1).- Una lucha sin brújula

Los hay y valiosos, sin duda alguna, pero en general, el maestro de la CNTE se asume revolucionario, promotor del cambio, ideólogo de la lucha social y hasta combatiente encapuchado, pero que el gobierno represor le deposite su quincena. Su meta es la lana. No es la superación, el mejoramiento profesional, la educación de calidad, así sea un remedo socialista. No. Su objetivo es pervivir de su salario, más conformista y mediocre en tanto más jugoso. La seguridad en su empleo, en donde medra de la educación, es conditio sine qua non de su proyecto futuro; el quid de su propia vida. Cualesquier intento de sacarlo de su ambiente de confort es una agresión; es una afrenta; una amenaza. He ahí la aberrante oposición a evaluarse; al menor asomo de cambiar de estatus. En ese afán es capaz de cometer las peores aberraciones, incluso golpear y humillar a sus mismos compañeros. Incendiar, extorsionar, chantajear.

 

 

 

Su incongruencia sólo genera risa. He ahí la certeza de que otros le mueven los hilos. Por la mañana atenta en contra de las empresas trasnacionales; por la tarde acude a comprar la despensa o los carros. Exhibe al gobierno represor, pero hace cola en los bancos para cobrar “el chivo” que éste le deposita. Su formación elemental no le permite atisbar siquiera su entorno. Por ello va en contra de todo. En la edad de piedra los mentores serían felices, obvio, con sus satisfactores asegurados: la plaza para el hijo que será maestro, trabajar dos o tres horas al día, muchos días de asueto, un aguinaldo generoso y regodearse en una felicidad utópica.

 

2).- Ni acuerdos ni pactos

 

Las mesas de diálogo entre la Segob/CNTE han sido un diálogo de sordos. Un gobierno federal de rodillas ante un poder fáctico que aterroriza. Un Estado endeble, caricaturesco, en donde la ley es una ficción. El diálogo sumergido en la opacidad y la discrecionalidad. Una afrenta a los tiempos de transparencia y rendición de cuentas, que exhiben la práctica ancestral en el magisterio disidente: negociar en lo oscurito; lograr acuerdos vergonzantes y no comprometerse a nada. Miedo a exhibir su torpeza, su incongruencia, su mediocridad. En torno a su soterrada exigencia de abrogar la Reforma Educativa, tuvo que salir AMLO a enmendarle la plana y espetar su ignorancia. La CNTE/Sección 22 no cumple acuerdos. Desconoce los pactos de caballeros. Las reglas elementales de la conciliación política. Le apuesta a la beligerancia, cierto de que sus actos quedarán en la impunidad. Por eso se victimiza a la menor provocación. Busca la muerte de los suyos o de los ajenos -ahí está Nochixtlán- para regodearse en la sangre y sacar provecho. Es un buitre potencial. Levanta la izquierda en señal de triunfo, pero se llena los bolsillos con la derecha. En el fondo, dice pensar como Carlos Marx, pero quiere vivir como Carlos Slim.

 

3).- Del folklore al chantaje

 

Desde 1932 en que se inició como “Homenaje Racial”, pasando por los “Lunes del Cerro” y su transfiguración en “La Guelaguetza”, hasta 2006, la llamada fiesta máxima de los oaxaqueños jamás interrumpió su celebración. Con sus claroscuros, su acartonado “Comité de Autenticidad” y el estilo propio que le han impuesto los gobiernos en turno. Con las estilizaciones de algunos bailes; los sofocantes bautizos y mayordomías que han sustituido la animación folklórica y una originalidad que cada día está más en entredicho, es innegable que se trata de un espectáculo único en su género. Todo caminó digamos con normalidad ¿Cuándo y por qué La Guelaguetza devino instrumento de presión, de chantaje y bandera del Cártel-22 y adláteres?

 

En 2006 fue cancelada. El templete fue incendiado. El odio, el encono y su contraparte, la sinrazón, permearon. Partiendo de la premisa de que se trata de un evento abominable; un espectáculo para los ricos; la expresión más acabada de la explotación de nuestra identidad originaria y el pasado indígena, nada tiene que ver con un escenario de vehículos incendiados, bloqueos carreteros y discursos demagógicos. La expresión sólo causó hilaridad en las redes sociales. El promotor debe haberse sentido como el escarabajo de F. Kafka. Menos tiene que ver con líderes mercenarios y corruptos, alargando la mano para que el gobierno les financie su “guelaguetza popular”.

 

 

 

BREVES DE LA GRILLA LOCAL:

 

— Plumas mercenarias llama el EPR a quienes no comulgan con su movimiento o con su ideología acartonada, que se quedó en la prehistoria del marxismo. A nosotros no nos cuentan historias. Nuestra formación en las Normales Rurales nos enseñó los rudimentos de la lucha social; nuestra formación marxista en la UNAM los echó por tierra. No fue sólo la lectura de Lenin, sino la de RudiDutschke, “que lo puso sobre los pies”; la socialdemocracia de K. Kautsky, R. Luxemburgo y K. Liebknecht; el eurocomunismo con Fernando Claudín o la crítica al fundamentalismo soviético de A. Gramsci, C. Castoriadis, N. Poulantzas y, posteriormente, Erick Hobsbawm y hasta los “sesudos análisis” –ésos sí- de otros pensadores como George Steiner eIsaiahBerlin, sobre el pensamiento de Marx, entre otros.

 

La verdad nunca nos sentimos amenazados por el EPR. Tampoco intimidados. Admitimos, eso sí, que criticamos sus métodos, porque hemos sido testigos de primera fila. En 1977 advertimos la intromisión de la UP, luego PROCUP-PDLP-EPR en el Movimiento Democrático de la UABJO. En 1980, en la formación de la CNTE. En 2006, el tufo era inconfundible. Los métodos son los mismos. No obstante, jamás compartiremos “la lucha” de un magisterio servil, liderado por corruptos, acomodaticios y mercenarios. Revolucionarios de dientes para afuera, que le apuestan a fomentar la ignorancia y viven como reyes de una educación que a menudo vulneran. Tampoco con movimientos que no tiene ni proyecto de Estado. No somos ni seremos plumas al servicio del Estado, menos policías o proclives a la represión. Fin de la historia.

 

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