Una manifestación en la plaza central de San Juan Chamula, en Chiapas, dejó un saldo de cinco muertos, entre ellos Domingo López González, presidente de ese municipio, y 12 personas heridas.

Ocurrió el sábado. No habían transcurrido ni 24 horas cuando en una emboscada fue asesinado el presidente municipal de Pungarabato, Guerrero, Ambrosio Soto Duarte, junto con su chofer. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, condenó los asesinatos de los alcaldes. ¿Hay algo extraordinario en estos sucesos? No podría afirmarse eso. Según datos de Inegi, el año anterior fueron registrados 20 mil 525 homicidios. 56 personas (hombres, mujeres, jóvenes, niños) fueron ultimadas en promedio cada día del año pasado. Literal: registrados. Habría que añadir a los no registrados. La cuenta sería macabra: los que yacen sepultados, los incinerados, los desaparecidos en el mar o en un río. ¿Se ha convertido México en la Patria de la muerte? Esta violencia afecta la vida de todos en todos aspectos. La actividad económica es una de ellas. Hay familias que han sacado del país a sus hijos porque aquí no están a salvo de un secuestro mortal. Es el bracerismo de la élite. Y Houston, San Antonio, San Diego, Nueva York, Miami, están poblados de centenares de miles de mexicanos. ¿Se les puede culpar de ser malos mexicanos, como lo hizo López Portillo?

Ah cabe destacar que en Oaxaca también le toco pero al esposo de la presidenta municipal de Mártires de Tacubaya, municipio perteneciente al distrito de Jamiltepec, en la Costa, el cadáver de Delfino Nieto Peláez, de 43 años de edad, fue descubierto anoche cerca.

Según sus familiares y la propia esposa del hoy occiso, Alba Mier Castellalos –alcaldesa electa de Mártires de Tacubaya y quien ganó por el PRI–, el campesino salió por la mañana de su domicilio a trabajar su parcela.

Con información de La Jornada / Dinero / Enriqye Galvan Ochoa