Madrid. A sus 40 años, el tenor mexicano Javier Camarena se ha convertido en una de las voces más admiradas y reclamadas de los grandes teatros de ópera del mundo. Su voz, capaz de embelesar por su timbre como por sus acrobacias tonales y su forma de ejecutar los sobreagudos más exigentes, es una de las más celebradas por la crítica internacional. Antes de volver a vestirse de lord Arturo Talbo, el protagonista de Il puritani, la última ópera de Bellini, Camarena reconoció que en México “hace falta demoler el aparato burocrático de la ópera para crear algo nuevo y mejor”.

 

El tenor veracruzano vivirá este año uno de los más importantes de su carrera: cantará el rol protagonista de Il puritani, considerado el más complejo del belcanto, en cuatro ciudades y con cuatro producciones distintas: en mayo pasado en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México; en julio estrenará en el Teatro Real de Madrid; y en el último trimestre del año ejecutará al mismo personaje en Zúrich y en Nueva York, en el Metropolitan, donde ha vivido uno de los momentos más vibrantes de su carrera cuando cantó varios bises en su debut.

 

Camarena vive desde hace más de 11 años en Suiza, donde ha podido profundizar en su educación musical y en asumir su carrera profesional, una de las más admiradas de la actualidad y sólo comparable a la del tenor peruano Juan Diego Flores, como un proceso que tiene que ir construyendo peldaño a peldaño.

 

En entrevista con La Jornada, Camarena reconoció que está “nervioso” de volver a cantar en el Teatro Real de Madrid después de que hace dos años, cuando cantó La hija del regimiento, se convirtió en el segundo cantante en la historia del teatro en cantar bises de forma consecutiva. La aclamación entonces fue contundente, cerrada y unánime. “Sí, estoy nervioso. Ahora es un rol muy distinto al de la Tonio de La hija del regimiento. Este es mucho más exigente, tiene otros matices dramáticos que están muy bien marcados en la música.

 

“Desde luego es una presión grande la que tengo porque uno mismo se convierte en su reto a vencer y se van estableciendo cada vez más expectativas y a veces estar a la altura de ellas sí supone algo de presión. Pero sobre todo, muy contento e ilusionado porque en el Teatro Real siempre me han tratado muy bien; la dirección y el elenco con el que contamos son maravillosos y creo que es una buena oportunidad para seguir encontrándome en este rol”.

 

Hace sólo un mes asumió el mismo rol en la Ciudad de México, en lo que fue se regresó a los teatros de ópera del país dos años después y además debutando en el que es, según sus propias palabras, el personaje más complejo y difícil de su carrera.

 

“Vaya que en México es difícil, te quedas sin aire por la altura y la contaminación. Yo llegué un mes y medio antes y estuve todo ese tiempo aclimatándome para obligar a mi organismo a generar los suficientes glóbulos rojos para que haya oxígeno en el cuerpo. Pero con todo y todo de verdad que es un esfuerzo extra, además de la dificultad de la ópera en sí misma, que lo convirtieron en un reto muy duro”.

 

El personaje que interpreta demanda un dominio técnico absoluto, una seguridad para el registro sobreagudo porque se mueve todo el tiempo ahí y además exige un conocimiento profundo del estilo belcantista, como el fraseo elegante, la coloratura y por supuesto las notas sobreagudos. “La música es hermosa y se disfruta de principio a fin. Y se explica también que haya sido la última ópera de Bellini, en la que plasmó toda su sabiduría musical”, advirtió Camarena.

 

El tenor mexicano vivirá uno de sus grandes sueños en septiembre próximo, cuando debute en el Covent Garden de Londres, con El barbero de Sevilla. “Desde que llegué a Suiza he tenido la oportunidad de cantar para los grandes directores y teatros de Europa, el Covent Garden me había invitado hace muchos años a cantar la ópera de Giacomo Mayerbeer, Robert le diable, pero la rechacé porque consideré entonces que era un rol que no era capaz de afrontar. Desde entonces, en el 2006, no me habían invitado hasta ahora, sobre todo después de los bises que hice en Nueva York que creo que sirvió para cerrar esa página”.

 

Sobre la situación de la ópera en México, Camarena reconoció que “no seré ni el primero ni el último” que sueñe con un modelo similar al de los grandes teatros europeos, en el que se trabaja por contrato y en el que se prima y se celebra la calidad y la entrega de los artistas. “Yo creo que habría que demoler la estructura burocrática de la ópera en México y construir algo nuevo. Espero que ahora con la nueva Secretaría de Cultura del país se haga. Sería bueno para el país y para la ópera de México”.

 

La Jornada