Malinche al fondo, que captó con su cámara el autor de Pedro Páramo y Llano en llamas. Y no se diga lo que los dos hicieron y dejaron a la posteridad, invitados por la Comisión del Papaloapam.

Escuchar a más de 300 filarmónicos interpretando melodías emblemáticas de los oaxaqueños bajo una sola batuta la tarde del viernes pasado en Zacatepec, me hizo recordar los conciertos o audiciones en la década de los años 50 del siglo pasado cuando las bandas mixes de Asunción Cacalotepec, Santa María Tepantlali, San Juan Metaltepec y Zacatepec empezaban con la experiencia musical de tocar juntas, lo que ahora es común ver en la ciudad de Oaxaca de Juárez, en las fiestas o los acontecimientos especiales en los pueblos mixes y zapotecas.

La magna audición se llevó a cabo en la capital mixe con motivo de la festividad en honor del Señor Jesús de las Peñas, imagen que llegó a esta comunidad hace 128 años y que esta vez congregó a las bandas zapotecas de Otatitlán de Morelos y San Andrés Solaga, la chinanteca de San Juan Petlapa y las mixes de San Pedro y San Pablo Ayutla, Tamazulapam del Espíritu Santo y San Juan Metaltepec, la del valle de Zimatlán de Alvarez y desde luego la banda municipal de la población anfitriona.

La convivencia musical ocupó el mismo escenario donde en la mañana ofició la misa el obispo de la prelatura Mixe-Choapan, don Héctor Guerrero Córdova, auxiliado por el párroco Jorge Arias Guerrero y el presbítero Pedro Rovirosa Domínguez. En la noche sirvió de pista para el baile popular.

La música es un bálsamo que alivia los dolores físicos y emocionales de las personas. Zacatepec es una de las numerosas comunidades del estado y del país que sufrieron estragos en días pasados ante los embates de la tormenta invernal que dejó a este pueblo totalmente a obscuras, sin energía eléctrica e interrumpió también el servicio de agua entubada; muchas casas quedaron destechadas.

El presidente municipal Norberto Jacinto Ramírez con su cabildo y la comisión de festejos encabezada por René Laureano Rodríguez enfrentaron de inmediato la situación en forma coordinada y juntos, aún con la preocupación e impotencia, encaminaron la situación. Entre las 72 familias que se ofrecieron para dar de desayunar, comer y cenar a las bandas de música visitantes hubo quienes resultaron afectadas en sus casas, sin embargo, no se echaron para atrás y cumplieron con el compromiso.

La fiesta, a pesar de la tragedia, concluyó con ánimo levantado. Las ondas musicales cubrieron el cielo de Zacatepec durante cinco días y el gran concierto de bandas resultó todo un acontecimiento cultural, primero por separado en dos rondas y finalmente en conjunto. Los sones y jarabes se escucharon por doquiera haciendo bailar a la gente. Ayer fue la despedida a las bandas visitantes.

Cuando escribo estas líneas, parece que sigo escuchando la marcha Zacatecas, de Genaro Codina; los sones y jarabes mixes de Rito Marcelino Rovirosa y el vals Dios nunca muere, de Macedonio Alcalá, joyas musicales que interpretaron durante el gran concierto las niñas, niños, jóvenes y adultos con total alegría y naturalidad.

Pasado el drama, el susto, el torneo de basquetbol, las danzas, el jaripeo y el baile, seguirá la tarea de la reconstrucción. ¿Cómo habrán encontrado sus comunidades de origen los filarmónicos visitantes y acompañantes? Espero que bien.