Un aspecto hasta ahora poco observado por los analistas políticos es el grave riesgo de balcanización del país, a raíz del rotundo rechazo a la Reforma Educativa en los estados del sur.

 

 

 

El riesgo es tan real que la paz social ha sido rota por la revuelta estallada por la CNTE en Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Michoacán, el Estado de México y la propia Ciudad de México.

No es exagerado hablar de balcanización porque este término geopolítico describe el proceso de desintegración o división de una región o estado en partes, como ocurre en el sur del país.

Indispensable es preguntar por qué el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto permite no sólo la fragmentación, sino la división y enfrentamiento entre los mexicanos sureños.

En el caso del corredor antes mencionado los millones de habitantes de dichas entidades federativas enfrentan ya más de dos meses de ‘paro loco’ de las secciones magisteriales.

De manera entendible, jamás justificable, los gobiernos federales en turno se han dedicado a administrar y no a resolver el prefabricado conflicto magisterial a lo largo de 36 años.

Más que explicable porque el surgimiento de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación fue auspiciada por el presidente Carlos Salinas, a través de Manuel Camacho.

No obstante estas complicidades históricas a la fecha el riesgo país es sumamente alto, dado que por razones naturales la región convulsionada tiene ubicación estratégica geopolítica.

Oaxaca, no es sólo la parte más angosta del continente, después de Panamá y el Golfo de Fonseca en Nicaragua, sino que es el canal terrestre interoceánico más importante en el país.

Es, además, hoy por hoy el corredor energético más importante del mundo globalizado por su

enorme potencial en materia de generación de energías limpias, mediante la fuerza del viento.

Y por si todo ello fuera poco a considerar Oaxaca cuenta con la única refinería en el Pacífico hacia los cuatro tigres del sudeste asiático Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwán.

Al mismo tiempo, la posición geográfica privilegiada de Oaxaca le permite contar con la mayor zona en materia de biodiversidad en la zona de los Chimalapas, después del Amazonas.

A la luz de esta realidad que comparte Oaxaca con Chiapas, Guerrero y Michoacán, obligado es preguntar por qué la Federación no ha dado prioridad a la solución del conflicto magisterial.

Por qué el gobierno federal permitió la vigencia del Acuerdo del gobernador Heladio Ramírez del 28 de octubre de 1992 que entregó el poder y el dinero del IEEPO a la Sección XXII.

Por qué el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto permitió la ruptura del Pacto Federal por parte del gobernador Gabino Cué al enviar como Ley Estatal de Educación el Plan de la CNTE.

La iniciativa enviada por Gabino a la LXII Legislatura del Congreso del Estado no es más que la formalización jurídica del Plan para la Transformación de la Educación de Oaxaca (PTEO).

Pero hay todavía acciones inconstitucionales más graves como los acuerdos en lo oscurito entre el subsecretario de Desarrollo Político de Gobernación y la Sección XXII de la CNTE.

Con la firma de estos acuerdos ilegales que respetaban y mantenían los privilegios del magisterio oaxaqueño Luis Enrique Miranda no sólo traicionó a México, sino a la propia CNTE.

Al margen que la ignorancia de las leyes no exime de responsabilidad alguna ni Miranda Nava ni los dirigentes de la Sección XXII pueden alegar a su favor ingenuidad menos buena fe.

Por qué el subsecretario de Gobernación, dependencia responsable de la política interior del país violó abiertamente la Constitución al atentar contra los derechos humanos a la educación.

Por qué no se ha cesado a Luis Enrique Miranda Nava y se le mantiene en el estratégico cargo que sigue detentando. Es más, por qué se le permite seguir negociando con el magisterio.

En lugar de ser llevado a juicio político por el Congreso de la Unión, el gobernador Gabino Cué fue premiado con la presidencia de la Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO).

A la distancia resulta totalmente entendible que ello haya ocurrido de esta manera, en virtud que legitimó la recuperación de la rectoría educativa en Oaxaca al desaparecer el viejo IEEPO.

Hoy, Gabino Cué se olvidó por completo de estar en Oaxaca, ya no digamos gobernar el Estado, porque nunca lo hizo, y está dedicado a legitimar las acciones educativas del gobierno federal.

Entendible porque seguramente forma parte del pacto de impunidad logrado con el presidente Peña Nieto. Finalmente, mientras él se salve que se joda y hundan Oaxaca y los oaxaqueños.

El futuro más inmediato se torna sombrío por el nuevo rompimiento de las mesas platicadoras en la Secretaría de Gobernación con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

La violencia sigue más que latente en los estados incendiados por la CNTE como lo prueban los últimos acontecimientos en Michoacán y Chiapas. Son previsibles nuevos enfrentamientos.

Por qué, pues, el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto permite que la Patria se siga desangrando al enfrentarse entre sí los mexicanos de los estados del sur. ¿Hasta cuándo?

La salida y solución al conflicto magisterial y de las organizaciones sociales participantes es la aplicación irrestricta de la Ley contra todos aquellos que la violen desde el gobierno y la CNTE.

Pero en el marco de la Ley es necesario, también, perfeccionar las normas de la controvertida Reforma Educativa, a fin que sin renunciar al Estado de Derecho se mejoren sus disposiciones.

 

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