Cultura Colectiva

El fin del siglo XIX presenció el nacimiento de la cinematografía como arte. La fusión de imagen y movimiento revolucionó poderosamente las conciencias, lo que transgredió las barreras culturales impuestas por el idioma y provocó una expansión masiva que en pocos años llegó a todos los países desarrollados. Durante sus primeros años de vida, el cine (especialmente bien acogido en Estados Unidos) disfrutó de producciones experimentales, de miradas curiosas que estaban por descubrir la infinidad de posibilidades narrativas y técnicas del celuloide.

 

 

Cuando el arte se convirtió en negocio, se creó una industria alrededor de la cinematografía que, como cualquier otra, tuvo que apisonar terreno para su auge y expansión. La del cine, particularmente, atacó a aquellos que no se adecuaban a la narrativa propuesta por las grandes productoras y a partir de entonces, el contenido que era variado y no hacía apología en temas como la sexualidad explícita, las drogas, violencia explícita y temas sociales críticos, quedó restringido y a merced del Código de Producción de Películas, que censuró la libertad creativa inherente al séptimo arte con influencia de la Iglesia.

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De la mano de realizadoras como Maya Deren, que a lo largo de su carrera alejó su obra de Hollywood, mencionándolo como el peor obstáculo para la realización de la estética y el arte, tuvieron que pasar muchas voces críticas para que el cine volviera a mostrar la imagen de un hombre o una mujer con connotaciones sexuales, especialmente utilizando lencería, tema tabú que por momentos parecía aún peor que una imagen de desnudo.

Una forma íntima de expresión de toda mujer es a través del conjunto que usa debajo de la ropa. El tipo, tamaño, diseño, color y textura de la ropa interior expresa estilo y personalidad: la lencería habla por sí sola. Combinada con la actitud correcta, puede ser aún más sensual y provocativa que la desnudez. En la cinematografía actual es un recurso común para los roles feneminos posar semidesnudas frente a la cámara, sin embargo, muy pocas han sido capaces de trascender y convertir esa composición visual de piel y encaje en un ícono que significa moda, sensualidad y buen gusto. Estas escenas han pasado a la historia por mostrar a las mujeres con la lencería más memorable y han tratado de imitarlas en la actualidad.