Once personas, entre ellas dos niños, fueron asesinadas por un grupo de encapuchados que irrumpió en dos viviendas en el municipio de Coxcatlán, en el estado de Puebla (centro de México), la noche del jueves. La matanza, que dejó cinco mujeres, cuatro hombres y dos niños muertos, iba dirigida también contra dos niñas más que lograron sobrevivir a los disparos, confirmó la fiscalía. El alcalde del municipio explicó que las víctimas son evangelistas y forman parte de una misma familia; sin embargo, aún no tiene un informe oficial de las causas de la masacre.

 

 

Por el momento las autoridades trabajan con varias hipótesis. Según el presidente municipal uno de los móviles podría ser las viejas rencillas religiosas que se viven en la comunidad ya que el municipio, de mayoría evangélica, se separó hace más de 15 años de El Potrero, de religión católica, y son continuos los roces entre una y otra. La otra línea de investigación es que pudo tratarse de un asalto, dijo Vicente López de la Vega al diario Milenio. Una fuente de la fiscalía estatal citada por AFP también dijo que podría tratarse de un ajuste de cuentes del crimen organizado o un añejo problema familiar.

 

La fiscalía cuenta con el testimonio de dos testigos que presentes en el lugar cuando ocurrieron los acontecimientos. Los primeros indicios señalan que un grupo de personas llegó caminando hasta donde se encontraba la familia, dispararon contra los 13 y huyeron también a pie.

 

Entre los heridos hay una niña de 4 años, con una herida de bala, que caminó más de 50 minutos por una vereda y llegó a la localidad El Potrero a pedir ayuda.

 

Las dos menores de edad que lograron salvar la vida, están ingresadas en estado grave en el Hospital General de Tehuacán, una de ellas con herida en la parte posterior del tórax y la otra en la zona del abdomen, ambas por herida de fuego.

 

Peritos de la Fiscalía, policías ministeriales y forenses se trasladaron a esta remota región de la Sierra Negra, a dos horas de la cabecera municipal, en los límites entre Puebla y Oaxaca, para el levantamiento de cadáveres.

 

El País