Perdió las piernas en un accidente con 18 años, cuando quedó atrapado en un glaciar; en su laboratorio del Instituto Tecnológico de Massachusetts perfecciona los sistemas robóticos de prótesis

 

Cyborg: dícese de aquel ser formado por materia viva y dispositivos electrónicos. Este concepto, hasta hace bien poco tildado de futurista y alimentado por el cine, el cómic y la literatura, se hizo posible en la figura de Hugh Herr (Lancaster, Estados Unidos, 1964). Director del Biomechatronic Group en el Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), con 18 años sufrió la amputación de ambas piernas cuando quedaron congeladas después de ser sorprendido por una ventisca y quedar atrapado tres noches en un glaciar del Monte Washington. Desde entonces, este líder mundial en el campo de la biónica consagró su vida a mejorar la de millones de personas con discapacidad. Sin ir más lejos, la de él mismo: diseñó las prótesis que luce al día de hoy y que le convirtieron en la primera persona con una amputación mayor capaz de desempeñar un deporte de élite, en este caso la escalada. Y desde el MIT, perfecciona los sistemas robóticos capaces de mejorar las condiciones físicas humanas. Por ello, el jurado del Premio Princesa de Asturias le ha concedido el galardón de Investigación Científica y Técnica.

 

En una carrera marcada por la superación, ¿qué significa para usted el Princesa de Asturias? Estoy profundamente emocionado. Desde que sufrí el accidente y la posterior amputación en 1982, el trabajo de mi vida ha sido avanzar en la ciencia básica y en la tecnología para permitir una reparación biónica en los humanos. Mi esperanza es que este reconocimiento arroje luz en la misión de acabar con la discapacidad en el siglo XXI, a través de nuevos avances en biónica.

 

Entonces, ¿contempla esa posibilidad en un futuro? Concibo un mundo en el que esta tecnología llegue a ser tan sofisticada que logre erradicar estas barreras en todo el mundo. Y, verdaderamente, creo que es posible que, en este siglo, logremos vivir en un mundo sin discapacidad.

 

¿Ha pensado cómo habría enfocado su carrera de no haber sufrido aquel accidente? Sí… ¡mi vida habría sido diferente si no me hubieran amputado las piernas! Antes de aquel accidente en la montaña, mi objetivo era convertirme en el mejor escalador del mundo. Después de perder mis piernas biólogicas, me dediqué a potenciar la tecnología biónica para reducir el sufrimiento humano.

 

¿Pueden las piernas biónicas ser mejores incluso que las biológicas? Normalmente, hoy en día, los miembros biomecánicos no son mejores que sus equivalentes biológicos. Sin embargo, a medida que la tecnología biónica mejora, y emule en mayor medida las funciones biológicas, quizá logre sobrepasar las capacidades humanas.

 

Precisamente, y con esa posibilidad que menciona ya encima de la mesa, ¿cree que los seres humanos y las máquinas están condenados a integrarse? ¿Acabaremos siendo humanos 2.0? Cuanto más nos acercamos al futuro, la brecha existente entre el mundo que nosotros mismos diseñamos y construimos y nuestros cuerpos biólogicos irá desapareciendo de forma progresiva. La biónica concibe un mundo en el cual las fronteras entre lo que es y no biológico, lo que es y no humano, y lo que corresponde o no a la naturaleza serán siempre confusas e imprecisas.

 

El campo de los exoesqueletos está conociendo un desarrollo sin precedentes. ¿El futuro de las personas tetrapléjicas depende de ellos? En los próximos años veremos que los exoesqueletos desaparecerán dentro de nuestros cuerpos: en realidad, los implantes neuronales serán utilizados para controlar los miembros debilitados o paralizados.

 

Oscar Pistorius era el ícono de hombre biónico, pero tras su acusación ha dejado de ser un ejemplo. ¿Sería usted ahora ese ‘embajador’? Mi objetivo es sólo arrojar luz en la misión de acabar con la discapacidad a través de las innovaciones tecnológicas.

La Razón