Periódico Reforma.

“El rap me dio la posibilidad de reinventarme”, responde vía telefónica desde Oaxaca, a su regreso de una gira por Estados Unidos. Allá trabajó con la comunidad chicana y migrante de Chicago y San Francisco.

Sabe lo que significa migrar. Su familia llegó de Latuvi, en la Sierra Norte, a vivir a la capital oaxaqueña. No sentía pertenecer ni al campo ni a la ciudad. Nunca pensó dedicarse a la música. Comenzó a conocer la cultura hip hop por el graffiti. Las paredes eran utilizadas por las pandillas para marcar territorio, y entonces empezaban a llegar los raperos. Descubrió a Caballeros del Plan G y Vieja Guardia, los primeros que escuchó en español.

“Era darme cuenta que se podía hacer rap en español y desde quiénes éramos”.

Cantó por primera vez en una expo de graffiti en Oaxaca. Halló su lugar.

Su trabajo tiene eco en otros países: Perú, Colombia, Chile, Guatemala, Puerto Rico y España. Lo atribuye a la potencia de sus letras. Defiende que el rap no es solo música. “Es una herramienta de transformación”. Bastan pequeños actos para provocar el cambio. Apela a tomar las riendas de la propia vida. Combate el prejuicio de pensar en el indígena como “algo puro e inamovible”, intocado por la globalización. Reivindica el poder de decisión de las mujeres, es fiera con la “basura sexista”.

“Qué belleza la que tú presentas / con ese traje. / Qué belleza, pero que sea más tu coraje. / No dejes que te pisen, / que no te manden, / que lo mejor de ti no lo oculte el maquillaje. / Ya deja de tragarte la basura sexista”, apela en Qué mujer.

Atiende a lo que ella misma escribió: “Mujer, no te limites a lo que te piden ser”.

Fue a la universidad, cuando la mayoría de las chicas de su generación ya son madres. Entrenó el oído escuchando a su madre leerle novelas y mitos de México. Fue ella quien tomó las riendas de la familia cuando el padre fue asesinado en medio de la violencia por los conflictos agrarios en Oaxaca. Mare piensa que estuvo en el lugar equivocado, en el momento equivocado. Ella tenía solo cinco años.

Con DJ TBear, con el que empezó a rapear siendo aún adolescente, eligió el nombre para formar un colectivo. Sería el primero de raperas en Oaxaca. Nacía así Advertencia Lírika en 2004. Un nombre fuerte, que apela a la música. Luego, cada una de las tres chicas —Luna, Itza y Mare— siguió su propio camino.

Ahora, de 29 años, Mare sube al escenario con su ropa de todos los días: tenis y pantalón de mezclilla. Así es como va a la sierra o al tequio. Promueve el rap originario, hecho por personas en su lengua madre.

En mayo, en Nueva York, presentó la mesa “Hip Hop al sur” con un rapero mapuche y otro mixteco. Acaba de sacar un nuevo disco Siempre viva.

“Ahora somos un montón de raperas”.

‘Cuántos muertos más’

Ante el choque de policías federales y estatales con la CNTE en Nochixtlán, que dejó 9 muertos y 109 heridos, Mare Advertencia Lírika reaccionó subiendo a las redes sociales Cuántos más: “Cuántas vidas más tendrán que acabarse, / cuántos muertos más, cuántos culpables. / Cuántas familias tendrán que esperar que pase”.

Y alza la voz. “El uso excesivo de las Fuerzas Federales es el diálogo que el Estado conoce. Ahora es Oaxaca, pero esto ha pasado en muchos otros territorios y con la misma impunidad”, responde.

No se trata de un gremio, ni de una región. Hay mucha gente desde muchas partes que están alzando la voz, se están organizando. “Y eso es lo que verdaderamente hará una transformación”.