Ernesto Torralba

Oaxaca.- El representante de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en Oaxaca, Carlos Rojas Gutiérrez, advirtió que el país “se nos está diluyendo entre las manos: Inseguridad creciente, matanzas cotidianas y ocultamiento de hechos dramáticos; resultados económicos mediocres y obsesión por aplicar un modelo económico que lo único que ha producido son millones de pobres”.

 

 

“México está a un verdadero tris de partirse, de violentarse, de que caigamos en una espiral de provocación, violencia, represión y rencor imparable. ¡Hagamos algo!”, señaló, por lo que plantea encontrar soluciones mediante el diálogo abierto.

 

Rojas Gutiérrez consideró que todos estamos de acuerdo en que es “inaceptable que el sindicato, oficial o no, dirija y administre la educación pública; tampoco es razonable heredar plazas o que los normalistas obtengan un espacio laboral automáticamente, como sucedió por muchísimos años”.

 

Señaló que el diálogo abierto permitirá que no haya “campañas publicitarias que traten de construir culpables ni demagogias gubernamentales de mejoras estadísticas que muestran lo “bien” que estamos o cómo hemos mejorado, o supuestos desabastos, que más parecen ser el pretexto anticipado de la represión; o también que los líderes de la CNTE dejen de mantener como rehenes a todos los ciudadanos del sur y de seguir con la estrategia de mantener indefinidamente el conflicto hasta que las autoridades se doblen”.

 

En una carta pública, el extitular de la Sedesol en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, demandó también que el dialogo entre las autoridades federales y estatales, y los representantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) sea abierto y público, para solucionar el conflicto magisterial que inició el pasado 15 de junio y que ha puesto en crisis la economía del estado: “la mejor receta es la transparencia. La solución está en el diálogo y para que funcione y nos comprometa, tiene que ser público, delante de todos”, señaló.

 

En la Carta por México, advierte que se ha registrado un crecimiento desmedido de la deuda pública, con un gasto público que obedece los dictados de organismos internacionales, “sin orden ni estrategia, privilegiando obras cuestionadísimas y dejando de lado lo básico; una política social que se ha dedicado a la entrega individual de recursos públicos a millones de mexicanos que no han servido para nada y sólo han contribuido al clientelismo y rompimiento del tejido social”.

 

Rojas Gutiérrez señala que hay ausencia de políticas de atención a los jóvenes y, al mismo tiempo, opacidad en las cuentas, “una corrupción galopante en la burocracia, concursos amañados y una ambición desmedida en la entrega de contratos y supuestas asociaciones público-privadas que no son otra cosa que negocios particulares que todos deberíamos rechazar y reprobar”.

 

Señala que “no hay casi nada en el horizonte que nos haga sentir aunque sea un poco optimistas, o menos pesimistas; al contrario, basta abrir cualquier periódico o medio e informarse de lo que pasa en la cotidianidad mexicana para asegurar que la profundidad de este pozo en el cual hemos caído no tiene fin”.

 

En un duro diagnóstico de la situación del país, el académico destaca que vamos “de sorpresa en sorpresa por el escándalo del día; de matanza en matanza por la impunidad; del descrédito y desconfianza hacia las instituciones por la incapacidad del gobierno de atender los reclamos sociales; por su dejadez e incapacidad para actuar con oportunidad; por su costumbre de mentir y tratar de ocultar la verdad y proteger la corrupción que los desborda. Por su silencio”.

 

Rojas Gutiérrez cuestiona: “¿Qué México le vamos a entregar a nuestros hijos y nietos? Seguro no merecen esto. Por eso necesitamos un cambio radical, y no me refiero con ello a alentar o tener nuevos mesías, profetas o adalides de la justicia que no son otra cosa más que modernos demagogos. No! Me refiero a un cambio que construyamos muchos, todos, con verdad, visión y honradez, con el único propósito de que los mexicanos logremos vivir en paz y con dignidad”.

 

Dijo que los estados del sur viven, nuevamente, una severa crisis y que el momento político exige la voluntad y contribución de todos para que “los problemas se puedan resolver de la mejor manera y en paz (el texto, obvio, fue redactado antes de los sucesos de Nochixtlán). Si no atinamos a encontrar soluciones que le den una nueva esperanza a los sureños para incorporarse plenamente al desarrollo del resto del país; si no logramos construir soluciones mediante la palabra, habremos fracasado y todos tendremos parte de responsabilidad”.

 

Cuestionó que el diálogo entre las autoridades y la Secretaría de Gobernación, con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación sea “privado, reservado, casi a escondidas? ¿Por qué no hacerlo público, delante de todos los medios, con asistencia de legisladores, de gobernadores de los estados y una representación de autoridades locales?”.

 

Rojas Gutiérrez critica también la postura de las autoridades sobre la inmovilidad de la Ley de Educación y pidió escuchar las razones de los maestros, “que sus argumentos sean públicos y se analicen con transparencia y honradez. ¿Cuáles son sus propuestas? ¿Qué ideas tienen? ¿En qué no están de acuerdo?”

 

Se pronunció por corregir la ley educativa, “cuando menos algunas cosas que hemos escuchado por parte del magisterio que son razonables y comprensibles”.

 

Dijo que la CNTE tiene razón en que una evaluación homogénea es incorrecta y deja en desventaja a los maestros de las zonas marginadas, “para los que conocemos alguna comunidad campesina o indígena nos queda claro que los profesores hacen un enorme esfuerzo para prepararse y cumplir con su trabajo, sin embargo, la condición territorial y socioeconómica de las comunidades, las condiciones de las escuelas, etc., los colocan en clara desventaja frente a otros colegas que laboran o se han formado en regiones mejor desarrolladas o en las grandes ciudades”.

 

Señaló que no se entienden las razones para no aceptar que haya evaluaciones regionales que comprendan de mejor manera y con equidad, la circunstancia escolar y estudiantil de la educación.

 

Explicó que muchos jóvenes no tienen otra salida para progresar en la vida que el incorporarse al magisterio y un gran número se inscribió en las escuelas normalistas por carecer de otra opción, por lo que llamó a construir con ellos “sin autoritarismo. Hagámoslo con solidaridad y respeto, comprensión y corresponsabilidad”.

 

Dijo que en el diálogo público debemos poner todo lo que esté de nuestra parte para “encontrar la mejor solución para los niños y niñas, para nuestros jóvenes, que hoy, no tienen un futuro claro. Hagámoslo con transparencia, hablando con verdad y honradez, con paciencia y tolerancia”.