Reporte Índigo

Con bombo y platillos la Policía Federal acaba de anunciar la captura de quien presumen es el principal operador financiero de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

 

 

Se trata de Juan Manuel Álvarez Inzunza, a quien por su capacidad probada de blanqueo de dinero le apodan “El Rey Midas”.

De acuerdo a los reportes oficiales, en diez años de operaciones el presunto operador financiero de “El Chapo” habría lavado unos 4 mil millones de dólares. Entre 300 y 400 millones de dólares anuales.

Y difunden la noticia como una hazaña monumental, cuando si de verdad las autoridades fueran un poco sensatas se darían cuenta de que la captura solo debería producirles una enorme vergüenza.

O si no es así, que alguien me explique cómo un solo individuo puede valerse del sistema financiero nacional, entre bancos y casas de cambio, para blanquear un monto tan desorbitado de efectivo.

Si cualquier ciudadano común y corriente va al banco a depositar 50 mil pesos en efectivo o se presenta en una casa de cambio para comprar o vender dólares, los interrogatorios son extremos, ¿cómo le hizo Álvarez Inzunza y sus operadores para pasar inadvertidos frente a tantos controles?

Montos de depósitos, transferencias o cambios de esa magnitud, sin pasar por registros que hagan sonar las alarmas del sistema financiero, solo pueden darse de una forma: con bendiciones de muy arriba.

Y eso va no solo para el sistema financiero nacional, sino para el supuestamente ultravigilado sistema financiero internacional, en donde se consumaban muchas de esas operaciones.

Más aún, si dicen que el operador de “El Chapo”, con 34 años de edad, viene operando esto desde hace 10 años, ¿a nadie le extraña que un joven de 24 años trafique con millones de dólares en billetes verdes como si fueran bultos de sal?

El colmo es que si desde entonces al operador financiero del narcotraficante más buscado del mundo se le conoce con el apodo de “El Rey Midas”, ¿ninguna autoridad se preguntó el por qué se ganó ese mote?

¿O sería que el apodo de “Rey Midas” obedecía a que a todos los que tocaba con su saludo los llenaba de oro?

Porque carita de financiero, así que digamos, no la tiene. Más bien se trata de un moderno “Cochiloco”, como el de la película El Infierno, a quien de buenas a primeras se le notaría hasta cuando estrenara una camisa.

¿Era tan cauteloso el interfecto como para que nadie notara cuando ese “Rey Midas” exhibía sus excesos, repartiera dinero para su protección o acudiera con sus millones a operar en bancos y casas de cambio?

Lo único que exhibe la captura de Álvarez Inzunza es la pobreza con la que operan en México los sistemas de inteligencia financieros.

Diez años sin detectar a alguien que mueve hasta 400 millones de dólares al año solo se explica desde la más supina incompetencia o desde la más nefasta complicidad.