El País

BBVA-Bancomer, Banco Santander y Banco Sabadell. Tres grandes de origen español con presencia en México. Sus directores generales, que juntos representan casi el 50% de los resultados netos de la banca mexicana, analizaron la marcha del país y de su crédito. Fueron, como era de esperar, optimistas. Pero también señalaron alguna de sus carencias básicas. Estas fueron las principales conclusiones del acto organizado por la Cámara Española de Comercio y moderado por el consejero económico de la Embajada, Jorge Mariné Brandi.

 

 

Futuro. Desde el inicio de los tiempos, el negocio de la banca se basa en la confianza. Un porvenir tranquilo vale más que uno agitado. Por ello, posiblemente, ninguno de los directivos tiró piedras al tejado. Frente a las turbulencias globales, a la desaceleración europea y asiática, y a los episodios recesivos de Latinoamérica, los tres representantes bancarios pronosticaron tiempos tranquilos para América del Norte. La unidad mercantil formada por Estados Unidos, Canadá y México se mantendrá a flote, con crecimientos holgados y un navegación suave. ¿Idílico? Quizá, pero sin demasiadas euforias.

El director general del Banco Santander en México, Héctor Grisi, recordó la existencia de “dos Méxicos”. Ese eje que, como una cicatriz, divide desde hace décadas al país. En la zona norte y centro, sobre todo El Bajío, anida la prosperidad industrial y manufacturera, con crecimientos del 5% al 7%. Al sureste y en el área del Golfo de México, una economía deprimida y alejada de los centros de propulsión. “Hay claroscuros, pero al final el saldo es positivo. El consumo y las exportaciones van bien y el crecimiento anual estará en torno al 2,5%”, señaló el directivo del Santander.

Crédito. La actividad clave de la banca. Y también el motor de cualquier economía. Un mecanismo delicado que igual puede hundir a un país que llevarlo al cielo. México lo sabe bien. La crisis de 1994 y sus siete años negros le hicieron tocar fondo. La reconstrucción bancaria ha sido lenta, pero mira al futuro con optimismo.

“México vive ahora el periodo más largo de expansión del crédito. Ya alcanza el 31% del PIB. No llega a los niveles de Brasil (47%) o Chile (83%) , pero avanza”, señaló Grisi.

En este camino, la posibilidades de crecimiento son enormes. “Hay mucho espacio para bancarizar. El PIB de México es igual al de España, pero el sector bancario supone la mitad”, explicó el director general del Sabadell en México, Francesc Noguera. En esta escalada el gran obstáculo radica en un elemento volátil y que hasta ahora se ha mostrado resistente a todas las medidas gubernamentales. “En México no hay un problema de oferta de crédito, sino de demanda. Y eso se debe a que aún hay demasiadas empresas en la informalidad”, indicó el director general BBVA-Bancomer, Eduardo Osuna.

Informalidad. El 60% de la población ocupada aún permanece en el lado oscuro del sistema. Una lacra que apenas tiene parangón en los países de la OCDE y que marca el verdadero límite al negocio crediticio. “La banca presta en la medida en que haya una demanda sana. No hay que obsesionarse por crecer, sino por hacerlo bien. Si la banca no es prudente ni ortodoxa se vuelve peligrosa”, sentenció Osuna.

España. La matriz y el origen. Pero también la distancia. Los representantes de Bancomer y Santander dejaron clara su autonomía. “Somos 100% de aquí, dependemos de la economía mexicana y ello nos ha permitido blindarnos frente a la crisis europea”, afirmó Osuna. “Las fuertes exportaciones a Estados Unidos permiten a México disfrutar de una situación cómoda en este entorno inestable”, detalló Grisi. En esta línea, ninguno de los directivos puso en duda las reformas de Enrique Peña Nieto y sólo el representante del Santander hizo alusión a la necesidad de mejora del “Estado de derecho”. Por historia, por naturaleza o por trabajo, los banqueros son optimistas.