Juan Carlos Zavala

 

 

 

“Más que cinco minutos de fama, fueron cinco minutos de desprecio”. Octavio Estrada Martínez resume de esta manera lo que ha vivido, a partir que fuera noticia, por negarse a dejar de dar clases y rechazar participar en el paro de labores, como acordó la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

Desde entonces, recibió amenazas, el rechazo y el desprecio del resto de profesores que son sus compañeros en la escuela primaria Leona Vicario, donde imparte clases al grupo de sexto grado. Ha perdido también, la posibilidad de continuar viviendo con su hija, por las amenazas; pese a que el gobierno le ha asignado un agente de policía para su seguridad.

Octavio Estrada nació en la Ciudad de México en 1967, en la delegación Álvaro Obregón. Sus padres son originarios de los municipios la Ciénega y Zimatlán, Oaxaca; su madre se dedicaba a la venta de enchiladas en un mercado y su padre era chófer de una empresa que vendía piezas automotrices. Cuando tenía 10 años de edad, sus padres deciden regresar a Oaxaca. Estudió para ser profesor en el Centro Regional de Educación Normal de Oaxaca (CRENO) y también la licenciatura en Derecho. Tiene ocho hermanos, todos con estudios profesionales. “Mi madre nos dijo que no nos podía heredar bienes, que lo único que podía heredarnos era el estudio. Ella se sacrificó mucho para darnos estudios”.

Este profesor actualmente vive en una reducida casa de interés social en el fraccionamiento Álamos en la ciudad de Oaxaca. Con él, su hija que está por concluir sus estudios de secundaria y está separado de su esposa.

A mediados de mayo fue noticia nacional, porque continúo dando clases afuera de una escuela cerrada con candados. Una escuela en la que el resto de maestros decidió no dar clases y sumarse al paro de labores a partir del 15 de mayo, acordado por la CNTE.

Su decisión fue considerada por sus propios compañeros como traición al movimiento magisterial y un acto de “charrismo”. Los padres de familia de sus alumnos, en cambio le solicitaron que continuará dando clases y respaldaron su postura de no sumarse al paro de labores. Algunos medios lo llamaron el profesor “rebelde” a la disidencia magisterial.

Es importante decir, que no es la primera ocasión que es noticia. Hace dos años, sus alumnos y él ocuparon algunas menciones en medios por el proyecto de reforestación que han implementado, dentro y fuera de la escuela.

Lo cierto, es que su posición no es nueva y tampoco su opinión contra una dirigencia sindical que en su opinión está corrompida.

“Vi como muchas veces como se aprovechaban del poder político que tenían dentro del sindicato y lo que podían lograr para presionar a la gente y obtener los beneficios. Entonces cuando estuvo este cuate, Humberto Alcalá Betanzos, uno que estaba en primarias como subsecretario de organización de primarias, Fernando Valle Bonfil, vi de plano como estaba desviado todo, vendían plazas, vendían esto o cambio de favores, les decían a las maestras que llegaban que las acompañaran a tal restaurante y se aprovechaban de esa situación.

“Desde antes quedé desencantado. Le digo que en la normal superior, Rueda Pacheco, manifestó su idea de ser líder de la sección 22 y ya manejaba esa situación política en la normal superior y cuando entré él ya traía, la idea de beneficiarse, porque no creo que no se hayan dado cuenta los maestros de todas las negociaciones y los millones de pesos que había siempre en cada negociación. Ese dinero se negocia por medio de presión”.

En noviembre del año pasado, Octavio Estrada manifestó a sus compañeros maestros su intención de sí participar en la evaluación docente, obligatoria según la reforma educativa y sus leyes generales.

“Por el hecho de una razón muy sencilla, yo evalúo a mis alumnos, ¿quién me evalúa a mí?, y de esa manera yo sabría o sé si sirvo no sirvo como docente, si funciono o no, mis limitaciones y mis alcances. También eso viene en el PTEO (Plan para la Transformación de la Educación de Oaxaca, iniciativa que la CNTE ha propuesto como ley en el estado)”.

A partir de ese momento, fue rechazado por la Directora y el resto de profesores. Uno de sus compañeros, lo acusó incluso de utilizar el desfile del 20 de noviembre como evidencia para su evaluación. Además, afirma, lo excluyeron y rechazaron todos sus proyectos, incluido el de reforestación.

Pero también siguió un rechazo hacia sus alumnos. “Entonces ahí yo no permití que rechazaran a mis alumnos. Entonces lo sintieron los papás, se dieron cuenta y empezamos a establecer compromisos de trabajo y de trabajo que se venían realizando. El proyecto que yo tuve en la escuela, que fue aplaudido por la directora, después fue rechazado. Entonces llega un momento en que ya era insoportable sus expresiones, sus burlas, su desprecio de todos ellos y como nunca me tomaron en cuenta e incluso hasta hicieron un documento para desconocerme de su grupo sindical, de la participación sindical. Entonces como me desconocieron y rechazaron yo seguí trabajando”.

Pero fue entonces que se inició el paro de labores a partir del 15 de mayo y que oficialmente empezó un día después. Tras una petición de los padres de familia del grupo de sexto grado al que él da clases, decidió continuar laborando. Las madres de los alumnos llevaron las sillas y mesas para que impartiera las clases y posteriormente las dio en casas particulares.

Las clases en su escuela se suspendieron en varias ocasiones y hasta una semana; sin embargo, por el momento se han restablecido el horario laboral. A diferencia de otras escuelas en el estado, al menos en 400 según cifras del IEEPO, que han mantenido la huelga.

“Muchos me decían que eran cinco minutos de fama, a veces, en lugar de ser cinco minutos de fama, fueron cinco minutos de desprecio. Tan es así, que la persona que más me importa en la vida, no digo mi mamá porque ella ya se murió, la persona que más me importa en la vida es mi hija, cómo hubo amenazas, como hubo rechazo, como hubo tensión, mucha polémica, esto se volvió mediático, su mamá se va a hacer cargo de ella, como decir, ya perdí a mi hija, no me la han quitado ahorita, por el hecho de que va a terminar la secundaria, pero se hubiera podido quedar conmigo, porque hubiera podido entrar al Cobao de pueblo nuevo, que yo tengo cerca”.

A Octavio Estrada, el Gobierno del Estado le asignó un guardia personal para que esté con él las 24 horas por su seguridad, luego de las amenazas que recibió. Según relata, el primer día le advirtieron que se cuidara y a través de su ex pareja, lo amenazaron con lincharlo y, a la fecha, han amagado con pedirle cuentas una vez que termine la jornada de lucha del movimiento magisterial.

Por esa razón, fue que su pareja decidió llevarse a su hija a vivir con ella apenas termine la secundaria, por su seguridad.

“Yo he reforestado toda la escuela y ella (una maestra) me dice que le pagan para estar dentro de un salón, no para andar sembrando plantitas. Ese tipo de pensamiento tan pobre, los ha llevado a rechazar el trabajo y a rechazar a mis alumnos, que han salido a museos, que han reforestado la escuela, calles, casas, hemos salido en la tele y no por esto, sino hace dos años pero el proyecto de reforestación que tengo. Todo eso yo lo hago y eso les molesta. Y aprovecharon esto para no trabajar o por molestar mal y esto implica a los alumnos”.

Sobre el movimiento magisterial, Octavio Estrada sostiene: “es una lucha sin lucha, por una razón sin razón”.

Esto lo explica, dice, porque los maestros no han establecido un argumento sólido sobre cómo los está perjudicando el Gobierno; mientras que también recurre a la manipulación con mentiras hacia los padres de familia, quienes también se han opuesto a la reforma educativa.

La Sección 22 de la CNTE, afirma, se burocratizó y tan es así que en el PTEO es lo mismo la carrera magisterial en su evaluación que la que plantea el Gobierno a través de la reforma educativa; la diferencia, detalla, es que los maestros quieren un órgano burocrático y recursos públicos manejados por ellos; quieren autogobernarse, sentencia.

Tampoco Octavio Estrada defiende la evaluación docente del Gobierno Federal; afirma que es un examen de 500 preguntas en las que son válidas únicamente 50, las demás son repetitivas. Al maestro debe evaluarse, dice, en el salón de clases, con base en sus resultados, en los alcances y logros que tenga.

“Si se logra evaluar eso y con base a eso nos pagan, estoy seguro que muchísimos maestros se van a arraigar en las escuelas y se van a quedar ahí, para seguir trabajando en esa escuela, porque solamente así se les tomará en cuenta y se les seguirá pagando”.

Octavio Estrada está a punto de concluir otro ciclo escolar en la Escuela Leona Vicario. Su mayor logro, aunque afirma que es por el esfuerzo de los alumnos y de los padres de familia, es que todos pasaron el examen para ingresar al nivel de secundaria.

Pero también, para él ya terminó un ciclo en esta escuela. Quisiera, dice, volver a dar clases en la Costa de Oaxaca, dónde empezó como maestro y director comisionado unitario en el año de 1986, cuando terminó la escuela Normal. “No por miedo”, afirma.