Brando de Leonardis

 

PADERNO DUGNANO, Italia — Incluso desde la distancia, es inconfundible: su brillo, su forma cónica que se abre cual bulbo y sus asas, esas asas, tan únicas que no podrían pertenecer a ningún otro trofeo.

 

Se trata de la Orejona.

 

Y aunque este sábado la final de la Liga de Campeones entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid, en el San Siro de Milán, incluya a estrellas como Cristiano Ronaldo y Gareth Bale, la figura de mayor trayectoria en el campo de juego podría ser metálica y su origen, una bodega industrial a las afueras de la ciudad.

 

De tamaño desproporcionado y con asas que parecen sacadas de la taza de desayuno de algún monstruo, la Coupe des Clubs Champions Européens (su denominación oficial) tiene un nombre casi fantástico y una circunferencia mucho mayor que la de la mayoría de los jugadores que esperan levantarla algún día.

 

La semana pasada, Valentina Losa, directora ejecutiva de GDE Bertoni, la empresa que fabrica el trofeo, estaba reunida con un grupo de visitantes en la sala de reuniones de su fábrica. De repente, un proveedor que venía de entregar un pedido asomó la cabeza para despedirse. Cuando vio los cientos de trofeos alineados en las paredes, todos obra de Bertoni, no pudo resistirse. Entró a echar un vistazo.

Pero no le interesaban los trofeos de tenis ni las medallas olímpicas, ni siquiera la réplica del trofeo de la copa del mundo, con su balón retorcido identificable en todas partes. Lo que preguntó fue: “¿Puedo?” y avanzó hacia el trofeo, plateado, de la Liga de Campeones. Losa sonrió y el proveedor la levantó con esfuerzo reaccionando ante su brillo con una mueca.

 

“Es algo que sucede a menudo” dijo Losa cuando el hombre se fue después de haber pedido que le sacaran varias fotos con el teléfono.

 

El trofeo mide 73,5 centímetros y pesa 7,5 kilos. Es uno de los más pesados del mundo del deporte –el de la liga de fútbol de los Estados Unidos, el Lombardi, pesa menos de la mitad– y tal como el torneo, tiene una larga historia.

 

El trofeo es obra de un diseñador suizo y en 1967 sustituyó a una versión más pequeña que se usaba desde los orígenes del torneo. El año siguiente la UEFA, el organismo que dirige el fútbol europeo, decidió que cualquier club que lo ganase cinco veces o tres años consecutivos podría quedarse con el trofeo. Desde entonces lo tienen, en su versión original, el Real Madrid, el Liverpool, el Bayern Munich, el Ajax, el A.C. Milan y el Barcelona.

 

Según Losa, GDE Bertoni comenzó a fabricar el trofeo hace más de cuatro décadas. En ese entonces, su padre y su abuelo llevaban el negocio. Al principio tenían una producción muy diversificada y fabricaban desde medallas artísticas hasta esculturas, pero la fábrica comenzó a hacerse un nombre en el mundo deportivo en la década de los 60, cuando ganó el contrato para elaborar las medallas de los Juegos Olímpicos de Roma.

 

Diez años más tarde, cuando Brasil ganó el campeonato del mundo por tercera vez y reclamó posesión sobre el trofeo, la FIFA tuvo que diseñar uno nuevo. Bertoni le ganó a otras 50 empresas y fabricó un modelo que se entregó en Alemania en 1974 por primera vez.

 

“Desde entonces, el fútbol se convirtió en parte fundamental de nuestro negocio”, explicó Losa.

 

Eso es evidente durante una visita a la fábrica. Había medallas y trofeos entre cubos de productos químicos y maquinaria de soldadura. El trofeo de la Copa Confederaciones de 2017 descansaba sobre un estante esquina (“tenemos que enviárselo a la FIFA la semana que viene”, dijo Losa) mientras algunos empleados terminaban varias medallas para una copa del mundo juvenil. En una mesa, alguien revisaba varios correos electrónicos de la FIFA en los que se planteaba un diseño diferente para una medalla.

 

En esta fábrica se producen muchas otras cosas. Entre los premios que se ven en sus estanterías está el trofeo del Campeonato Juvenil de Voleibol de Asia de 1994, que se jugó en Manila y ganó China, botones de latón para las chaquetas de la federación italiana de golf y las chapas de los uniformes de los guardias de prisiones italianos.

Algunos países del Medio Oriente también son clientes habituales. Varios de los empleados de Bertoni estaban dándole los últimos toques a una serie de placas conmemorativas encargadas por el gobierno de Omán para destacar sus atracciones turísticas. Bertoni también tiene un contrato con Bahrein para fabricar sus medallas militares y la empresa recibe un flujo constante de pedidos de los países del golfo. Uno de los encargos más extraños que Losa recuerda llegó de la embajada de Qatar, que quería un trofeo nuevo para la Copa de Naciones del Golfo y quería que se pareciera a la de la copa del mundo pero más pesada y de oro blanco.

 

“El comité olímpico catarí encargó eso” explicó Losa al tiempo que señalaba un trofeo que era, en esencia un gran pájaro de metal.

 

Los encargos de la UEFA son fijos. Bertoni fabrica trofeos y medallas para diferentes torneos juveniles y femeninos, pero su proyecto estrella comienza cada otoño, cuando empiezan a trabajar en el trofeo de la próxima Liga de Campeones. La versión original del diseño, en plata, la custodia la UEFA, pero Bertoni produce una réplica en latón cada año para el equipo ganador.

 

Hay dos detalles curiosos, y muy dispendiosos, del proceso fabricación del trofeo. El jefe de producción de Bertoni, Luigi Scacchi, dijo que colocar las letras en el trofeo de manera que queden perfectamente alineadas es difícil por la curva que forma el metal. Y Guerrino Giorgi, un artesano que suele supervisar la fabricación, dijo que podía llevar más de dos semanas hacer las asas. “Es la parte más difícil”.

 

Pero no hay duda de que esas asas gigantes, que no son necesariamente su elemento más atractivo, son lo que distingue el trofeo de todos los demás.

 

 

The New York Times