DETRÁS DE LA NOTICIA

Se podrá estar o no de acuerdo con Manuel Andrés López Obrador (MALO), pero en un gesto de honestidad intelectual no se puede dejar de reconocer que es genialmente perverso.

 

 

Formado en el viejo Partido Revolucionario Institucional (PRI) en su carácter hegemónico, conoce bien a bien las cañerías del sistema político mexicano y los resortes del poder.

A la luz de su historia de vida, es innegable que el discípulo del poeta Carlos Pellicer y del politólogo Enrique González Pedrero, resulte uno de los políticos mexicanos más completos.

Tiene de sobra el carisma y liderazgo que le falta a otros destacados políticos mexicanos como el perredista Porfirio Muñoz Ledo o El Jefe Diego Fernández de Cevallos, panista.

Pero ello, le convierte al mismo tiempo con toda razón “en un peligro para México”, toda vez que no es exagerado señalar que está patológicamente obsesionado por ser presidente.

Auténtica ave de tempestades, ayer López Obrador obligó a desayunarnos con una nueva gran sorpresa política durante la entrevista mañanera con Ciro Gómez Leyva, en Radio Fórmula.

A lo largo de la interesante entrevista confirmó que ha empezado a dar un viraje táctico en su controvertida relación con dos actores a los que ha usado políticamente para crecer.

Para sorpresa de propios y extraños, primeramente, el dirigente del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), se pronunció por revisar la reforma educativa, no derogarla.

Manuel Andrés consideró que al derogar la reforma, el gobierno federal habría claudicado. El político izquierdista también lanzó un ‘guiño’ al PRD y abrió la puerta a una alianza en el futuro.

“La reforma educativa se tiene que revisar, no se puede derogar, porque esto significaría la claudicación del gobierno de Peña Nieto y no se trata de estar jugando a las vencidas, porque a nadie nos conviene la claudicación del gobierno. Se debe serenar al país para que la entrega de la estafeta en 2018 sea en calma”, indicó.

De botepronto pareciera que López Obrador abandona a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), pero no es así, de ninguna manera, se trata de una perversa maniobra más de las que acostumbra echar mano.

El líder de Morena reiteró que se debe llamar a un periodo extraordinario en la Cámara de Diputados para hacer la revisión de esta reforma y escuchar a los padres de familia, a los maestros y a los expertos; “es decir, hacer lo que no se hizo, pues hay que entender que las leyes se hacen para los seres humanos y esta no es una ley que ayude a la superación de los profesores, no ayuda a corregir deficiencias”.

Dijo también que la evaluación que se aplica a los profesores “es totalmente autoritaria y punitiva” y aseguró que no sólo está con aquellos agremiados a la CNTE, sino con los del SNTE y hasta con aquellos que no perteneces a alguna organización sindical.

Siguiendo su conocida estrategia de dar dos pasos atrás y uno adelante, se pronunció además, por liberar a aquellos profesores que fueron encarcelados y dijo que fue un exceso y una majadería acusarlos de lavado de dinero.

Como animal político que es el dirigente nacional de Morena olió ya el peligro que le significa la creciente indignación de millones de mexicanos por su apoyo a la revuelta de la CNTE.

No ignora, mucho menos olvida que millones de votos de las clases medias con aspiraciones de crecimiento y desarrollo personal, familiar y social, le han derrotado en las anteriores campañas presidenciales de 2006 y 2012.

Nadie mejor que él sabe perfectamente bien que de no dar un viraje y hacer un repliegue táctico nuevamente será derrotado por las clases medias en extinción en México en las elecciones presidenciales de 2018.

Maestro de la mentira y de las verdades a medias, Manuel Andrés, otra vez, trata de engañar a los amplios sectores que no ha podido motivar, menos convencer, de apoyarle y acompañarle en su aventura populista.

Ahora, nuevamente pretende utilizar a la militancia de base del Partido de la Revolución Democrática (PRD), después que usó dos veces sus siglas para imponerse como candidato presidencial en 2006 y 2012.

En la entrevista, López Obrador cambió la postura que durante los últimos años mantuvo con respecto a una eventual alianza con el PRD rumbo a la elección de 2018, al señalar que “se tendría que analizar”.

Sin embargo, puso como condición que “(en el PRD) tendrían que ser claros en el sentido de no hacer alianzas con el PAN, ni con el gobierno. La alianza sería posible sólo si se marca una sana distancia con el régimen”.

Así, López Obrador abrió la puerta al reencuentro entre los partidos de izquierda, aunque fue claro al señalar que “esto se revisaría en los órganos internos del partido”.

Su desmedida ambición personal es tomar por asalto el poder al precio que sea, no importa que se incendie el país, ya lo estamos viendo en Oaxaca e imponer en principio un gobierno populista al mejor estilo del viejo PRI con Luis Echeverría.

Pero el verdadero peligro para México es que a toda costa buscaría dar un golpe de Estado técnico desde el Congreso de la Unión para implantar una dictadura comunista del tipo de Nicolás Maduro en Venezuela.

O de los gobiernos socialistas de Evo Morales en Bolivia, de Rafael Correa en Ecuador, de Daniel Ortega en Nicaragua, Ollanta Humala de Perú o de Tabaré Vásquez en Uruguay. Y mantenerse en el poder de manera vitalicia, aunque por ahora lo niegue.

Ante la pregunta de si su mandato se prolongaría más allá de los seis años que establece la Constitución, López Obrador señaló que no tiene ánimos de reelección “pues si gano, será hasta 2024”. Al tiempo.

Finalmente adelantó que, de ganar, en su gobierno no habrá cacería de brujas, “mi fuerte no es la venganza, voy a llegar a cortar la corrupción, habrá justicia, no venganza, pues no tengo enemigos ni pienso tenerlos”.

 

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