Es probable que a la hora de ser leída esta columna se haya confirmado la versión que circulaba a la hora de teclearla, en el sentido de que la propuesta de Los Pinos para presidir el Partido Revolucionario Institucional (PRI) es Enrique Ochoa Reza, un personaje muy poco conocido antes de la llegada de Enrique Peña Nieto al poder federal y sin un antecedente real de activismo o militancia destacada en el partido de tres colores.

 

Economista por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), abogado por la UNAM y doctor en ciencia política por la Universidad Columbia, Ochoa Reza ha ocupado cargos técnicos en el equipo de Enrique Peña Nieto (subsecretario de Hidrocarburos, con Pedro Joaquín Coldwell, y director de la Comisión Federal de Electricidad desde febrero de 2014, a la renuncia del abiertamente salinista Francisco Rojas), pero su principal carta de presentación para encaminarse a Insurgentes Norte no es solamente lo tecnócrata (su principal impulsor ha sido Luis Videgaray Caso) sino lo electoral, pues en 1997 fue designado consejero del Instituto Federal Electoral y ha ocupado cargos en el entorno de María del Carmen Alanís Figueroa (de quien fue secretario particular), quien presidió el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

 

Uno de los asomos de Ochoa Reza a las ligas mayores de la política se dio justamente el 9 de marzo de 2011, cuando la presidenta del tribunal que debería analizar la procedencia de una grave acusación contra el entonces gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, recibió a comer en su casa a éste y a varios de sus allegados, entre ellos Luis Videgaray, el consejero del IFE Marco Antonio Baños (quien había sido socio de Alanís en una consultoría de asuntos electorales, hoy convertido en poder operativo tras la fachada moldeable de Lorenzo Córdova) y el propio Ochoa Reza. La reunión tenía como propósito afinar, en lo privado, detalles de la resolución que dictaría el TEPJF para exonerar al gobernador mexiquense de las acusaciones que había sustanciado el INE por violaciones a la Constitución y al código electoral en cuanto a uso de recursos públicos para promoción personalizada y la difusión a escala nacional de propaganda de su quinto informe de gobierno.

 

La presunta postulación de Ochoa Reza para presidir el PRI se da en un contexto adverso para la Comisión Federal de Electricidad, no sólo en términos financieros específicos sino de incumplimiento de promesas de que no subirían más las tarifas de consumo eléctrico. Nacido en Morelia, Michoacán, y casado con Greta Rojas, especializada en periodismo deportivo en Televisión Azteca, su posible arribo al partido tricolor significaría una victoria del equipo de Luis Videgaray (en la entrega de ayer, esta columna daba cuenta de las versiones que apuntaban a Miguel Ángel Osorio Chong para ir al PRI, en lo que sería una jugada de primer nivel, correspondiente a la dimensión de la crisis del partido formalmente en el poder) y la definición peñista de que para 2018 se apuesta explícitamente a la marrullería electoral (por ejemplo: días antes de la reciente elección de gobernador en Chihuahua, Ochoa anunció maniobras de descuentos temporales para consumidores, con abierto propósito de beneficiar al PRI).

 

De confirmarse la imposición de Ochoa Reza (todo, envuelto en procedimientos formales de presunto tono democrático), Peña Nieto estaría desdeñando la inconformidad de cuadros priístas que en silencio lo culpan de las derrotas electorales recientes y reniegan de su impopularidad y de sus políticas equivocadas. El director de la CFE no tiene ningún título válido para acreditarse como súbito dirigente formal. Ayer, como presunto antídoto ante las críticas, hizo circular una fotografía de su credencial como priísta desde 1991. Orgulloso militante, se dijo, aunque no hay más que ese testimonio de papel, pues no se le conoce activismo directivo, carente en absoluto de peldaños en su presunta escalera hacia el liderazgo nacional priísta.

 

De ser éste el desenlace de la tragicomedia priísta de relevo del taimado sonorense Manlio Fabio Beltrones Rivera, éste se verá beneficiado con el puro contraste, casi sin mover un dedo. Tal vez ese sea el mensaje que desea enviar Peña Nieto, el relevo generacional, la erradicación del viejo PRI, el inicio de una nueva era (como Salinas de Gortari lo pretendía hacer con los programas asistenciales de Solidaridad como base social para la cuarta denominación del viejo partido). Habrá de verse si el elegido tiene la talla y los atributos para tan magna tarea. Y habrá de verse si Beltrones se decide a emprender una batalla en defensa de ese priísmo desdeñado.

 

La posibilidad de que quede acéfala la CFE genera especulaciones inmediatas. Puede dejarse esa dirección a cargo de un provisional, en espera de que se produzcan en paquete otros cambios en el equipo de Peña Nieto, o designarse al definitivo de inmediato, lo que aportará más signos de cómo va la lucha interna en Los Pinos. Por lo pronto, con Ochoa Reza, el equipo de Luis Videgaray se fortalecería, tomaría el control del proceso sucesorio y demostraría que Osorio Chong no tiene todo el espectro político bajo su mando. Los beneficiados en lo inmediato son José Antonio Meade, el zombi político Aurelio Nuño y el propio Videgaray, al que algunos ven con posibilidades de sobrevivir al estigma de lo hacendario fallido para reinstalarse como precandidato presidencial. Ah, la prima Carolina Monroy del Mazo seguirá en la secretaría general del comité nacional priísta como plataforma para buscar más adelante la candidatura al gobierno familiar del estado de México.

 

Y, mientras en Nochixtlán ha tenido Roberto Campa Cifrián un breve pero intenso acercamiento a la realidad, con pobladores en airadas demandas de atención y justicia, repelentes a las fórmulas gastadas de la burocracia encargada de mediatizar problemas y movimientos, ¡hasta el próximo lunes!

 

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