Javier Duarte de Ochoa, el gobernador de Veracruz, es el gobernador más conocido del país. A diferencia del resto de los gobernadores que apenas se les conoce fuera de su entidad, a Javier Duarte lo conocen en México y en el extranjero por los escándalos de corrupción e impunidad que su gobierno ha protagonizado en las distintas esferas en que tiene injerencia.

 

 

Poco se puede agregar a los señalamientos que la Auditoria Superior de la Federación ha hecho al gobierno de Javier Duarte sobre el paradero de miles de millones de pesos que, simplemente, han desaparecido a través de empresas fantasma creadas ex profeso, o se han diluido en las transferencias electrónicas entre la Secretaria de Finanzas y Planeación del Estado (SEFIPLAN), la Secretaria de Salud (SESVER), el Instituto de Pensiones (IP).

 

Las protestas ciudadanas han dado cuenta de lo anterior. En diciembre de 2015, jubilados y pensionados, la mayoría de la tercera edad, que exigían el pago de sus pensiones (que hasta hoy son pagadas con retraso porque el Instituto de Pensiones está quebrado), fueron desalojados de la Plaza Lerdo en Xalapa por la policía estatal. En marzo de 2016, alumnos, profesores y sociedad civil ¿Quién que sea en Veracruz no es UV?, se manifestaron en distintas ciudades del estado para exigir al gobernador que pague el dinero que, hasta hoy, su gobierno le debe a la Universidad. El reclamo fue unánime y, en la consigna, el calificativo hacia un gobernador que la sociedad veracruzana ha padecido se hizo patente: “Duarte, ratero, devuelve el dinero”, “Duarte, marrana, devuélvenos la lana”.

 

Frente a las acusaciones de los universitarios, Javier Duarte respondió con el cinismo de quien inventa realidades para justificar su inoperancia o sus fechorías. Argumentó que ya había hecho el pago, luego que no tenía por qué pagar al Instituto de Pensiones lo correspondiente a los trabajadores de la Universidad y, cuando la realidad y las pruebas documentales lo superaron, no le quedó más que sentarse a negociar con las autoridades universitarias un calendario de pago que, hasta la fecha, no ha cumplido.

 

Así, el gobernador Javier Duarte es experto en crear realidades alternas anclado en el cinismo. Muestra de ello no es sólo su discurso frente a las manifestaciones de la UV; en octubre de 2014, cuando en la entidad se sufría el embate del crimen organizado, Duarte tuvo la ocurrencia de afirmar que Veracruz pasó de balaceras y homicidios a robo de frutsis y pingüinos del OXXO.

 

En el cinismo del gobernador, sus redes sociales han jugado un papel muy importante. Su cuenta de twitter @Javier_Duarte un monumento al cinismo y a la creación de realidades alternas, una especie de Duartelandia cibernética define al mandatario veracruzano como sinónimo de RESULTADOS (Javier Duarte= RESULTADOS) y, manipulando la realidad, Javier Duarte publica resultados que apenas existen, tuiteando, por ejemplo, que “Veracruz es la entidad con el mayor número de delincuentes detenidos dedicados al secuestro”, en el contexto de la desaparición forzada por policías de los jóvenes en Tierra Blanca en enero de 2016.

 

En el colmo de la incontinencia tuitera y la intolerancia, el gobernador veracruzano tuiteó un video en el que declara que “mi gobierno y mi persona fuimos objetos de diversos cuestionamientos sin fundamento a costa del descredito de nuestras instituciones […] los desvíos de los que se habla sólo existen en la mente tortuosa de quien sí tiene denuncias formales por enriquecimiento ilícito”

 

Javier Duarte también ha ocupado su twitter para denostar y atacar a quien le critica. No sólo recurre al bloqueo de periodistas para que no puedan etiquetarlo, también emprende bravatas digitales contra quien le señale algún error o desacredita candidatos en plena contienda electoral, su último tuit, contra el excandidato priista a la gubernatura Hector Yunes, publicado el 12 de julio de 2016, no tiene desperdicio pues ilustra de manera extraordinaria la intolerancia y el cinismo referidos: “Hector: yo gané contra el mimo adversario, en tu campaña respeté tu estrategia no esperes un resultado distinto si sigues haciendo lo mismo”.

 

Pero la intolerancia de Javier Duarte, admirador del dictador español Francisco Franco, no se ha reducido al ciberespacio, en septiembre de 2011 propuso una reforma al Código Penal de Veracruz a partir de la cual se creó el delito de perturbación del orden público para castigar afirmaciones falsas a través de cualquier medio. La Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró a esta reforma “violatoria de los derechos humanos consagrados en la Constitución”, específicamente la “libertad de expresión, derecho a la información, legalidad, seguridad jurídica y exacta aplicación de la ley penal”, características que, vistas a las distancia, tenían las leyes del régimen franquista, como franquista fue el comentario que el gobernador hiciera a los periodistas en agosto de 2015, un día antes de la muerte del fotoperiodista de Proceso, Rubén Espinosa, quien había denunciado ser víctima de acoso por parte del gobierno de Javier Duarte: “Qué les quiero pedir compañeros y compañeras, y se los digo por ustedes y sus familias, pero también por mí y mi familia porque si algo les pasa a ustedes al que crucifican es a mí: pórtense bien”.

 

Por otro lado, los priístas cercanos al gobernador Javier Duarte han dado muestra de sufrir del mismo cinismo y la intolerancia del gobernador. En agosto del 2015, frente a los señalamientos de intelectuales como Juan Villoro y de luchadores por los derechos humanos como el sacerdote Alejandro Solalinde, el entonces presidente del Comité estatal del PRI, Alfredo Ferrari, refrendó el apoyo del PRI al gobernador, señalando que “los veracruzanos rechazamos denigrar su gobernabilidad y su imagen […] El silencio no será la respuesta a los infundios de quienes escudados en la libre expresión que el Estado garantiza pretendan debilitar a nuestras instituciones”.

 

Otro ejemplo del cinismo y la falta de autocritica priista en Veracruz lo ejemplifica Corintia Cruz, exsecretaria general del Comité Directivo Estatal del PRI en el periodo 2014-2018 y excandidata a diputada del congreso local pues, durante una entrevista a finales de mayo de 2016 para Acropolis Multimedios en el contexto de su campaña, a pregunta expresa sobre la actuación del gobernador Javier Duarte dijo: “Yo creo que a Javier Duarte le ha tocado vivir una situación coyuntural muy complicada en la cuestión económica, la historia será la que lo juzgue, los ciudadanos en su momento. Tiene todavía un trecho de cumplimiento ante un mandato constitucional y, en su momento, cuando él concluya este periodo constitucional, será la historia la que lo juzgue y todos los ciudadanos la que lo digamos (sic). Esta coyuntura que estamos viviendo en Veracruz, hoy es muy complicada y finalmente requiere también de poder concluir el mandato”.

 

La postura de la ex secretaria general del PRI veracruzano mostrada a lo largo de toda la entrevista referida, bastaría para explicar por qué los diputados locales del PRI y sus aliados del Verde Ecologista han apoyado lo que se ha llamado el paquete de impunidad con el que, según distintos analistas, el gobernador Javier Duarte pretende blindarse luego de abandonar el poder y, ante el cual, la Procuraduría General de la República ha interpuesto una acción de inconstitucional ante la Suprema Corte de Justicia. Sin embargo, este proceder no es nuevo en el gobierno de Javier Duarte pues, como lo refirió Homozapping en 2015 en febrero de 2015, frente al proceso electoral se avecinaba, el gobernador colocó, cínicamente, a diversos políticos que se encontraban y encuentran bajo señalamientos de la Auditoria Superior de la Federación en puestos clave donde el dinero federal y veracruzano fluía y hoy falta, como es el caso de Ricardo Sandoval, Alberto Shadid Manzur y Ranulfo Márquez.

Así pues, aunque los priistas actúan de manera cínica en el congreso local protegiendo a Javier y ante la ausencia de autocrítica por decir lo menos de la exsecretaria general del PRI, Corintia Cruz, esta no se equivocó en cuanto a que serán los veracruzanos los juzguen a Javier Duarte pues, hoy, en las calles veracruzanas y en las redes sociales, al gobernador se le califica como ratero, cínico e intolerante.

 

Homozapping