Rubén Aguilar Valenzuela

En seis días se elige a 12 gobernadores, en el marco de una campaña caracterizada por los altos costos, la estrategia sucia o negativa, la proliferación de las encuestas y una muy intensa competencia. Sólo unos cuantos años atrás, ya se sabía quién iba a ganar, antes de iniciar la contienda. Eso ya no es posible y destaca un cambio evidente del país.

De acuerdo con el cotejo de las distintas encuestas publicadas, unas profesionales y serias y muchas patito, sólo es posible asegurar que la elección está claramente decidida a favor del candidato del PRI en Sinaloa e Hidalgo y del PAN, en Puebla. En los otros nueve estados, se puede decir que hay empate técnico.

 

Hay variaciones en las encuestas, pero se puede afirmar que el empate está presente en el caso de Veracruz, Oaxaca, Tlaxcala, Quintana Roo, Tamaulipas, Durango, Zacatecas, Aguascalientes y Chihuahua. En unos casos, la tendencia es a favor del candidato del PRI y en otros, del PAN, pero dentro del límite porcentual que se considera empate por el margen de error que estiman las encuestas.

 

Lo anterior, de suyo novedoso e interesante, se hace todavía más, abona al escenario de competencia, cuando se considera que en todas las encuestas, el número de los indecisos o de quien no quiere decir por quien va a votar es muy alto y se mueve en torno a 30 por ciento. Es voto escondido o realmente indefinido, el mismo día de la elección, puede cambiar cualquier resultado.

 

En el caso de Chihuahua, elección que se ha cerrado en los últimos días, el empate estaría entre el candidato del PRI y del PAN, con tendencia a favor del primero. En Aguascalientes, el empate es entre la candidata del PRI y el candidato del PAN, con tendencia a favor de la primera. En Veracruz, entre el candidato del PRI y del PAN-PRD, con tendencia a favor del primero.

 

El empate está también presente en Tlaxcala, donde compiten en igualdad de circunstancias PAN, PRD y PRI, con tendencia a favor de la candidata panista. En Zacatecas, la disputa es entre el candidato del PRI y el de Morena, con tendencia a favor del primero. En Quintana Roo, entre el candidato del PRI y del PAN-PRD, con tendencia a favor del primero.

 

En Oaxaca, el empate está entre el PRI y el PRD-PAN, con tendencia a favor del primero. En Durango, entre el PRI y el PAN-PRD con tendencia a favor del primero y en Tamaulipas, entre el PAN y el PRI, con tenencia a favor del primero. La tendencia que aquí se nota no es garantía de nada y sólo indica quien, según las encuestas publicadas, tiene una leve ventaja en el empate técnico.

 

Para romper el empate son dos los elementos decisivos: el porcentaje de la participación y la capacidad de los partidos y los candidatos, para sacar a la gente a votar el próximo domingo. Una menor participación siempre beneficia al PRI, que así potencia su voto duro. La maquinaria electoral del PRI es la más compleja y sólida, pero no invencible.

 

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El Economista