Joel Aquino, asesor del EZLN, teórico de la comunalidad, ex preso político y voz imprescindible de los indígenas de Oaxaca. Foto: Arturo Cano

 

 

Oaxaca, Oax.- En un patio y bajo un solazo que no lo hace parpadear, Joel Aquino Maldonado, líder zapoteco que antes de ser asesor del Ejército Zapatista de Liberación Nacional ya sumaba muchos años de teórico de la comunalidad, preso político y voz imprescindible de los indígenas de Oaxaca, desmenuza la situación actual: a las promesas incumplidas de siempre, sostiene, se ha sumado el desengaño terrible respecto de Gabino Cué, y como consecuencia muchas comunidades están al borde de un alzamiento, incluso armado.

 

Hace 10 años, asegura, las protestas tuvieron como punto de partida las demandas gremiales del magisterio. Ahora, asevera, muchas comunidades indígenas comenzaron a movilizarse en apoyo a los maestros, pero han continuado con su propia agenda debido a que sus demandas históricas no han sido atendidas y a la corrupción que ha sido el sello del gobierno de Cué.

 

Crítico despiadado del gobierno de la coalición, Aquino señala que el actual gobernador nunca pudo corresponder al máximo esfuerzo que hicieron los pueblos indígenas para sacar al PRI del poder.

 

Crítico y defensor

 

Aquino es defensor del papel esencial que han desempeñado los maestros en las localidades indígenas. Su charla está poblada de historias que reivindican el papel de los profesores, no sólo como educadores, sino también como asesores en la gestión y la defensa de las comunidades, como personas concientes dedicadas en cuerpo y alma a su trabajo.

 

Eso no impide que el dirigente –originario de Yalalag, en la Sierra Norte, donde sigue viviendo– sea crítico de la sección 22: Debe rectificar su línea. No es posible de sólo estén luchando por las cuestiones gremiales. Tienen derecho a mejores salarios y a mejorar profesionalmente, pero no tienen derecho a abandonar las comunidades.

 

Aquino resume así lo que se ha escuchado en estos días en asambleas y mítines de maestros, padres y autoridades municipales. Y añade: Quizá a la 22 le hacía falta tener presos, porque si no los metían a la cárcel era porque no los veían como amenaza. Ahora es tiempo de que la 22 aproveche las lecciones que el movimiento ha dado en este corto tiempo.

 

–Dejar de apoyar a maestros que llegan los martes y se van los jueves.

 

–Y no porque vayan a las protestas. Es una vieja práctica tolerada por las autoridades y propiciada por el sindicato.

 

Aquino no generaliza: Hay profesores muy comprometidos, eso es indiscutible. En la zona mixe o en la Sierra Norte son asesores. A lo que teme el gobierno es a las comunidades asesoradas por profesores o sus hijos que han ido a la universidad, que tienen mucha capacidad política y además no han perdido su conciencia de clase y, sobre todo, su conciencia étnica.

 

La solución, sin embargo, no la mira por el lado de las amenazas que ahora suenan a viejo: Supongamos que en Yalalag corrieran a 20 maestros. ¿De dónde van a traer a los remplazos? Ahí habrá dos que hablan zapoteco, lo que es una grave limitación. ¿De dónde va a sacar la SEP profesores bilingües? Formar un maestro para las comunidades de Oaxaca no es fácil.

 

Existe, reconoce, un primer ensayo en la normal bilingüe de Tlacochahuaya (que se ha replicado en otros lugares del país): Pero ese proyecto se pervirtió porque el sindicato metió las manos y la pelea por las horas fue interminable.

 

Por ahora, sin embargo, el Ieepo (Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca) es un desastre. Hay muchas comunidades que llevan meses solicitando reposición de maestros. En Yalalag, que siempre había tenido la planta completa, ahora faltan maestros.

 

Todos los políticos, incluyendo al gobernador, han dejado sin respuesta los tres grandes pendientes de los pueblos indígenas: mejorar la educación, frenar la migración y recuperar la autosuficiencia alimentaria. No hay un solo programa de los gobiernos federal ni estatal para enfrentar estos tres problemas.

 

Para Aquino, las batallas más importantes de hoy no se están dando en la capital del estado ni en las cabeceras municipales, sino en muchas de las 13 mil comunidades del territorio oaxaqueño que padecen abandono y corrupción.

 

Aquino pone como ejemplo Yalalag, su municipio, que no llega a 2 mil habitantes –aunque se calcula que unos 4 mil, contando sus descendientes, están en Estados Unidos– y tiene 160 servidores que trabajan conforme el tradicional sistema de cargos. Nuestro trabajo equivale al monto de las participaciones federales de los ramos 28 y 33.

 

El gobierno no sólo no aporta, sino que el saqueo y la corrupción se han extendido hasta alcanzar a las administraciones municipales e incluso a las pequeñas agencias.

 

Corrupción de arriba abajo

 

Para sus funcionarios, asegura Aquino, el Ieepo siempre ha sido una mina de oro.

 

–¿No lo era para la sección 22?

 

–Para la 22 desde luego, pero sobre todo el gobierno priísta. La 22 nunca tuvo los puestos clave. Antes de que se descentralizara procuraban enviar un hombre con un perfil profesional. Después quedó en manos de una mafia.

 

Aquino repasa, con sus nombres y apellidos, a los directores del Ieepo. Califica a un par de ellos de perfectos delincuentes; del resto, sólo puede decir que no tenían nada que ver con la educación.

 

Con el ejemplo de su lugar de origen, Aquino dibuja el panorama de las escuelas en Oaxaca: en malas condiciones, sin Internet, con equipos obsoletos –cuando los hay– y, en una falla atribuible al nuevo Ieepo, la falta de maestros.

 

En 1998, cuando se descentralizó el manejo de recursos municipales, refiere Aquino, la corrupción se generalizó, pues de la mano de los dineros llegaron los contratistas, siempre ligados al PRI, a apoderarse de las obras, encarecerlas y hacer partícipes de los diezmos a los alcaldes y autoridades locales.

 

El gobierno se ha empecinado, afirma, en que las obras se hagan por contrato, pese a que las que suelen levantarse en comunidades indígenas –caminos, aulas, sistemas de agua potable– no requieren una ingeniería complicada.

 

Cuando las comunidades hacen una brecha, tiene un costo 50 o 100 por ciento menor. Pero desde 1998 el saqueo ha sido espantoso, al grado de que divide y confronta a las comunidades.

 

Las pequeñas localidades son cotidianamente excluidas de las obras y beneficios por alcaldes que prefieren quedarse con los recursos, porque ahí llevan un porcentaje de ganancia.

 

La disputa por el dinero ha dado lugar a graves enfrentamientos, como ocurrió en Cotzocón, donde la rebatinga por 60 millones de pesos derivó en una matanza en la que perecieron cuatro policías estatales y al menos un número igual de pobladores. Esa situación, que se ha repetido en otras partes del estado, ha provocado que hoy existan comunidades al borde de la lucha armada, por tanta corrupción y por la incapacidad del gobierno.

 

En la Oaxaca rural, insiste el dirigente, estamos al borde de una catástrofe. No hay alimentos ni salud. El saqueo es una barbaridad. Y para colmo ya tienen marcado dónde van a entrar las mineras. Eso es lo que en este momento está incendiando Oaxaca.

 

Joel Aquino dice que vienen tiempos duros. Que a los viejos agravios de los gobiernos priístas se han sumado los nuevos del gobierno de la coalición. Para los tiempos difíciles que, insiste, están por venir, el líder zapoteco tiene una frase que comparte en la despedida: Ben dip lhaxo (Haz fuerte tu espíritu).

La Jornada / Arturo Cano