Pese al fuego amigo y el deterioro de imagen del PRI, ganó Alejandro Murat Hinojosa, el menos susceptible a la andanada de descalificaciones y guerra de lodo que fue la campaña electoral pero triunfar con 525 mil 848 votos de los 2 millones 635 mil 483 empadronados, no debe ser nada satisfactorio, y menos si cotejamos. En esas odiosas comparaciones encontramos que:

 

El último gobernador que despertó grandes expectativas y, por lo mismo, empujó a los oaxaqueños a las urnas fue Gabino Cue. Se adjudicó 733 mil 783 sufragios pero, oh decepción. El rechazo social hoy lo apabulla.

 

Unos dicen que el voto se dispersó, como nunca, por la presencia de siete candidatos a gobernador; otros basan los resultados en el abstencionismo que fue del 41.5 por ciento de la lista nominal. Lo que haya sido, la realidad es que ganó Alejandro pero no el PRI cuya baja es evidente. Ahora toca al gobernador electo hacer lo posible para ganarse, con sus acciones, la legitimidad que no encontró en las urnas y tratar de reivindicar a su partido.

Con esas mismas comparaciones, podemos decir que el mismo Eviel Pérez, con todo y el sambenito que le cuelgan de “siempre perdedor”, cuando fue candidato a gobernador se llevó 613 mil 651 sufragios.

OTRO PERDEDOR

Versado mapache electoral y con los números bien claros, el ex gobernador Ulises Ruiz Ortiz, en estas elecciones intentó matar dos pájaros con una sola pedrada. Cobrarle afrentas a José Murat y confirmar que su protegido Eviel “no es un perdedor, es un tiburón”. El mote se lo puso el mismo URO cuando le preguntaron si era su delfín durante la pre campaña, cuando jugaban a las vencidas para definir al candidato del PRI. En una llamada telefónica que le grabaron, dejó en claro su obsesión por hacer al “tiburón” nuevamente candidato. Estaba obcecado.

En esas fechas era delegado general del PRI en Quintana Roo. De la misma manera en que URO descuidó el gobierno de Oaxaca, en el 2006 por unirse a la campaña presidencial de Roberto Madrazo, lo hizo como delegado.

El resultado fue la derrota del PRI en Quinta Roo y en Oaxaca también volvió a fracasar. Jugo las contras al candidato del PRI y para clavar la puñalada trapera utilizó a su fiel Titis Rodríguez que brincó a la coalición CREO y en medio de un gran ruido mediático alzó la mano a Estefan Garfías. Antes, había hecho lo mismo con Benjamín Robles. Mayor evidencia de sus felonías fueron los triunfos del PT por la presidencia municipal de Tuxtepec, y de la alianza CREO por la diputación. De algo se debe jactar Ulises, operaron bien contra el PRI en la zona de Tuxtepec, sus incondicionales Eviel y Antonio Amaro.

Con etas deslealtades, el ex gobernador ULISES RUIZ cavó su tumba política.

CONSECUENCIAS

La explicaciones del comportamiento de Ulises y otros priistas vergonzantes, están en un análisis interno del PRI, cuyo contenido los revela Luis Soto en el periódico digital 24 Horas. Dice:

El diagnóstico extraoficial que prometió el presidente del PRI, Manlio Fabio Beltrones, donde se analizan las causas de la estrepitosa derrota que sufrió el PRI en siete de los 12 estados en que se eligió gobernador el domingo pasado, señala que independientemente de los malos candidatos, las campañas mediocres, la “guerra sucia” mal diseñada, las estrategias deficientes… existió la traición de varios grupitos de priistas malosos, resentidos, humillados, agraviados, inconformes.

 

Hay de todo: gobernadores, funcionarios públicos de alto nivel en el Gobierno federal, representantes del partido en algunas entidades, operadores políticos, “estrategas” de comunicación y algunos de los que no resultaron elegidos para la candidatura. Cada uno de los mencionados operó para sus propios intereses; montaron estrategias paralelas a las del PRI y otras cosas horribles, horribles.

TE HABLAN, URO

En algunos estados, como Quintana Roo, dice el borrador del susodicho diagnóstico, los operadores se “clavaron la lana” destinada a la compra de votos, perdón, a los gastos de campaña; a un pastor de cristianos que prometió sus votos al tricolor “le picaron los ojos” los operadores de Mauricio Góngora. En Oaxaca, un ex gobernador priista y su banda operaron en contra del candidato oficial, y a favor de Estefan Garfias. Y a pesar de que no consiguió la victoria para éste, “salió forrado de billetes” porque vendió candidaturas a presidencias municipales. Para colmo, quienes las adquirieron perdieron (Tehuantepec, Juchitán, Tuxtepec, Pochutla, son algunos casos que documenta el diagnóstico extraoficial).

En buena medida, todas estas acciones y otras que se investigan provocaron que “el voto duro del PRI en varios estados se ablandara” el día de la elección, señala el multicitado diagnóstico, donde también se reconoce que “hubiera sido irracional” que el PRI ganara en Chihuahua y Veracruz ante tanta corrupción que brotó de las coladeras de la administración de los Duarte en los últimos años.

 

En el documento que elaboran algunos viejos de la tribu priista que han operado campañas estatales, municipales y hasta presidenciales en otras elecciones, también se menciona como corresponsables (no necesariamente traidores) de la paliza del 5 de junio, a dos que tres funcionarios que impusieron a sus candidatos a la gubernatura, nada más porque eran sus “cuates” y porque formaba parte de sus estrategias para jugar por la candidatura presidencial en 2018.