Érika Hernández

Cd. de México.- Primero sobrevolaron la Basílica de Guadalupe, le siguió el Centro Histórico y luego Paseo de la Reforma hasta aterrizar en la Residencia Oficial de Los Pinos.

 

 

Fátima, una adolescente indígena de 17 años de edad, no dejaba de repetir en silencio “¡Es un sueño lo que me está pasando!”, mientras el Presidente Enrique Peña Nieto les daba un recorrido en su helicóptero por algunos lugares significativos de la Ciudad de México.

Al medio día, la menor cautivó al mandatario por su espíritu emprendedor, pues decidió hace tres años salir de su comunidad Opichén, en Yucatán, con el deseo de convertirse en ingeniera civil. Actualmente vive en la Casa del Niño Indígena Cecilio Chi, en Maxcanú, junto con 92 niños y adolescentes, quienes ahí estudian de lunes a viernes la educación básica y media superior. Ella cursa el semestre de bachillerato.

“Algún día poder ser Presidenta de mi Municipio, ser Gobernadora de mi Estado, y por qué no, ser Presidenta de la República”, fue la frase del discurso de Fátima que conmovió al Presidente durante la firma del convenio entre el Gobierno federal y la Fundación Patrimonio Indígena.

Le preguntó al mexiquense cómo era la Ciudad de México y Los Pinos, y minutos después, el Presidente la sorprendió invitándola a viajar en el avión presidencial para que conociera.

Pidió ser acompañada por su amiga Laigxa, también de 17 años, y la directora del albergue, Leticia Cuevas.

Durante la hora y media de trayecto de Mérida a la capital, platicaron con el mexiquense sobre sus sueños profesionales, las carencias de sus comunidades, pues los padres de ambas trabajan en el campo, con sueldos sumamente bajos. Luego llegó la comida: panuchos, queso relleno y pasteles, y antes de bajar, el Presidente les mostró su dormitorio en el avión.

Al llegar a la Residencia Oficial los recibió Angélica Rivera, y les mostraron parte de la casa, para que después ellas, acompañadas por funcionarios, concluyeran el recorrido.

“Me dio una nostalgia, incluso cuando salí de ahí le dije a la directora que tenía ganas de llorar por la emoción. Me levanté pensando en no equivocarme en mi discurso, pero jamás que llegaría a México”, dice emocionada tras la visita.

Laigxa le relató al Presidente que quería ser médico militar, pero entre la emoción, no les dio tiempo de pedirle una beca, por lo que afirma que le mandarán una carta.

Las mujeres indígenas concluyeron su día en Palacio Nacional, donde les dieron una visita guiada, y hoy cumplirán otro de sus sueños: ir a la Feria de Chapultepec, luego de visitar el Castillo y el Museo de Antropología.

“Sí me voy a divertir con mis alumnas como si fuera adolescente”, remata la directora Cuevas.