EL PAÍS / JORGE ZEPEDA PATTERSON

La globalización explota huecos y fisuras en la ley para convertir las offshores en el mercado negro mundial

 

 

 

Aparecer en los papeles de Panamá podría no ser mayor delito que presumir de un sombrero panamá (que en realidad es originario de y se fabrica en Ecuador). Desde luego, existen razones legítimas para recurrir a una empresa offshore. Las autoridades fiscales mexicanas informaron que 620 compañías mexicanas vinculadas a estos paraísos reportan al fisco montos y utilidades. Acudir a estrategias para disminuir impuestos o reducir la visibilidad de algunos depósitos no es un delito en sí mismo. Algunos empresarios afirman que lo hacen por el clima de inseguridad en el que vivimos. El presidente ejecutivo mundial de HSBC argumentó que alguna vez acudió a una offshore para ocultar a colegas curiosos el monto de su bonificación (reportado por el Wall Street Journal).

Por desgracia, las razones para ocultar dinero la mayoría de las veces tienen propósitos menos inofensivos. Para un gobernador mexicano que desvía fondos, un ministro argentino que recibe una comisión por la concesión de una carretera, un militar colombiano enriquecido por los narcos, un empresario venezolano que acumula ingresos procedentes del mercado negro, el problema no es obtener el dinero sino esconderlo y, eventualmente, poder usarlo.