Violeta Hernández Andrés.

La Jornada.

• LA POBLACIÓN LO ASUMIÓ COMO UN ATAQUE GENERALIZADO Y LAS POLICÍAS FEDERAL Y ESTATAL PERDIERON LA POCA CREDIBILIDAD QUE LES QUEDABA

• LA VIOLENCIA INSTITUCIONAL ACTIVÓ LA SOLIDARIDAD Y LA RESPUESTA ORGANIZADA

Lo ocurrido en Nochixtlán, Oaxaca, el domingo 19 de junio tiene causas multifactoriales: los índices de pobreza, la marginación y el desarrollo humano no mienten. En estos escenarios retumba insistentemente el reclamo de garantizar el estado de derecho.

Nochixtlán deriva del náhuatl y significa lugar de la grana cochinilla, que es un colorante, parásito del nopal, y ha sido catalogado como “uno de los principales aportes del México prehispánico al mundo”. Todos los domingos se instala en el centro del municipio de Asunción Nochixtlán una de las principales plazas de la región mixteca, donde se congregan familias mixtecas (ñuu savi), chocholtecas y algunas ixcatecas a comercializar sus productos y abastecerse de otras mercancías. Una de las vías para acudir a la plaza es justamente la llamada carretera federal. Las comunidades que se trasladan en esta dirección encuentran a su paso el panteón municipal, el hospital, el hotel “Juquilita” y otros .

Estos breves datos de contexto son una condición sine qua non para desarrollar una acción como el operativo realizado la mañana del domingo 19 para desalojar a maestros e integrantes de diferentes comunidades que se manifestaban en contra de la reforma educativa. ¿Se actuó con alevosía, sin cuidado de los protocolos internacionales para un hecho de esta naturaleza? La población lo asumió como un ataque generalizado y las policías federal y estatal perdieron la poca credibilidad con que contaban por las siguientes razones:

– La detención arbitraria de las dieciocho personas que no participaban en la protesta de la CNTE y que en ese momento estaban “cavando la tumba” de una persona recién fallecida.

– El anuncio del gobierno federal y estatal que negaba el uso de armas tuvo que ser desmentida debido a fotografías y testimonios que mostraban lo contrario.

– La denuncia en diversos medios de comunicación respecto a que el hospital de Nochixtlán fue atacado directamente por los uniformados, disparando a quemarropa contra la gente que se encontraba en el acceso.

– El fallecimiento de ocho civiles, entre ellos un joven de diecinueve años que estaba en auxilio de la ambulancia, más decenas de heridos y seis desaparecidos.

Frente a ello, al repique de las campanas, la quema de cohetones y el voceo, la respuesta inmediata de la comunidad fue una muestra de solidaridad de los habitantes para protegerse. Mientras, la ausencia de la autoridad municipal fue evidente. La institución eclesiástica asumió un rol determinante; el sacerdote católico dijo a la comunidad que era importante manifestar su inconformidad “ante las acciones que el gobierno ha estado haciendo para la Nación, no solamente para el gremio de los maestros”. Orientó, motivó a la ayuda y se posicionó como mediador para evitar una crisis mayor.

En el atrio de la iglesia se albergó a heridos sin distinción alguna y se convirtió en centro de acopio de víveres y medicamentos. Al llamado acudieron hombres y mujeres, a disposición de lo que se requiriera. Arribaron médicos de distintas latitudes para prestar sus servicios en la emergencia. De igual modo se contó con el auxilio de autos particulares y taxis, en especial del sitio “Nochixtlán”, para el traslado de decenas de heridos. Una muestra de civilidad fue el resguardo de al menos veinte niños y algunos adultos en la comunidad de Sinaxtla, hecho que permite mirar el valor que tiene la vida de los niños para la comunidad, donde se asume una responsabilidad colectiva sobre su cuidado.

El aparato estatal, al realizar el desalojo en un día de plaza, subestimó la capacidad de respuesta y organización colectiva de la población de Nochixtlán y las comunidades aledañas. Como es costumbre de las instituciones del gobierno federal y estatal, se invisibilizó a las autoridades comunitarias. Sin embargo, éstas se hicieron escuchar dignamente, ya que acudieron con sus bastones de mando para exponer, mediante un pronunciamiento, el rechazo a la represión como forma de resolver conflictos. Cuestionaron la reforma educativa y exclamaron que si en ésta “prevalece lo global, el centralismo y rechaza el sentido comunitario, de consenso, de identidad, y [su] cultura milenaria no se ve reflejada ni incluida, entonces es una reforma para otro mundo, no para nuestros pueblos”. Las autoridades enfatizaron que no están en contra de los profesores pero les recordaron que quieren maestros comprometidos e innovadores en los métodos para manifestarse.

Cuando aluden a maestros comprometidos, “se refieren a aquellos respetuosos de las instituciones comunitarias, que asumen diversas obligaciones; entre ellas de gestores, psicólogos sociales, maestros de ceremonia, organizadores de los programas culturales en las fiestas patronales y otros eventos importantes, padrinos de un sin fin de alumnos egresados, promotores del deporte, mediadores, y otras actividades que se acumulan dependiendo de las características de cada comunidad. Se alude a docentes que están prácticamente de tiempo completo realizando su trabajo y son el último eslabón en las instituciones de educación pública. Se usan adjetivos peyorativos para referirse a ellos, que cuentan con salarios precarios; muchos son menospreciados cuando realizan sus trámites y gestiones, la infraestructura con que cuentan carece de la pertinencia adecuada y en general, también viven la exclusión sistemática de las comunidades donde laboran” mencionaron las autoridades comunitarias.

En escenarios así resuena el reclamo de garantizar el estado de derecho, ¿pero cuál? El estado de derecho no hace referencia únicamente a la acción punitiva del Estado. Implica reconocer a los pueblos y comunidades indígenas, garantizar el cumplimiento de sus derechos, entre ellos a la consulta previa a la adopción de cualquier medida legislativa como la reforma laboral, publicitada como educativa. ¿Se consultó a los pueblos y comunidades esta reforma que ha cobrado la vida de sus hijos mixtecos?

Es indispensable garantizar los derechos económicos, sociales y culturales para que de esta manera se cierre la brecha de la desigualdad. La población no espera menos. Nótese que la efervescencia es implacable cuando las personas ya no tienen nada que perder.