Las encuestas pronostican un empate con la inseguridad como gran tema de campaña

 

Perú vive este domingo una de las elecciones más extrañas y disputadas de su historia. Después de la eliminación de varios candidatos clave antes de la primera vuelta, la segunda se peleaba voto a voto entre la derechista Keiko Fujimori y el liberal Pedro Pablo Kuczynski (PPK) con una inesperada subida en las encuestas a última hora que colocaba a este último como favorito por un suspiro. Pero el tradicional voto fujimorista oculto hacía desconfiar a todos. Fujimori centró su campaña en la inseguridad buscando el voto de los pobres y solo una gran ola de antifujimorismo final podría frenar su llegada al poder.

 

Incluso Kuczynski, la última esperanza de los antifujimoristas peruanos, tiene claro que la inseguridad ha sido uno de los ejes de estas elecciones, y que la delincuencia y la sensación de desprotección la que está llevando a muchos pobres a votar a Keiko Fujimori. En el centro de votación del colegio Leoncio Prado, en el barrio de Pamplona alta, muy cerca de una barriada de chabolas donde Keiko arrasa, esa realidad salta a la vista. Los vecinos han cerrado sus propias calles con enormes verjas, para protegerse de los ladrones. Cada habitante de esas casas bajas, explica Maribel, que tiene un puesto de comida, tiene llaves de la valla. Los coches no pueden circular en ningún momento y por la noche se cierra por completo incluso el paso a las personas. “Como la municipalidad no nos cuida lo hacemos nosotros, es por los pandilleros”, cuenta. En Lima casi todas las casas de los barrios de clase media tienen vallas electrificadas y en todos los cafés y restaurantes hay correas bajo la mesa para enganchar el bolso y evitar robos. La inseguridad es un asunto central, sobre todo para los más pobres, que la sufren más.

 

“Vecinos unidos contra el robo. Se prohíbe el ingreso de delincuentes. Se dará captura y castigo en la ronda vecinal”, señala un cartel en otra calle del barrio cerrada por los vecinos, que da idea de esa autogestión. Es en ese ambiente donde ha crecido el fujimorismo y sus propuestas de mano dura. Sin embargo, incluso aquí, en territorio fujimorista, hay gente como Alicia que votará a PPK “porque tiene más experiencia [77 años frente a los 41 de Keiko]”, señala en el colegio después de votar. “La gente de las invasiones [barrios de chabolas que se instalan en un cerro] vota a Fujimori porque están agradecidos por la leche que les dan por la mañana y los comedores que tienen. Pero yo voy a apoyar a PPK por el bien del país”, sentencia Teodulfo.

 

El fujimorismo es muy sólido, ha hecho un trabajo de cinco años con fondos inagotables, mucho esfuerzo y una estrategia clara: prometer tranquilidad y mano dura. Pero también el antifujimorismo, que hizo perder a Keiko en 2011, es fuerte en Perú y se está movilizando a última hora. Las encuestas han detectado un giro completo en los últimos días y si hace una semana daban a Keiko como gran favorita ahora hablan de empate técnico con Kuczynski ligeramente en cabeza. Pero nadie se fía porque siempre hay voto oculto fujimorista.

 

En el colegio electoral en la universidad privada Ricardo Palma, en un barrio limeño de clase media, los dos jóvenes que están a la puerta realizando los sondeos a pie de urna para dos encuestadoras diferentes señalan que “está muy parejo”. Lima es clave porque en esta megaurbe reside un tercio de los casi 23 millones de peruanos llamados a votar. Y es donde está más fuerte PPK, que ha recibido un apoyo inestimable de la líder de la izquierda, Verónika Mendoza, y gracias a ella está logrando entrar en los barrios pobres de Lima y en el sur del país, donde por sí mismo no tendría ninguna fuerza. “Desde el lunes haremos una oposición vigilante”, señalaba Mendoza después de votar en Cusco, su tierra. Ella ha dejado claro que apoya al liberal PPK solo para evitar que gane Keiko, pero luego será su opositora.

 

Ese es otro de los grandes problemas. Si PPK da la sorpresa y se alza con el triunfo en esta segunda vuelta, se encontrará con un Congreso controlado por los Fujimori. Algunos analistas creen que muchos parlamentarios fujimoristas se aliarían con PPK y además auguran que si Keiko pierde por segunda vez se abrirá una guerra familiar con su hermano Kenji, que aspira a sucederla, y que solo el padre encarcelado podría dirimir. En cualquier caso el de PPK sería un Gobierno con dificultades parlamentarias.

 

La guerra de fondo es total pero Perú es un país donde las formas siempre se respetan y todos trasladan una enorme tranquilidad y respeto. Los candidatos mantuvieron un ritual especial en un país que tiene una de las cocinas más famosas del planeta: el copioso desayuno electoral frente a las cámaras. En ambiente festivo, los candidatos abren sus casas o algún local partidario para desayunar ante los objetivos con coberturas en directo de todas las cadenas.

 

Kuczynski desayunó con su esposa, Nancy Lange –prima de la actriz Jessica Lange- en La Victoria, una barriada popular. “Que hoy ganen la democracia, la unidad y el diálogo, Voten con alegría”, pidió a sus seguidores. Keiko Fujimori desayunó ante las cámaras con sus hijas y su marido, Mark Vilanella, además de su hermano Kenji y su madre, Susana Higuchi, que en los 90 se divorció de su padre y denunció la corrupción fujimorista. Esta vez las parejas de los dos candidatos son ciudadanos de EEUU. “Es un día de fiesta, llego contenta, con ilusión”, señaló Fujimori antes de votar. Solo el recuento determinará para quién es la fiesta esta vez.

El País