El cartón no pierde con el meme; al contrario, lo potencializa, asegura Darío Castillejos.

 

 

Monero o caricaturista, como sea que lo llamen, Darío, cartonista oaxaqueño de 41 años, considera que antes el cartón político tenía como premisa dar voz a los que no la tenían y sintetizar una queja, una denuncia; eso ha cambiado con las redes sociales. En la actualidad, con los memes, cualquiera pone a trabajar su creatividad y expresa su sentir.

 

“Algunos dibujantes dicen que el meme es un humor que le hace competencia desleal a la caricatura, donde cualquiera dice tonterías, donde hay desinformación. El cartón, por definición, es diferente y por ello es un reto”, detalla.

 

La visita del presidente Enrique Peña Nieto a Canadá es un episodio que ejemplifica cómo los moneros se vieron obligados a repensar sus cartones y a trabajar en mejores ideas.

 

“Ahora que Peña Nieto estuvo en Canadá, sacan la selfie de Trudeau (Justin Trudeau, primer ministro de Canadá) que viene con Obama y un copete a la mitad… eso es un cartón genial. Entonces, el reto para el cartonista es mayor”, señala.

 

Otro ejemplo es un cartón suyo, El espejo, con el que Darío ganó un premio en Brasil. Un limosnero que porta un espejo que refleja a quien está a punto de otorgar una limosna. Refiere que la idea del limosnero es un cliché, pero para ese cartón se inspiró en una frase: “la diferencia entre pedir y dar está en la posición de la mano”.

 

“Una idea se puede haber repetido mil veces, pero se puede decir algo distinto”, considera.

 

En su opinión, no hay una crisis del cartón político, sino todo lo contrario: los cartones tienen más vida y exposición gracias a internet.

 

“Las redes han venido a ser un vehículo increíble para compartir algo que antes era muy efímero. Quedaba en pasar la página y se acabó la vigencia del cartón. Algunos quedaban en el colectivo, pero por lo general pasaba. Hoy, en redes, se vuelven memes, se comparten, se enriquecen y andan por ahí adornando páginas”, explica.

 

Admite que hay riesgos: a mayor difusión y exposición, se pierde el control. Los cartones son publicados en medios sin autorización o son intervenidos y se publican sin consultar al autor.

 

Reconoce que es imposible conocer el destino de la imagen una vez que se publica en internet, pero es el riesgo implícito de la exposición viral que llegan a tener algunos cartones.

 

“En un medio tan anárquico como las redes, es difícil que se respete la autoría del cartón, pero no puedes estar peleando”, admite.

 

El cartón y la política

 

Darío acaba de publicar su libro Impresiones de un mundo desdibujado, editado por Almadía, en el que incluye un conjunto de cartones sobre la crítica al poder. Una recopilación de imágenes que ha publicado en 25 años.

 

“La caricatura tiene como tarea deformar, exagerar, sobrecargar… y la realidad está cada día más deformada, más sobrecargada, y los políticos están haciendo una competencia desleal”, expresa.

 

La deformación de los políticos ya no es tarea de los caricaturistas, sostiene Darío, sino de los propios políticos.

 

“Un político que pasa su gestión sin una caricatura se debe plantear realmente si quiere seguir en la política. Un político puede capitalizar la crítica, pero si no se habla ni bien ni mal de él, está equivocado”.

 

-¿Trump es un ejemplo del político al que hay que descaricaturizar?

 

-En su caso, hay que desdibujarlo, porque el tipo es una caricatura. Mediáticamente es un showman, un clown. No puede ser serio, pero hay quienes sí le creen porque viven en ese teatro, en el reality show.

 

La libertad de las redes.

Impresiones de un mundo desdibujado

Darío Castillejos

Almadía

156 páginas

 

Con información del periodico Reforma