Después del reciente desfile de moda de Chanel en La Habana y el de Louis Vuitton en Río de Janeiro, esta se ha convertido en la temporada de las controversias para las colecciones de crucero.

 

Brasil es un país que lucha contra una epidemia (zika) y está pasando por una posible destitución presidencial y una gran crisis económica. Además, está bajo presión por la preparación de los próximos juegos olímpicos de verano.

 

¿De verdad es el lugar para un ostentoso espectáculo de alta moda europea, como el que Vuitton organizó el fin de semana pasado en el Museo de Arte Contemporáneo de Niterói diseñado por Oscar Niemeyer?

 

A Vuitton le pareció buena idea y se volvió la primera marca europea en llevar su pasarela al país. El espectáculo llegó con los ojos bien abiertos y sus argumentos bien preparados.

 

Brasil está entre los 10 mercados más grandes de Louis Vuitton, al mismo nivel que Francia, Alemania y Rusia. Vuitton ha tenido una presencia con tiendas físicas en el país desde 1989.

 

“Hemos estado invirtiendo en Brasil a largo plazo”, dijo Michael Burke, su director general, quien agregó que Río estaba muy lejos del lugar donde ocurrió el brote de zika. “No vamos a abandonar todo y escapar a la primera señal de crisis”.

 

Aun así, el director artístico de la marca, Nicolas Ghesquière, adimitió que habían hablado de la posibilidad de trasladar la pasarela, pero cuando las cosas están mal, dijo, es precisamente cuando quieres transmitir tu apoyo.

 

Para una marca de moda, la manera más grande y escandalosa de hacerlo es presentar un desfile que se transmita en línea, en vivo y en todo el mundo; el espectáculo emplea a miles de trabajadores locales durante dos semanas y recibe a aproximadamente 500 invitados, de los cuales 300 son clientes de cerca de 25 países, casi la mitad de ellos llevados por la empresa (el resto eran locales o llegaron en sus aviones privados).

 

Hubo celebridades como Alicia Vikander, Catherine Deneuve, Jaden Smith y Zendaya. Además del espectáculo, también disfrutaron de un viaje en helicóptero, actividades acuáticas y un recorrido de arquitectura modernista local, entre otras expediciones. Asimismo, Vuitton es el patrocinador de cuatro exhibiciones que vendrán próximamente al Niterói, así que de alguna manera los 20 minutos de pasarela tan solo fueron un abrebocas.

 

En cuanto a esos 20 minutos, fueron un río elegante e indeleble de colores brillantes y referencias deportivas (el buceo, el fútbol, la navegación), cortes diseñados para delinear el cuerpo, pliegues y piel. Hubo vestidos con frentes cortos y colas largas y ondulantes; túnicas tan delgadas como el papel encima de ajustados pantalones de motociclista; capas gráficas inspiradas en el arte contemporáneo, y pequeños vestidos color caqui, con cortes y escotes. La caja torácica y la parte superior del abdomen fueron las zonas erógenas que concentraron la atención del diseñador.

 

“Es tropical y urbano al mismo tiempo”, dijo Ghesquière por teléfono antes del desfile. “Tenía que rendir tributo al país en el que estamos, pero también traer algo de París conmigo”.

 

La tercera presentación resort de Ghesquière fue una extensión natural de pasarelas recientes que han alejado a Vuitton de la estrategia original del diseñador, que al principio se dedicó a diseñar los básicos que forman el esqueleto de un guardarropa. Ahora le apostó al mundo de la moda real: más arriesgado pero también potencialmente más deseable.

 

Especialmente en los vestidos inspirados en el surf elaborados caleidoscópicamente, aunque es difícil imaginar que haya muchas mujeres que quieran un estampado de jugadores de fútbol en sus vestidos de coctel, sin importar lo delicada y vaporosa que sea la tela (aunque podría equivocarme).

 

No estuve ahí, pero vi la transmisión desde mi computadora. Así que no sentí la aceptación de los locales a la que algunos asistentes se refirieron. Pero quizá la forma en que lo presencié me dio una perspectiva de larga distancia, literalmente.

 

Fue difícil no reaccionar con un gesto de incomodidad cuando Ghesquière señaló que el museo estaba frente a una favela, y que la gente que vivía en el barrio podría ver la pasarela desde una escalera y sus balcones. Olvidó que esas personas no estaban invitadas y no podrían comprar lo que vieran.

 

“Pero pueden soñar con eso”, dijo Burke. “Les damos ese sueño. Y un día podrán comprarlo”.

 

El escándalo no se hizo esperar. Dos días después del ostentoso desfile, asaltaron una tienda de Louis Vuitton en Ipanema. Según un portavoz de Louis Vuitton en Brasil, unos ladrones entraron a la tienda y se robaron carteras valoradas en 500.000 reales (casi 140.000 dólares). La policía militar llegó a asegurar la zona que, según el portavoz, estaba a reventar de brasileños que querían comprar artículos de la marca después del desfile.

 

El robo podría ser entendido como karma o justicia cósmica por el atrevimiento de traer un evento tan exclusivo a un país en medio de una crisis económica y de tal turbulencia política. O tal vez es el resultado de poner tantos reflectores sobre los productos de la marca, lo que probablemente le hizo pensar a los ladrones que era una gran oportunidad.

 

Y así continúa el crucero…

The New York Times