La novela Como agua para chocolate, de Laura Esquivel (CDMX, 1950), a 27 años de su primera edición, se transforma en trilogía para hablar de rebeldía, de transgresión y, sobre todo, de alternativas ante un mundo en crisis.

Esos fueron los motivos que convencieron a la autora para escribir dos historias más, ligadas al libro que la catapultó hace casi tres décadas en el mundo literario. El diario de Tita se presentó hace unos días y para el próximo año estará listo Mi negro pasado, todos con el sello Suma de Letras.

Siete millones de ejemplares vendidos en varios idiomas de Como agua… y un entusiasmo que no ha mermado en los lectores siguen sorprendiendo a Laura, pero finalmente la hicieron reflexionar en que era oportuno y necesario complementar aquel relato que con gran éxito fue llevado a la pantalla grande en 1992.

Sobre todo, existe un público joven admirador de la historia de la muchacha a la que se impide casarse por ser la hija menor y tener la obligación de cuidar a su madre hasta que ésta muera, en los albores del siglo XX y en medio de una revolución que buscaba el gran cambio social de México.

Vivir en un sistema opresor

A lo mejor los jóvenes lectores se identifican con Tita, porque ellos mismos viven hoy en un sistema opresor que decide por ellos, pues quieren estudiar y no pueden; su destino está marcado por el mundo que vivimos, resultado de una crisis, de algo que no se hizo, explica la escritora en entrevista con La Jornada.

Ante esa idea, añade, le pareció importante ubicar la tercera parte de la trilogía en la época actual. En Mi negro pasado la protagonista será María, la tataranieta de Tita, a través de quien veremos qué sucede con “el proceso de una revolución interrumpida y sus esperanzas de cambio. María no sabe cocinar, es comedora compulsiva, una mujer inteligente, muy preparada, va al sicoanálisis, pero en su familia hubo un rompimiento generacional, que es el mismo que dimos como nación.

“Existe algo que debemos rescatar para salir de la crisis. Mi protagonista, en el presente, vive una crisis espantosa y lo que la va a ayudar a sanar y reconectarse con este momento es El diario de Tita, que viene a ser un eslabón.”

Laura Esquivel jamás imaginó que Como agua para chocolate iba a resultar una gran metáfora de lo que ocurre en México, por eso, continuarla, ha sido un gran aprendizaje; me hace reflexionar en toda la herencia que tenemos desperdiciada. Si rescatáramos y reorganizáramos todo lo que hemos olvidado, otra cosa sería de este país.

Laura Esquivel (en su casa) jamás imaginó que su novela Como agua para chocolate, 1989, iba a resultar una gran metáfora de lo que ocurre en México, por eso, continuarla, expresa a La Jornada, ha sido un gran aprendizaje; me hace reflexionar en toda la herencia que tenemos desperdiciada Foto Carlos Ramos Mamahua

La entrevista con Esquivel se desarrolla en su casa llena de plantas y rincones mágicos, como el patio donde se construye un mandala. Hay libros por doquier y fotos de los bisabuelos. El aroma de los guisos de mediodía se mezcla con la emoción con la que la escritora describe la forma en la que cocina su obra.

“¿Por qué necesitamos votar por el que menos nos conviene, por el que tiene, por ejemplo, el campo destrozado? ¿Qué hace que uno viva así? Esas preguntas se hará María y tratará de responderlas, inteligente, llena de humor; es un personaje que me tiene encantada.

“La permanencia de Como agua para chocolate al correr de los años es impresionante. Hay muchas tesis universitarias y me llegaban muchas cartas por correo, ahora por email. Es apasionante ver que hay algo en ella que mueve a las personas.

“Es una historia de rescate, no sólo de trangresión, y revolución interna, profunda y constante. Es un relato que muestra qué debemos romper del pasado. Tita dijo ‘hasta aquí llega la tradición castrante, para no pasarla a la nueva generación’. Esa fue su revolución. La de Gertrudis fue irse y convertirse en generala.

“Pero no sabíamos qué pasó con Gertrudis. ¿Se desvaneció la revolución? ¿Qué queda de ese esfuerzo? ¿Qué pasa con la desintegración que vivimos? Ya no hay quien se encargue de las revoluciones íntimas, mientras los niños y jóvenes están hambrientos por pertenecer a un grupo social y por ello son captados por los delincuentes. El sistema económico en el que vivimos es así, depredador.

¿El cambio, entonces, dónde se inicia? En México nos sostiene nuestra enorme tradición, la cual nos conecta unos con otros.

Hermana mayor de nueve libros

Como agua para chocolate es la hermana mayor de nueve libros de Esquivel, algo que no le molesta, afirma, “porque esa novela ha sido mi maestra en muchos sentidos; las otras están interrelacionadas, en todas hay personajes en búsqueda por encontrar algo, por cambiar. Nuestra labor ahora, no sólo como escritores, sino como mexicanos que debemos construir un nuevo cambio, es pensar qué se puede rescatar.

Porque la memoria siempre es colectiva. En mis libros doy voz a miles de mujeres que nunca la han tenido, que han estado en la cocina, sosteniendo al país. Hay que pensar qué semillitas rescatamos para sembrarlas, concluye Laura Esquivel.