El escape de película de Joaquín El Chapo Guzmán de un centro de máxima seguridad a través de un túnel en julio del 2015, dejó claro qué tan vulnerables a la corrupción pueden ser las prisiones en México.

El reciente escape en la Ciudad de México de dos secuestradores convictos, quienes lograron fugarse después de haber limado las barras de una reja, ha demostrado que los escapes de prisión no son sólo cosa de los grandes capos.

 

De acuerdo a estadísticas del gobierno, dadas a conocer por la Comisión Nacional de Seguridad, al menos 590 prisioneros escaparon entre 2010 y 2015 de las cárceles mexicanas, dando un promedio de dos por semana.

 

Una mirada más de cerca a las cifras muestra que los escapes masivos en zonas de guerra contra la droga llegaron al su máximo nivel en 2010, aunque el número se ha ido reduciendo desde entonces. Aún así, las fugas de algunos presos continúan, mostrando que el sistema penitenciario de México sigue siendo corrupto.

 

“La respuesta del gobierno ha sido tratar de minimizar lo que pasa con tal de no revelar los problemas de fondo que existen”, dijo Leslie Solís, del centro de análisis político México Evalúa. “Si el gobierno no hace algo, seguirá pasando”.

 

Roberto Sánchez Ramírez escapó de prisión por primera vez vestido como mujer en 1991, según se ha informado. También escapó en 1998 y 1999, ganándose el apodo de El Fugas. El cuarto escape de Sánchez tuvo lugar este lunes 30 de mayo en una de las prisiones mas grandes de la capital mexicana, según confirmaron oficialmente las autoridades. Lo acompañó su compañero Agustín Miranda Orozco. Se reporta que las sentencias en conjunto de estos prófugos suman poco más de 178 años.

 

Sánchez y Orozco fueron llamados repentinamente a un audiencia en un juzgado contiguo al que se accede por un túnel. Una vez en la sala de espera del lugar, los dos reclusos pidieron permiso para ir al sanitario. Los dos guardias, que se supone debían cuidarlos, los acompañaron y esperaron afuera durante 15 minutos, pero los secuestradores ya no estaban ahí.

 

Los delincuentes entraron a un almacén a través de unos débiles barrotes de metal que fueron limados, para después hacer un hoyo en uno de los muros con ayuda de herramientas que “casualmente” estaban ahí.

 

‘Me sorprende que aún no haya cientos de disturbios y miles de escapes’.

Los avergonzados oficiales dijeron después a los reporteros que los prisioneros se deshicieron de sus uniformes para ponerse la ropa de civil que estaba guardada en el almacén, y después salieron por la puerta principal del juzgado. Finalmente, cruzaron el estacionamiento y salieron de las instalaciones, desapareciendo entre los 25 millones de personas que hay en Ciudad de México.

 

“Obviamente se trata de un completo descuido y falta de compromiso de parte de los guardias”, declaró a los medios Hazael Ruiz, subsecretario del Sistema Penitenciario del Distrito Federal. “Los prisioneros tienen derecho a ir al baño, pero hay una serie de protocolos que los guardias no siguieron”.

 

Muchos se preguntan por qué dos jueces llamaron repentinamente a los dos delincuentes a una audiencia. También cuestionan el hecho de que herramientas y ropa estuvieran en lugares tan convenientes, y por qué nadie notó que los dos presos salían del lugar.

 

La corrupción crónica e ingobernabilidad endémica en las cárceles mexicanas se ven reflejadas no sólo en el número de escapes, sino también en las docenas, incluso cientos, de muertes que ocurren cada año tras las rejas.

 

Esa semana también quedó claro otro ejemplo de esa violencia, cuando tres reclusos fueron heridos y asesinados la noche del pasado miércoles en la prisión de Topo Chico, al norte de México. Los homicidios tuvieron lugar justo tres meses después de la noche de terror que dejó 49 muertos en la misma prisión, incluyendo cuatro cuerpos que no pudieron ser identificados como reclusos o guardias.

 

“No me sorprende lo que sucedió en Topo Chico, ni lo que pasó con El Chapo”, informó María Elena Morera, fundadora de la organización en contra del crimen Causa Común, para enfatizar el poco control que las autoridades tiene en las cárceles del país. “Lo que me sorprende es que aún no haya cientos de disturbios y miles de escapes”, agregó.

 

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