Las dos buenas noticias de la jornada electoral. Primero, la sociedad civil conoció el gran poder de su voto, por más dinero y despensas que ofrecieron los partidos, de todos los colores, decidieron darle al más joven de los candidatos el beneficio de la duda y votaron mayoritariamente por Alejandro Murat Hinojosa, del PRI que, hasta anoche, sumaba cerca de 500 mil votos. Segundo, el abstencionismo fue abatido; el 60 por ciento de la lista de 2 millones 562 mil electores acudió a las urnas.

La nota mala la dieron los votantes que anularon casi 54 mil votos que significan poco más del 3.5 por ciento del total de asistentes a las urnas.

 

 

Esto significa que Oaxaca ya aprendió a usar el arma del sufragio. El castigo a los gobernantes corruptos e ineficientes lo inflige a través de las urnas. Aunque la credibilidad de los partidos políticos ha tocado fondo, el votante cumplió con su deber de sufragar con la seguridad de que, contra todas las lacras en nuestra partidocracia, las urnas son el método admitido para poner y quitar a nuestros gobernantes. El domingo pasado lo hicieron con determinación.

 

SE IMPUSO LA RAZÓN

 

Finalmente, se impuso la cordura. La guerra sucia y el amago de la violencia desde los grupos radicales del cartel 22 usados por AMLO y otros partidos políticos, no contaminaron la jornada electoral. Algunos amagos en media docena de comunidades donde atacaron las casillas, no tuvieron sin mayor consecuencia.

 

Lo más álgido en el desarrollo de las campañas fue la guerra sucia a través de la filtración de grabaciones con acusaciones entre los candidatos de alta competitividad. El domingo de elección las aguas volvieron a su cauce y ganó el candidato priista que fue el menos susceptible a tantos señalamientos.

 

LA SORPRESA

 

La sorpresa fue el despunte del partido de AMLO. El MORENA, hasta el último recuento de ayer, se adjudicaba poco más de 345 mil votos para su candidato a gobernador Salomón Jara. Además, se apuntaba para tres diputaciones de mayoría y unas cinco presidencias municipales. Hasta el último conteo, se adjudicaba el triunfo en los distritos 3 de Loma Bonita y los dos del centro, el 12 y el 13. Aunque en el distrito de Santa Lucía podrían revertir la tendencia a favor del PRI, resulta paradójico que el negocio, digo partido de AMLO, pudiera tener la “representación popular” de la zona urbana de la capital y sus alrededores.

 

Digo que resulta contradictorio porque los diputados del MORENA serán en el poder legislativo, los ojos y oídos de los habitantes de las jurisdicciones que más resienten el “accionar” de los “maistros” del cartel 22 con su violencia, marchas y plantones. Con dos diputados “morenistas” que pelearían por sus intereses, seguramente se sentirán intocables y arreciarán los abusos ante el fuero que le compartirán sus legisladores. Bueno, pero en este caso los que no votaron nada tienen que alegar.

 

Apuntar que ganaron es un decir. Al igual que el resto de los 25 diputados de mayoría, aventajaron en las urnas pero ante el escaso número de votantes no tienen legitimidad. Por ejemplo, el del distrito 3 de Loma Bonita, la diferencia entre el PRI es apenas de mil votos; en el de Santa Lucía, MORENA obtuvo 23 mil votos contra 21,500 del PRI. Es la misma situación en el distrito con cabecera en esta capital donde el partido del tabasqueño logró 26 mil 500 sufragios contra 23,500 del PRI.

 

También no deja de sorprender el repunte del PRI en el número de curules. Hasta ayer sumaba 15 por mayoría y su cuerpo jurídico revisaba el distrito de Santa Lucía que podría adjudicarse en un recuento de votos. Calculan entre 16 y 17 el número de diputaciones por voto mayoritario más unos cinco que pudiera alcanzar por la vía plurinominal.

 

Superado el balance del triunfo de Alejandro Murat Hinojosa, el cuerpo jurídico del PRI enfoca sus esfuerzos en la revisión de los resultados en algunos distritos locales electorales y municipios donde un recuento de votos podría favorecer al PRI.

 

Tampoco deja de sorprender el desprecio de la ciudadanía hacia los partiditos morralla que, ahora se confirma, no dan votos pero como chupan subsidios.

 

Está como ejemplo el PVEM que tuvo una caída estrepitosa con apenas 26 mil votos, de acuerdo al último reporte del IEEPCO. El PUP que en esta ocasión pintó su raya ante AMLO, apenas obtuvo 40 mil sufragios. Qué decir del PANAL y del PSD; el primero solo logró 24 mil y el segundo 23 mil votos.

 

No deja de sorprender también el papel que jugó el aventurero chilango traído de Michoacán, Benjamín Robles Montoya quien se alzó con 161 mil votos, cuestión que le permitirá tener unos dos diputados plurinominales. El que anda compungido es su suplente Benjamín Hernández porque el chilango ya amenaza con regresar a su beca de 6 años en el Senado.

 

EL SALTO DEL CHAPULÍN

 

Luego del ridículo al cuadrado de doña titis Rodríguez que primero le alzó la mano a Benjamín Robles y luego hizo lo mismo con Estefan Garfías, el más vilipendiado con el resultado de estas elecciones, resulta su mecenas el ex gobernador Ulises Ruiz Ortiz.

 

Con su traición al PRI al cabildear con Diódoro Carrasco para tratar de hacer ganar a Pepe Toño, y su triste papel en Quintana Roo como delegado general del partido tricolor, URO cavó su propia tumba política.

 

Perdió su candidata en Pochutla, Carolina Aparicio y en el triunfo del PAN-PRD en el distrito de Tuxtepec y en el de su natal Tlaxiaco, está la huella de la prevaricación ulicista. Difícil que este ex gobernador vuelva a la vida política.

 

Otro que apesta a cadáver político es el panista Juan Iván Mendoza. Con todo y la fuerza que aparenta como dirigente local, diputado plurinominal electo, pagador, pastor suplente de la bancada en el congreso y demás chambas que acapare, su desprecio en el PAN crece. De aquellos más de 300 mil votos que se adjudicó su partido en las elecciones de hace 6 años, hoy bajó a menos de la mitad. Hasta el resucitado PT lo aventaja.