La Jornada / Alejandra Ortiz Castañares

Mapa que muestra los intereses económicos que afectan a la población oaxaqueña. Las empresas privadas reciben ayuda del gobierno mexicano para reprimir movimientos sociales (en el mapa, puños cerrados). El humo representa la corrupción. Las compañías mineras (pez) tienen parte importante en el conflicto. Los cráneos representan zonas donde se asesina gente a diario por la guerra contra el narco,según la descripción tomada del catálogo de la muestraFoto cortesía del Museo Jeu de Paume

 

 

Hoy concluye la exposición del mexicano Edgardo Aragón (Ocotlán, Oaxaca, 1985) en el Museo Jeu de Paume.

 

La muestra se inscribe en la novena edición de Satélite, con curaduría de Heidi Ballet. Es una iniciativa dedicada a artistas emergentes, organizada en colaboración con el Museo de Arte Contemporáneo de la Ciudad de Burdeos (CAPC) –dirigido por María Inés Rodríguez, quien fue curadora en jefe del Museo Universitario Arte Contemporáneo en la Ciudad de México–, donde Aragón expondrá de septiembre a noviembre.

 

El proyecto incluye la participación de Patrick Bernier & Olive Martin, Guan Xiao y Basim Magdy, quienes exhibirán de manera alternada e individual, obras alusivas a la identidad desde un punto de vista no convencional.

 

Muestrario del horror

 

Aragón presenta un solo video, hecho para la muestra, tituladoMesoamerica: The Hurricane Effect (Mesoamérica: el efecto huracán), y 10 mapas de la República Mexicana que definen, según Ballet, una especie de cartografía crítica de la relación entre Estados Unidos y México.

 

El resultado es un panorama de violencia, tema que Aragón analiza desde sus primeras obras (Efectos de familia, 2007), recopilando una especie de muestrario del horror, pues explora la desigualdad social, el narcotráfico, las desapariciones forzadas y las luchas locales por el territorio.

 

No obstante la rudeza temática, el video del artista no muestra escenas de sangre, sino los paisajes donde suceden. Esa contradicción narrativa provoca en el espectador una tensión permanente, transponiéndole con efectividad la sensación de violencia pasiva que se respira en México,metáfora de la violencia latente que nos negamos a creer que existe, pero que está presente y a punto de explotar, afirma Aragón.

 

Ese video mira con lupa el Istmo de Tehuantepec, una de las zonas más violentas del mundo, tierra de frontera regional, donde confluyen tráfico de drogas y de migrantes, con abundancia de recursos energéticos (gas y petróleo), apetecible a empresas trasnacionales: caldo primigenio de criminalidad que en lugar de generar vida la destruye.

 

La península de Cachimbo, situada en una lengua de tierra entre el llamado mar Muerto y el Pacífico, en la frontera entre Oaxaca y Chiapas, protagoniza el video. Es una población de pescadores, con apenas 300 habitantes, que padece la problemática descrita, además de ser víctima del calentamiento global: fue destruida por los huracanes Bárbara (2013) yBoris (2014).

 

Su condición inerme, su dimensión insignificante, aporta una fuerte carga simbólica en el contexto de una nación descobijada, presa de la rapiña.

 

El título del video se refiere al Proyecto Mesoamérica y sus consecuencias en el territorio. Creado en 2001 con una inversión multimillonaria, que incluye a 10 países de América e implica al territorio de la antigua Mesoamérica, financiado y gestionado por Estados Unidos para un hipotético desarrollo de infraestructura, electricidad y telecomunicaciones de una región carcomida por la corrupción que sólo ha beneficiado a las compañías extranjeras.

 

El nombre del proyecto, según el artista, es un juego macabro, porque ha exterminado las estructuras originarias de México, en una zona que fue la cuna de la civilización y que hoy se encuentra en el abandono.

 

La instalación de los parques eólicos despoja a los indígenas de sus tierras, destroza sus costumbres originarias. Esta situación ha generando enorme tensión en la zona.

 

El arte como acción reparadora

 

Cachimbo, a pesar de estar a ocho kilómetros del parque eólico, donde los vientos soplan como en pocos lugares del mundo, no tiene electricidad como sería su derecho. Edgardo Aragón, mediante el arte, cumple una acción reparadora: el protagonista lleva en coche una batería desde Ocotlán en el centro del estado –adonde va a parar la energía producida en el Istmo– hasta Cachimbo. De esta forma regresa metafóricamente la electricidad adonde fue sustraída por motivos especulativos.

 

El proyecto de las cuatro abuelas solares enviadas del otro lado del mundo –India– para ser capacitadas en la construcción de lámparas solares con el fin de electrificar la isla, entra en la retórica de este sistema esquizofrénico. Tal electricidad precaria no cubre las necesidades básicas de sus habitantes, a pesar del clamor mediático que suscitó el proyecto.

 

Edgardo es un artista joven con una trayectoria de exposiciones sobre todo colectivas, en espacios como el Museo Carrillo Gil, el Museo Universitario Arte Contemporáneo y el Museo Amparo. En el exterior ha participado en bienales y muestras en museos como el MoMA PS1, el Musee d’Art Moderne de la Ville (París) y La Fragua: Tabacalera Espacio Promoción del Arte (Madrid), entre otros.