Usando el inmenso presupuesto del congreso local, el aún dirigente estatal del PAN, Juan Iván Mendoza y su incondicional diputada Antonia Natividad Díaz, comentaban que “tenemos todo amarrado” para seguir controlando este partido.

Su plan, antes de la decisión del Tribunal Electoral de anular a Juan Iván como candidatos a diputado, era que esta dama fuera la nueva dirigente panista. Así actuaban. Hasta olvidaron ideales que pudieron haber tenido al ingresar a la política.

 

 

Estuvieron “a un pelito” de apoderarse del partido por un mayor tiempo, me dice un panista histórico. Lo malo es que lo querían para sus fines personales, no para rescatarlo. Por esta razón, un selecto grupo de militantes orgánicos discutieron el asunto y decidieron dar la voz de alerta.

 

Tomaron tres acuerdos: atajar la decisión de Antonia Natividad de ser presidenta del partido; pedir al PAN nacional que investigue sus actividades en la zona de Ejutla y Miahuatlán, y acotar su pretensión de montarse, junto con Juan Iván, sobre los principios doctrinarios de lo que queda del PAN en Oaxaca. Y lo lograron. El dictamen del TEE no fue gratuito. El cabildeo fue intenso, me dicen. En este momento insisten en que su partido reconsidere la candidatura del hermano de doña Antonia Natividad, a la presidencia municipal de Ejutla, en tanto no pongan en claro el origen de su fortuna. Dice el grupo de panistas históricos que esto es “por el bien del partido”.

 

Por su indoctrinamiento partidista, a estos dos panistas les ganó la ambición y antepusieron sus intereses personales. En este espacio he relatado maniobras de Juan Iván para inducir hacia su proyecto a los consejeros y miembros de la directiva estatal. Así lo hizo con Miguel Morán al premiarlo como coordinador de campaña del PAN. También aplica represalias como lo hizo con Alejandro Facio a quien quitó como representante del partido ante el IEEPCO y lo puso como secretario de gestión social sin facultad alguna. Confabulado con doña Antonia Natividad usan el presupuesto del congreso para pagar lealtades. Al directivo que no se discipline, inmediatamente lo borran de la nómina.

 

AMISTADES FALSAS

 

Uno de los activistas más temerarios del chantaje político es Flavio Sosa, alias “el demonio de Tasmania”. Aunque fue pro perredista, petista y hasta alzó el brazo a Fox antes de que ganara la presidencia de la República, se dice político “de izquierda”. Activista principal en el desastre social del 2006 fue de los grandes beneficiarios del gobierno “del cambio”. Lo hicieron diputado plurinominal (sin ir a las urnas) y como mofa para los oaxaqueños lo designaron presidente de la comisión de cultural del congreso local. Actualmente tiene gran injerencia en el manejo de las políticas de la CDDHO y de la nómina de esta dependencia.

 

¿Por qué les cuento esto? A veces es necesario decir a los políticos perversos que Oaxaca tiene memoria. Resulta que ayer, Flavio Sosa le mordió la mano y vilipendio a Gabino que fue su gran protector.

 

Al lado de los directivos del MORENA partido al que dice pertenecer el demonio de Tasmania, transformado ahora en camaleón moreno, pidió seguridad para los candidatos y denunció un supuesto atentado de Mariano Vicente Martínez, abanderado para la presidencia municipal de Salina Cruz del partido de la “honestidad valiente”. Pero lo interesante fue el nuevo discurso de Flavio. Se lanzó contra el gobernador Gabino porque “antes se decía víctima de una elección de Estado y ahora hace lo mismo para que gane Estefan”.

 

Bien dicen que en política, los amigos son de mentiras y los enemigos de verdad. Hoy que es tiempo de elecciones y ante la reaparición del maniobrero Flavio Sosa, vale la pena recordar algunos de los antecedentes de este personaje tan singular de nuestra política chapulinera.

 

El primer paso de la “transición” en Oaxaca, decía Flavio como diputado electo de la alianza PAN-PRD, es crear una “comisión de la verdad” para investigar lo ocurrido en la convulsión oaxaqueña de 2006.

 

Tan ignorante, pidió que la comisión de la verdad tomara como base la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Esto lo decía un reportero con memoria en esos años y le advirtió:

 

Cuidado, don Flavio, porque puede disparar por la culata. Si la comisión que propone es seria y se toma como base la sentencia de la Corte, Flavio Sosa y sus camaradas podrían ir a dar nuevamente con sus huesos a la cárcel.

Crearon tal comisión que se engulló 15 millones de pesos pero no fue nada seria.

En aquel artículo le recuerdan que en el desastre del 2006, el demonio de Tasmania violó las garantías individuales. Por cierto, el mote se lo ganó al calor de las inmensas piras que provocaba con sus huestes.

Recuerda ese documento que la resolución del ministro Azuela reprocha al gobernador Ulises Ruiz, por no haber actuado para proteger esas garantías, al tiempo que narra de manera detallada el ambiente de zozobra vivido cuando la APPO, comandada por Flavio, tomó la capital oaxaqueña.

No había acceso a la justicia porque miembros de la APPO incendiaron el Tribunal Superior de Justicia del estado, lo que provocó, en términos económicos, daños por 25 millones de pesos. Los miembros de la APPO, de la cual el ex diputado aliancista Flavio Sosa era vocero, tomaron las radiodifusoras y canales de televisión de la capital estatal, con lo que causaron daños por 50 millones de pesos.

El ministro Azuela lo escribió así: “la situación imperante en los medios de comunicación generaba desinformación, alarma y desazón en la ciudadanía, dados los comunicados que incitaban a la violencia y que difundían rumores sin soporte alguno, como la desaparición de personas y las caravanas de la muerte”.

Todo eso fue hecho por la fuerza. Por la fuerza los miembros de la APPO tomaron las radios y televisoras.

Por la fuerza tomaron e incendiaron el Tribunal de Justicia.

Y por la fuerza atacaron a la Secretaría de Cultura, pintando y causando daños a edificios que son patrimonio cultural de la nación.

Dañaron el derecho a la educación de un millón 14 mil 450 alumnos de educación básica y normal que asistían a clases en 11 mil 697 centros escolares durante 160 días que duró el conflicto.

A Ulises Ruiz se le acusa porque en su calidad de gobernante no pudo controlar la situación. Es decir, no pudo controlar a la APPO.

Y no la controló porque no obtuvo el respaldo del gobierno federal y se lanzó solo.

Cuando la APPO llegó al poder, de la mano del PAN y del PRD, surgieron las expectativas de cambio que ellos mismos sepultaron con la gran corrupción.

Hoy, uno de los incitadores de aquella violencia del 2006, apuesta a la corta memoria de los oaxaqueños y vuelve con su perverso discurso de la “honestidad valiente” del MORENA. A ver quién vota por ellos.