la Jornada.

El empresario Bill Gates, interesado en apoyar el trabajo de nacionales, indica el director del IMSS, Mikel Arriola. Facultó la OMS a México para certificar las inmunizaciones. El problema en el Instituto, de organización. Las quejas no son necesariamente por atención médica.

Ciudad de México. La mayor parte de los tuits en la cuenta de Mikel Arriola son respuestas a derechohabientes del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) que se quejan de los deficientes servicios de salud. Dado a las respuestas repletas de números, Arriola explica: “Si tenemos 500 mil consultas diarias, con que se queje el uno por ciento…”

Arriola tiene el diagnóstico y la solución. Dice que una vez resuelto el problema del déficit del Instituto, el problema esencial del IMSS es de carácter “organizativo”. Así diagnostica, por ejemplo, el problema de los pacientes no atendidos por la saturación del servicio: “Es un tema de tiempos y movimientos, de procesos y carriles”.

Operaciones en sábados y domingos a cargo de residentes (“operar puro trauma, casi casi en líneas de producción), reducción de 24 a 8 horas en el tiempo para liberar la cama que deja un paciente, expedientes electrónicos, una significativa reducción de los trámites presenciales y acuerdos con el Sindicato Nacional del IMSS, figuran en un paquete de soluciones que Arriola heredó del anterior director, José Antonio González Anaya, quien hace apenas cinco meses presumía frente al presidente de la República: “Con orgullo colectivo le informo que la viabilidad financiera del Instituto está garantizada durante su Administración”.

González Anaya se refería a la reducción en el uso de las reservas del pasivo laboral, que pasó de 25 mil millones de pesos usados en 2012 a 8 mil 500 pesos el pasado año. Una reducción que suena menor si se considera que el presupuesto anual del IMSS ronda los 500 mil millones de pesos, pero que Arriola considera el camino para llegar al “déficit cero” y para hacer innecesaria la inversión privada en infraestructura.

Aunque en los corrillos políticos se le considera parte del equipo del ahora titular de la Sedesol, José Antonio Meade, Arriola ya tenía experiencia en el sector. De 2001 a febrero pasado fue titular de la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), donde al tiempo que rechazaba la legalización de la mariguana hasta antes de la resolución de la Suprema Corte, encabezó el esfuerzo institucional para que México obtuviera de la Organización Mundial de la Salud la facultad de certificar vacunas y abriera la puerta a un modelo que reduce significativamente los plazos para autorizar medicamentos genéricos.

Arriola sostiene que, gracias a esos avances, el costo de muchos medicamentos se ha reducido de manera muy importante: “Representa ahorros netos, de entre 50 y 70 por ciento en medicinas nuevas”.

Al frente del IMSS desde febrero pasado, Arriola es consciente del enorme número de quejas de los derechohabientes por deficiencias en el servicio, pero las atribuye básicamente al enorme volumen de consultas y a la complejidad de los procesos médicos.

“Calidad y calidez”, ordenó hace poco el presidente Enrique Peña a los funcionarios del sector salud. Habla Arriola: “No se pueden incrementar la calidad y la calidez con una crisis financiera. Eso ya lo tenemos controlado, lo vamos a seguir controlando y vamos a seguir acercándonos al déficit cero. Hay que asumir que atendemos 70 millones de derechohabientes, que el empleo está creciendo al doble que la economía, que nos está presionando el servicio”.

Para su director, el problema mayor del IMSS es “organizativo”, “de tiempos y movimientos, de procesos y carriles”.

Por ello ha convenido con el sindicato la práctica de cirugía los fines de semana, porque afirma que 7 de cada diez cirugías son “de trauma o alumbramientos”: “Eso es lo que vamos a destapar: vamos a operar puro trauma los fines de semana, casi casi en líneas de producción”.

En el Transpacífico, México tuvo una postura “irreductible”

-En materia de medicamentos, ¿cómo nos va a ir con el Acuerdo Transpacífico, si algún día lo llegan a aprobar?

-Pues sí, hoy la principal duda es quién lo va a mandar al Senado, si Obama o el nuevo presidente. Pero asumiendo que el acuerdo pase por los distintos órganos legislativos de cada país, México gana por todos lados, porque el paquete que se negoció, en términos de sacrificio, México ya lo había hecho. En protección de la propiedad intelectual para farmacoquímicos, nosotros ya teníamos Data Protection de cinco años. Este es un mecanismo adicional con el que se cubre el de la patente en caso de que la agencia sanitaria dé el registro tarde, es un seguro frente a la ineficacia administrativa.

“La patente dura 20 años, pero empieza a correr a partir de que se solicita. Pero en medicinas, la comercialización la autoriza la agencia regulatoria, en nuestro caso la Cofepris. Y en una medicina nueva, si son tres etapas de análisis clínicos, en el promedio, están aprobando el registro para comercialización en el año 13 o 14. Bueno, años netos de protección se tienen seis o siete, en la medicina química. Por eso los americanos siempre han pedido un plazo adicional a la patente, que es la protección de datos, que es una prohibición a emitir un registro de un genérico, cinco años después de la emisión del innovador. ¿Por qué? Porque si lo emites en el año 16, con la protección de datos súmale cinco, te vas hasta el 21. Eso pasa mucho.

“Con el acuerdo de reconocimiento no tenemos ese problema, porque nosotros lo aprobamos 60 días después. Entonces, no nos aplica el Data Protection, que se acaba antes de que se acabe la patente”.

-Ese es el mecanismo que ha sido más criticado, se dice que protege las enormes ganancias de las farmacéuticas.

-Si los ves desde el punto de vista del consumidor, las agencias de entrada no deberían tardarse. Si hay una medicina innovadora, como está evidenciado en nuestro caso, la empresa la va a vender a precios mexicanos, no a precios de EU o Europa.

“Ahí es donde México dio un paso adelante. A nosotros no nos come ningún año adicional la protección de datos, no nos come. Distinto de la posición en torno a alargar la patente”.

Los medicamentos biotecnológicos, dice Arriola, se cocinan aparte. Para empezar, porque la inversión es mucho mayor puesto que desarrollarlos puede costar diez veces más. “Estamos en la era de que ya no son procesos químicos, sino biológicos: a partir de células vivas estás curando. Se trata de moléculas con gran capacidad curativa. La primera fue la insulina y así hasta llegar al último medicamento que aprobamos en Cofepris, antes de que yo me viniera para acá: la cura para la Hepatitis C, cuyo tratamiento costaba, cuando se comercializó por primera vez, entre 700 y 900 mil dólares. Hoy México lo podría comprar en 100 mil pesos. Son buenas noticias para el sector salud, porque un enfermo de Hepatitis C es recurrente en hospitalizaciones con medicinas paliativas, es muy caro”.

En las negociaciones del ATP, Estados Unidos mantuvo la postura de que el mecanismo de protección de datos llegara a los 30 años. “Fue un elemento que México jamás aceptó. Con el bloque latinoamericano, México buscó siempre (que no se estableciera tal plazo), como un irreductible, y lo logró en la última reunión de negociaciones en Atlanta. Las negociaciones terminaron con cinco años de protección de datos para las moléculas biotecnológicas, y México es el primer ganador porque va a probar casi en tiempo real los biotecnológicos que vienen de fuera, y los plazos para que se extinga la protección de datos, le empiezan a correr antes a México. Eso implica que las versiones biosimilares van a entrar primero al mercado mexicano. Si los otros países siguen con la política de retrasar la entrada de los innovadores, les va a durar más la protección de datos. Mientras México lo saca en el día 60, otro país lo va a sacar en el año tres y a eso hay que sumarle cinco. Ese es el gran elemento de gane de la negociación de México en el TPP, sobre todo basado en una política de ampliar el acceso del paciente a los medicamentos y nada más, no generar ninguna otra distorsión del mercado de medicamentos”.

Libre comercio, salud y genéricos

México demoraba hasta cinco años en aprobar medicamentos genéricos, en buena medida porque volvía a hacer las pruebas ya realizadas en los países de origen de las patentes. Ese mecanismo sólo se traducía en medicamentos más caros y en una demora inútil que afectaba a muchos pacientes. La nueva política mexicana sobre los genéricos, a decir de Arriola, cambió el panorama.

-¿En términos estrictos, se trata de dar por bueno lo que ya hicieron la FDA (Agencia de Drogas y Alimentos de EU) o su equivalente europeo, la EMA?

-Para beneficiar al consumidor, y si no hay riesgo sanitario. Firmamos un convenio en 2012, para poder traer en 60 días hábiles medicinas nuevas de EU y Europa, tirando un modelo antiguo que se tardaba cinco años. En esos cinco años, el costo de la medicina innovadora para el mexicano era casi 100 por ciento más.

Hoy, dice Arriola, “en el peor de los casos, la medicina es 50 por ciento más barata en nuestro mercado”.

Por otro lado, sigue el director del IMSS, “generamos un mecanismo para que México fuese primer lugar de comercialización de un producto nuevo extranjero, asumiendo una condición: que los estudios clínicos tuvieran un componente de 10 por ciento de población mexicana en los protocolos”.

De ese modo se ha conseguido, por ejemplo, que existan en el mercado mexicano cuatro nuevos medicamentos que entraron aquí como primer país de comercialización. Y más: “La Cofepris fue la primera agencia del mundo en aprobar la vacuna del dengue (en diciembre pasado). Esa política es un poco contracíclica al establishment de las agencias mundiales donde se asume que tiene que pasar el mismo tiempo que pasó en el exterior para que se apruebe en el mercado nuevo con una idea subyacente: hacer política industrial. Pero no se puede hacer política industrial desde una agencia sanitaria. En la agencia tienes que pensar en la gente, en el consumidor, no se puede simplemente proteger un mercado local con cargo a castigar la innovación, retrasar su entrada y seguir con precios caros. Ese es el modelo que se aplicó en Cofepris”.

Fue, dice su promotor, un salto exponencial, porque en 2010 se aprobaron tres medicinas “nuevas” (porque ya tenían cinco años en el mercado), en tanto que de 2011 a la fecha se han aprobado 200 medicinas nuevas, “verdaderamente nuevas, es decir, que tenían tres o cuatro meses en los mercados de origen. Esa es la verdadera importancia del papel que tiene que jugar una agencia, y de ahí se deriva una idea muy práctica: en vez de poner barreras de entrada vamos a compartir capacidades.

El director del IMSS pone como ejemplo a El Salvador, que en lugar de gastar 150 millones de dólares en un laboratorio para revisar sus vacunas “puede confiar en México e inmediatamente puede asumir que las vacunas tienen calidad”.

-Además de Brasil y México, ¿qué otro país latinoamericano puede certificar?

-La certificación de OMS para vacunas es para Brasil, México y Cuba.

-Brasil lo consiguió muchos años atrás.

-Sí, Brasil entró al iniciar la década del 2000, precisamente por una política de manufactura local de vacunas. Otra vez, una política industrial. Nosotros estamos entrando ya a ese escenario, vamos a empezar a manufacturar la vacuna de la influenza. Ahora somos un importador neto de vacunas, pero con la aspiración, ya con esta certificación que nos dio la OMS en 2015, de generar manufactura.

Hace unos meses, Arriola se reunión con el creador de Microsoft, Bill Gates, quien se mostró interesado en el modelo mexicano para aplicarlo en los 35 países a los que llegan recursos de su fundación. El contacto surgió, cuenta Arriola, a partir de un amigo común (“que fue subcomisionado de la FDA”).

-¿Gates lo buscó porque quería ayuda para vencer el infierno burocrático africano?

-Es correcto. Gastes asume una posición de eficientar cada dólar que dona para la salud mundial. Es decir, podría gastarse 500 millones de dólares en transplantes de corazón con lo que salvaría mil 500 vidas. Pero prefiere donar vacunas y al día de hoy es el segundo comprador de vacunas del mundo después de la OMS, y ha salvado 4 millones de vidas infantiles.

En materia de medicamentos genéricos, Arriola presume que en cuatro años fueron aprobados 500, lo que condujo a una reducción de 70 por ciento en promedio de los precios, Esta política, asegura, ha logrado dar la vuelta a la realidad de que el decil más pobre de la población fuese el que más gastaba en medicinas. “Después de la política de genéricos, el decil más pobre redujo su gasto en 60 por ciento. El decil más rico también redujo su gasto, pero ahora es el que más gasta de su egreso”.

Para acelerar la aprobación de los genéricos se decidió “agrupar los de una misma patente”, por ejemplo diez relacionados con diabetes. “El primer año de la estrategia, los ahorros fueron de 90 por ciento, de las diez patentes que liberamos. Fueron alrededor de 70 registros de genéricos y después de los cuatro años el promedio se estacionó en 70 por ciento. Pero en diabetes, cáncer, enfermedades cardiovasculares, seguimos en ahorros de 90 por ciento: 25 mil millones de ahorro público y privado”.

Esto es posible gracias a que México, dice Arriola, tiene la capacidad para definir “si un medicamento es genérico científicamente. Se tiene que hacer la famosa prueba de equivalencia, en lo químico y en lo humano. Para sacar un genérico se tiene que hacer una especie de mini protocolo en humanos. Y tenemos alrededor de 30 laboratorios terceros autorizados que hacen esta prueba. En Latinoamérica, el segundo que más tiene sólo cuenta con dos (Brasil)”.

Los países con menos recursos no tienen la capacidad para hacer las pruebas mencionadas, por lo que se ven orillados a comprar las medicinas de patente, que son más caras. Ahora tienen la alternativa de “comprarle a México su paquete de casi 500 medicamentos”.

En distintos grados, México colabora en la materia con El Salvador, Panamá, , Ecuador, Perú, Chile, Colombia y varios países de El Caribe. Ello ha llevado a un aumento de 40 por ciento de las exportaciones mexicanas en los últimos tres años.

La salud y las líneas de producción

-Hace tres años, el flamante secretario general del IMSS, Juan Carlos Velasco, hablaba de un IMSS en ruinas, de una tolerancia “elástica” al no pago de cuotas. ¿Ha cambiado algo?

-Muchas cosas. Primero, en 2013 el IMSS estaba en quiebra técnica. El IMSS vive de sus propios ingresos, de las cuotas, y tiene una cantidad limitada por el presupuesto de egresos, de uso de reservas frescas. Para cuidar las finanzas públicas, el propio presupuesto le limita al IMSS el endeudamiento respecto de su reserva.

“En 2013 el IMSS se gastó todas sus reservas, eso implica que en ausencia de una reforma financiera interna, hubiera tenido que ir a pedir un rescate a las finanzas públicas. A partir de ahí se genera una muy buena historia. Se reducen de manera significativa las obesidades y las ineficiencias en el gasto, de tal manera que el IMSS se gastó 25 mil millones de pesos de sus reservas en 2012 y en 2015 se gastó 8 mil 500, 60 por ciento menos.

“El IMSS tiene ingresos por cuotas obrero patronales y los egresos son por la operación. Pero tenemos dos fuentes de egreso que nos crecen a ritmos acelerados: el famoso RJP (Régimen de Jubilaciones y Pensiones), que es el pasivo que se generó desde el nacimiento del IMSS hasta la reforma de las Afores. No estábamos ante un esquema solidario, sino que el gobierno pagaba toda la pensión de los trabajadores del IMSS.

“El pasivo actuarial es una joroba. Empezó a solventarse a partir de 2007 y se va a acabar de pagar en el 2080, y crece a ritmos asimétricos al crecimiento del empleo y de la economía (de 7 a 10 por ciento anual). El año pasado pagamos 63 mil millones de pesos, este año 68 mil. En 2030 vamos a pagar 101 mil millones de pesos y en 2035 empezamos a bajar.

“El otro pasivo constante es en servicios personales, que crece como seis por ciento al año. Entonces, la única manera de encarar ese pasivo es incrementando el ingreso, e incrementando la eficacia de cada peso de gasto, a partir de un mejor diseño de subastas públicas, compras consolidadas, ahorros en pasivo pensionario inmediato, a partir de paquetes que se pueden ofrecer a médicos y enfermeras para que aplacen su edad de retiro.

“Tenemos un muy bonito programa de bono a aplazamiento de la edad de retiro y nos estamos ahorrando más o menos mil 500 millones de pesos al año, que son muy buenos. Tenemos mejores rendimientos en nuestra Afore XXI. Es decir, espacios de ahorro y de eficiencia del gasto, 60 por ciento en este último trienio.

¿Y eso no contrae el gasto?

-Al revés. Liberando uso de reservas, en los últimos dos años, y si completas, en el sexenio, el gasto total del IMSS, al revertir su déficit, va a sumar como 35 mil millones de pesos en cartera de inversión, en infraestructura. Un peso menos de déficit, casi es lineal a un peso más en cartera de inversión, y eso implica que de aquí a 2018 vamos a gastar 20 mil millones. Eso ni cuando te gastabas todas las reservas apenas hace seis años.

“Sí, en 2013 se tenía una crisis de servicio, una crisis de financiamiento, si no se aplicaba una disciplina financiera rigurosa no se iba a saltar el año sin tener que pedir un rescate a la Secretaría de Hacienda. Hoy estamos a 60 por ciento menos de ese riesgo.

Las quejas, por el enorme volumen de atención

-Basta echar una ojeada a la prensa para ver que siguen las quejas por servicios deficientes. Hace poco el presidente de la República habló de la necesidad de dar “calidad y calidez” a los servicios de salud.

-Esa es una instrucción clara. Pero no se puede incrementar la calidad y la calidez con una crisis financiera. Eso ya lo tenemos controlado, lo vamos a seguir controlando y vamos a seguir acercándonos al déficit cero. Hay que asumir que atendemos 70 millones de derechohabientes, que el empleo está creciendo al doble que la economía, que nos está presionando el servicio. Por eso tenemos tantas quejas. Si das 500 mil consultas diarias, con que se queje el uno por ciento… Nuestros volúmenes son muy grandes. Obviamente las quejas se dan, por diversos patrones de proceso y no necesariamente de atención médica.

-¿Dónde está el problema?

-Tenemos cuatro grandes áreas de oportunidad en el proceso médico. Por eso tenemos tantas quejas. Si tú das 500 mil consultas diarias, con que se queje el uno por ciento, el volumen es enorme. Lo mismo si atiendes 70 mil emergencias diarias. Nuestros volúmenes son muy grandes. Obviamente las quejas se dan, por diversos patrones de proceso y no necesariamente de atención médica.

“El proceso empieza con la consulta en el primer nivel de atención, que es cuando la gente va a la Unidad Médico Familiar. En el plano general, la gente que va sin cita no es atendida. Cuando una persona es atendida en el primer nivel y quiere que lo refieran a un especialista, ese diferimiento es, por decir lo menos, muy difícil. Cuando alguien se hospitaliza tiene que esperar por cama el doble que el mercado privado. Y cuando a alguien le asignan una cirugía, ésta se puede diferir meses. Esas cuatro cosas. Ahí fue la instrucción del Presidente: arreglen esas cuatro cosas”.

Para arreglar “esas cuatro cosas”, el director del IMSS ha presentado un decálogo a partir de esquemas que se están “piloteando” en las unidades con mayor demanda.

-¿Qué tiempo tiene un médico para atender a un paciente? ¿Cinco minutos?

-Si somos eficientes en la asignación de los pacientes, el médico no tendría por qué presionar su tiempo para atender más o menos pacientes. Si hacemos un ordenamiento previo a la consulta, el médico ni siquiera va a sentir que atendió a más pacientes ese día que en otro que los pacientes se fueron sin ser atendidos. Es un tema de tiempos y movimientos, de procesos y carriles. “Quizá la gente no acepte que no lo atienda el médico familiar que siempre lo hace, ahí es donde se da la saturación. Pero si tenemos vacíos los consultorios de otros médicos, pues hay que derivar a la gente a esos consultorios vacíos”.

Tras visitar al médico familiar, el paciente esperaba ser remitido al especialista. El problema en esta área es, sostiene Arriola, que el paciente es usado como gestor de su propia cita: “Le pedíamos cuatro sellos y que volviera cuatro días después para asignarlo al especialista. Hoy, con los elementos tecnológicos que tenemos, en los pilotos estamos sacando una cita en 30 minutos”.

Cirugías, “casi casi en líneas de producción”

El siguiente paso era, de requerirse, la asignación de una cama en un hospital. Pero lograr “liberar” la cama antes usada por otro paciente demoraba 24 horas “por rigideces del Contrato Colectivo” de trabajo. “En los pilotos nos estamos tardando menos de ocho. Lo que implica casi una cama más per cápita”.

En el último tramo del proceso médico, las cirugías, se ha optado, “con ayuda del sindicato y para darnos capacidad inmediata, por programar cirugías sábados y domingos”.

-¿Y de dónde sacan los cirujanos?

-Se nos gradúan 4 mil residentes al año. Médicos residentes de más o menos 25 años.

-¿Entonces a un paciente lo puede operar un cirujano con 30 años de experiencia o un residente?

-No es así. Otra vez, tiempos y movimientos. El mayor volumen de la cirugía en el IMSS no es de especialidades. El 70 por ciento es trauma, de primer nivel de atención, o son alumbramientos, y eso te difiere especialidades. Eso es lo que vamos a destapar: vamos a operar puro trauma los fines de semana, casi casi en líneas de producción.

-¿Lo que me está diciendo es que el gran problema del IMSS es de organización?

-Es un problema organizativo…

-O sea, ¿no hay un problema grave de recursos ni de formación de recursos humanos?

-En lo absoluto. Es que la administración resuelva los problemas de flujo a los doctores, y con ello, la administración ha tenido, en los últimos años, una gran ayuda del sindicato en asumir que tenemos que operar los fines de semana, que tenemos que limpiar rápido las camas, que los médicos de primer nivel tiene que hacer un esfuerzo para llenar su máximo de consultas al día, en eso es en lo que estamos haciendo el esfuerzo.

“Tenemos los especialistas más connotados del país en nuestras 25 unidades de alta especialidad, con la misma calidad en Ciudad Obregón que en el Siglo XXI, y ahí también necesitamos construir más. Por eso vamos a construir las 40 unidades de Medicina Familiar, más entre cuatro y diez hospitales de segundo y tercer nivel de aquí a 2018.

-¿Con modelos de Asociación Pública-Privada?

-No necesitamos hoy de inversión en infraestructura. Aspiro a que nos gastemos todo, y gastarnos todo implica también un esfuerzo administrativo, licitar los proyectos, no es una cosa trivial.

“Este es un esfuerzo totalmente del Instituto. También vamos a abrirnos a ver qué servicios le podemos comprar al ISSSTE y al Seguro Popular, donde estemos saturados”.

-¿Entonces la universalización de la salud ya se convirtió en un asunto de coordinación entre instituciones?

-No, se convierte en un ejercicio interno para definir cuánto nos cuesta una intervención y quién es el que menos recursos gasta por una intervención. Tenemos una misma fuente de recursos que financia la salud pública: los impuestos de los mexicanos, y cinco proveedores distintos…

-Quiero decir es que el entusiasmo en torno a la universalización ha ido bajando de tono.

-Ahí le voy: no se puede aspirar a universalizar algo que no sabes cuánto cuesta, porque somos diversos proveedores. Entonces, con lo que tenemos que empezar, con reforma o sin ella, es sabiendo cuánto cuesta una intervención para que yo pueda, en Baja California, comprarle una quimioterapia al Seguro Popular, en vez de mandar un paciente a Ciudad Obregón, que me cuesta 60 mil pesos. ¿Cuánto me cuesta una operación de rodilla en Ciudad Acuña? 15 mil pesos. Te la pago, ¿para qué mando el paciente a Tijuana? De eso se tiene que tratar. Ya tenemos una buena experiencia en el IMSS de poder tasar cuánto nos cuestan las intervenciones. Y lo que podríamos hacer, casuísticamente, estado por estado, es ir intercambiando servicios y al final del mes compensar.

“Al final vamos a ver quién es más barato, quién es más caro, quién está utilizando mejor los recursos, y además vamos a poder utilizar toda la infraestructura. Ha habido muchos casos en los últimos años donde se construyen hospitales de alta especialidad en lugares donde hay otros muy cercanos. Y el problema es el recurso del costo fijo. Puedo tener el mejor hospital de alta especialidad, pero son 400 millones al año. Entonces, esos hospitales del sector salud están al 10 o 15 por ciento, no hay la capacidad monetaria para operarlos. Pues el IMSS podría convertirse en el primer comprador de esos servicios. El IMSS, a partir de su saturación en algunas zonas, puede mandar a sus derechohabientes y ayudar a equilibrar los gastos de esos hospitales. Esa es la lógica, o por lo menos así es como lo vemos y lo hemos platicado con el secretario de Salud, quien claramente es el jefe de este sector, y quien converge con esta idea de empezar con las cosas que se pueden atajar rápido.

-En un evento reciente, frente al jefe del Ejecutivbo, el presidente de Funsalud describió un sistema de salud “fragmentado y con claros síntomas de agotamiento”. ¿Compartiría algo de su análisis?

-No quiero contrapuntear porque nosotros somos un organismo social. Lo que hay que comparar es México contra México. En 2000, antes del Seguro Popular, el gasto del PIB en salud era del 3 por ciento. Si comparas en términos relativos, ¿qué país de la OCDE duplicó su gasto en 15 años? ¿Qué país pasó de gastar cero en medicamentos a gastar 20 mil millones de pesos con el Seguro Popular, más lo que gastan el IMSS y el ISSSTE? ¿Qué país de la OCDE incrementó al doble el número de camas en 15 años?

-Un país de obesos que está envejeciendo y que no ha ido en serio contra la comida chatarra.

-México ya tomó en serio el gasto en salud. Y hoy está gastando el doble de lo que gastaba hace 15 años. El IMSS, por ejemplo, concentra 60 por ciento de su gasto en cuatro enfermedades, de un segmento de población de 50 años para arriba, y todas relacionadas con sobrepeso, obesidad y diabetes.

“Les decíamos a los estudiantes (se reunió con universitarios antes de la entrevista): ustedes son la generación que le puede dar la vuelta de un IMSS curativo a un IMSS preventivo, en tres grandes apartados: revisión de talla y peso dos veces al año…

-La cancioncita es pegajosa pero da la impresión de que hacen falta más que esa campaña.

-No hay nada más que eso. Es checarse dos veces al año: es que te digan que puedes tener diabetes a los 20, no a los 45 que ya la tienes. Si seguimos con la inercia, en 2050 el seguro de enfermedades y maternidad va a valer 350 mil millones de pesos, si no empezamos a virar en lo preventivo, en un esquema de atención distinto al curativo: abrir unidades médicas preventivas, con infraestructura, con capacidad de convocatoria hacia las generaciones que no comparten esa misma epidemiología. Es una política preventiva activa, no solamente campañas de comunicación.

“Hoy enfrentamos retos como tener 12 millones de derechohabientes de la tercera edad”.

-Que ocupan 70 por ciento de las consultas.

-Y del presupuesto. El 70 por ciento de nuestro gasto está en ese segmento de población y en cuatro enfermedades. Bueno, estamos en la misma etapa de transición epidemiológica que han vivido muchos países y que han sabido resolver con políticas públicas más inteligentes.

-¿Se premia a los hospitales que ahorran?

-Los hospitales no pueden ahorrar, porque sería subejercicio. Se premia a las unidades que generan más recursos.

-Pongamos el caso de un paciente multitratado. ¿Existe el criterio de que la quimioterapia ya no resuelve nada y mejor lo mandamos a su casa?

-Ahí creo que habría que hablar en términos médicos. Si se llega a un diagnóstico con esa determinación pues así será. Pero lo que sí estamos premiando es el esfuerzo recaudatorio, de las delegaciones que realizan más actos de cobertura recaudatoria para incrementar los ingresos del IMSS, en cuotas.

-¿Y en términos de la instalación hospilataria?

-El que llegó a su meta de recaudación va a ganar el 10 por ciento del copete adicional que genere, y eso se queda en el hospital para efectos de mantenimiento directo con el criterio que tenga la autoridad del hospital. Este año tenemos históricos 500 millones de pesos que se van a utilizar para la renovación de la infraestructura en la parte digamos estética, para que puedan arreglar plafones, poner más bancas, para evitar esa famosa foto del derechohabiente durmiendo arriba de las cajas.

-Todas las cifras que da no se reflejan en la percepción sobre la calidad de la atención.

-De ahí surge la instrucción del Presidente: tenemos que mejorar la calidad y la calidez. Vivimos en un mundo de demandas crecientes y de recursos constantes o decrecientes, y la medicina es como cualquier servicio público, si se administra bien el recurso vamos a dar mejores servicios. Y para eso estamos, no estamos para decir que todo está bien.