Algunos señalan que por lo menos tres o cinco ex gobernadores y gobernadores podrían terminar el verano en los penales de alta seguridad

 

 

Las elecciones del 5 de junio no sólo dieron material para los politólogos y los sociólogos, sino también para todos aquellos que tratan de saber qué fue lo que pasó y por qué razón los votos acarreados para apostar por un candidato a gobernador, sirvieron exactamente para lo contrario.

 

Ya que terminaron por acuchillar con su propia compra del voto y con el acarreo, al que los había llevado hasta las urnas.

 

Y es que, parte de la venganza de los enojados, acelerados, defraudados e ignorados se consumó el 5 de junio. Sin embargo, todos esos polvos muy pronto traerán consigo una gran cantidad de lodo que al final del día será muy difícil de controlar.

 

Ahora la reacción de la Presidencia de la República ordenando la impugnación a las leyes de autoamnistía de los gobernadores salientes de Chihuahua, Veracruz y Quintana Roo, no es nada más que el prefacio de una serie de acciones y acontecimientos que están por desencadenarse.

 

En ese sentido, el portavoz del gobierno, Eduardo Sánchez, señaló que esta lógica afecta a la estructura troncal de la política, de las leyes y de la doctrina anticorrupción. Pero también es importante identificar que todo esto ya va siendo parte del menú principal que conformará al gran banquete del 2018.

 

En este momento, existe una competencia para saber quién es capaz de luchar mejor, más rápido y de manera más contundente en contra de la corrupción. Lo cual significa que el valor del símbolo hará que pasemos de las acciones legales a las acciones que son más contundentes desde el punto de vista de la percepción pública acerca de lo que representa esta nueva política.

 

Ya hay rumores para todos los gustos. Y algunos señalan que por lo menos tres o cinco ex gobernadores y gobernadores podrían terminar el verano en los penales de alta seguridad.

 

Pero lo que es evidente es que antes de que lleguen los nuevos y antes de que comience ese curioso ciclo -al estilo del incorruptible Robespierre- que se ha iniciado en la vida de nuestro país, existen dos alternativas. O se instaura una cierta racionalización y centralización de la exigencia de las responsabilidades, o sencillamente nadie sabrá la forma en la que pueden terminar las cosas.

 

Por lo tanto, lo que sí me parece viable, visible y dentro de la lógica de lo que está sucediendo, es el hecho de que se decida pasar de la impugnación a la acusación y de la acusación a los arraigos.

 

Y en ese contexto, las quinielas ya hablan de tres gobernadores: uno del partido tricolor, uno del PRD y finalmente uno del PAN.

 

Así que señoras y señores, ¡se admiten las apuestas!