Guadalupe Loaeza

Para Alejandra Frausto.

Para Jacques Brel (1929-1978), su infancia era Bélgica, su segunda piel. El poeta y uno de los cantautores más importantes del siglo XX amaba a los belgas, especialmente a los flamencos…

 

 

Los amaba tanto que escribió una canción muy provocadora dedicada a ellas, a las flamencas, lo cual le provocó muchos problemas. En cada entrevista que daba Brel hablaba (con su fuerte acento belga) de la historia de su país y de su paisaje tan característico, todo gris. Si Jacques Brel (autor de Ne me quitte pas) se hubiera enterado de los terribles atentados ocurridos el martes por la mañana en Bruselas, se hubiera vuelto a morir. Y desde su tumba, seguramente, le hubiera escrito a esa ciudad donde vivió de niño, y que le era tan entrañable, una canción triste muy triste.

A raíz de estos actos terroristas, se han escrito muchas cosas, en la prensa extranjera, sobre Bélgica: que si era un Estado sin nación y que, ahora, es una nación sin Estado; que si no logra ser un Estado fuerte debido a las divisiones internas entre la parte norte que es flamenca y la del sur que es francófila; que si Flandes es flamenca y que sin duda lleva la delantera; que si el gobierno federal de Bélgica está formado por gobiernos de coalición entre los francófilos y los flamencos (cuya personalidad se podría comparar con la de los regios). En suma, Bélgica es un país totalmente polarizado desde la mitad del siglo XX. Por ejemplo si un turista visita Amberes y se expresa en francés, nadie le contesta. Para hacerse entender tiene que hablar en inglés. Divididos como están los belgas, hay una pregunta que los une a raíz de los actos terroristas: ¿por qué diablos cuando sucedieron los atentados en París en el mes de noviembre del año pasado y que no había sucedido nada en Bruselas, el gobierno belga puso una alerta máxima durante 4 días? En esos días la ciudad se paralizó, no había colegios y los comercios estaban cerrados. Sin embargo, ahora que el terrorismo los ha atacado, al otro día, el gobierno belga abre las escuelas, comercios y estaciones de trenes. Se diría que en esta ocasión el gobierno no hace nada, comparado con lo que hizo después de los atentados de París. Los belgas no entienden. Además muchos de ellos lamentan que no haya habido, todavía, la enorme unión nacional que hubo el año pasado en París. Se quejan de que en su país no existe una identidad nacional. Una identidad fuerte, que los haga volcarse a las calles para protestar contra el terrorismo. “Es un Estado fallido”, aseguran los más decepcionados. Seguramente son los mismos que leen la prensa extranjera muy crítica hacia el gobierno belga. Le reprochan a Bélgica la falta de comunicación a nivel de los 19 distritos como a nivel europeo, pero sobre todo, el hecho de que no comparta los servicios de inteligencia con los demás países europeos. No en balde el presidente de Turquía, el islamista Recep Tayyip Erdogan, hizo una declaración muy reveladora este miércoles: “(…) que su país devolvió a Bélgica a uno de los implicados en los atentados de Bruselas por sospechar que participaba en actividades del Estado Islámico (ISIS) y que les advirtió de su radicalización. ‘En junio de 2015, detuvimos a uno de los atacantes de Bruselas en Gaziantep (provincia del sudeste de Turquía fronteriza con Siria) y lo deportamos’, explicó en una rueda de prensa. Si bien Erdogan no ha dado detalles sobre a cuál de los, por ahora, cuatro implicados en la masacre se refiere, el Ministerio de Exteriores aseguró que se trata de Ibrahim El Bakraoui, uno de los dos terroristas suicidas que se hizo explotar en el aeropuerto de Bruselas-Zaventem” (El País). Resulta realmente extraño que Bélgica no haya considerado su relación con el terrorismo tras la deportación.

En relación con la comunidad musulmana también tienen los mismos problemas que en Francia; desde hace años, esta comunidad se siente totalmente marginada, olvidada y desairada. Es cierto que los jóvenes musulmanes nacidos en Bruselas viven con un estilo occidental, pero también es verdad que se quejan del desempleo y de la pobreza en que viven. De allí que muchos de ellos se hayan radicalizado y que se encuentren tan enojados contra el país que los vio nacer; de allí que muchos sientan con ISIS una identidad que no existe en su realidad.

De los dos kamikazes que provocaron la muerte de 31 personas y 270 heridos en el aeropuerto de Bruselas, todavía no se ha identificado a uno, y el tercero, huido, el que lleva un sombrero y anteojos redondos, es ahora el hombre más buscado de Europa. Los tres son belgas, jóvenes y… musulmanes.

Pobre Bruselas, hoy tan herida. Como le decía su enamorado, Jacques Brel. Eran los tiempos en que Bruselas cantaba/ Eran los tiempos del cine mudo/ Eran los tiempos en que Bruselas soñaba/ Eran los tiempos en que Bruselas “bruxellait” (bruseleaba).

gloaezatovar@yahoo.com