Oaxaca.- Las investigadoras del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Tecnológica de la Mixteca, Yannet Paz Calderón y Adriana Mejía Alcauter, señalaron que las mujeres oaxaqueñas son empleadas en trabajos mal remunerados, con largas jornadas laborales y con pocas o nulas prestaciones de salud, de vivienda o de seguridad social, sobre todo a consecuencia de la desigualdad y discriminación que padecen en materia educativa.

 

 

Yannet Paz Calderón, maestra en economía, y Adriana Mejía Alcauter, con maestría en Docencia y licenciatura en Letras Hispánicas, señalan en un estudio que las oaxaqueñas han experimentado una grave discriminación en el ámbito educativo, lo que ha provocado que cuando se integran al mercado laboral sigan siendo discriminadas, pues la poca educación que tienen refuerza el hecho de seguirlas discriminando en el área laboral.

 

Por ello, proponen implementar una educación de calidad a las mujeres en particular y a la sociedad en general, “educación que tenga como objetivo procurar un trato de igualdad para sus integrantes; pues discriminar a un sector de la sociedad, en este caso a las mujeres, deriva en consecuencias que no sólo las afecta a ellas directamente sino que repercute en todos los miembros de la sociedad, por ello la conveniencia de procurar el acceso de oportunidades a la sociedad en su conjunto, independientemente de su género, pues el beneficio del desarrollo social es para todos”.

 

Explican que la discriminación por género tiene su origen en la distinción social que se realiza en relación al sexo de los seres humanos, es decir que a partir de las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, “una sociedad elabora una ideología que establece y determina cuáles son las características que son propias a cada uno de los sexos”.

 

Las sociedades, indican, “transforman la sexualidad biológica en características de género, configuran un tipo de relaciones de poder entre hombres y mujeres y son determinantes en las oportunidades del desarrollo de las personas de una sociedad.”

 

Las especialistas señalan que una de las consecuencias de la relación desigual y de poder que se establece entre hombres y mujeres se ve manifiesta en las oportunidades a las que el género femenino puede aspirar en la sociedad.

 

“La discriminación por sexo es un fenómeno que no sólo establece distinciones entre hombres y mujeres, sino que esas distinciones generan relaciones de desigualdad que atentan contra la igualdad de oportunidades a las cuales ambos sexos deberían tener acceso”, explicó.

 

Acusan que las instituciones educativas no son capaces de absorber la cantidad de población que cada año está en edad de estudiar; en segundo lugar, los problemas estructurales que el país padece y que se han agravado con la actual crisis financiera, han provocado que las empresas y el Estado sean incapaces de crear los empleos necesarios para la población que los demanda.

 

A esta grave situación se agrega que vivimos en un país donde las mujeres, que constituyen la mitad de la población, no son tomadas en cuenta bajo las mismas condiciones que los hombres, “hace aún más difícil la participación de ellas en los diferentes ámbitos socioeconómicos”.

 

Una muestra de la discriminación educativa, señalan, es que a escala nacional las entidades con mayores niveles de alfabetización son las del centro y norte, mientras que Oaxaca, Chiapas, Veracruz y Michoacán ostentan una pobre instrucción, con una población indígena muy importante.

 

Acusan que a pesar de que Oaxaca cuenta con una ley en donde se establece que se debe “fomentar el respeto a los derechos de la mujer y propiciar su pleno desarrollo e igualdad dentro de la sociedad”, se encuentra entre los estados que ostentan una pobre instrucción formal femenina.

 

El promedio de escolaridad de la población femenina oaxaqueña de 15 años y más, pasó de 5.2 años en el 2000 a 6.64 años en el 2010, cifras muy inferiores a las que presentan estados como Coahuila, Nuevo León y el Distrito Federal, donde las mujeres pasaron de 8.6 años a 9.3 años de escolaridad en promedio para esos años.

 

Del total de población de 15 años y más en Oaxaca en el 2010, la población femenina que se encuentra sin escolaridad asciende a 16.8%, que aproximadamente son 233 mil mujeres. En relación a las mujeres alfabetas, se observa que la mayoría, poco más del 50%, tiene primaria o secundaria tanto terminadas como inconclusas.

 

En tanto, el porcentaje de mujeres que llegan al nivel superior y medio superior es del 23.2%. En general a nivel nacional ocurre lo mismo, sólo el 35.1 alcanza el nivel superior.

 

“Los bajos niveles educativos de las mujeres oaxaqueñas las coloca en clara desventaja, particularmente cuando entran al mercado laboral ya sea formal o informal, que indudablemente para ellas es menos regulado, igualmente lo es para las minorías étnicas y los jóvenes de ambos sexos”, señalaron.

 

En el ámbito laboral el panorama para el conjunto de los trabajadores “no es nada alentador y mucho menos lo es para las mujeres”, ya que desde el cuarto trimestre del 2005, 2009 y 2010 las condiciones laborales de las mujeres han tenido cambios mínimos.

 

Esto pone en evidencia que las políticas públicas estatales y federales no han tenido repercusiones importantes en las características del mercado de trabajo que enfrentan las mujeres en Oaxaca.

 

“La PEA femenina ocupada en los años que estamos considerando fue de aproximadamente el 98%, lo cual indica que prácticamente todas las mujeres que buscan empleo lo encuentran, es un buen dato que sobre todo es útil para fines políticos, lo que habría que investigar es cuáles son las características que tienen esos empleos”.

De acuerdo datos del INEGI, uno de los estados del país que más mujeres emplea es Oaxaca, donde 44 de cada 100 mujeres son económicamente activas, esto en parte se explica porque es una entidad con altos niveles de migración.

 

La PEA femenina en Oaxaca ha sido en los años de estudio aproximadamente de 550 mil, la mayoría de ellas trabaja en el comercio, restaurantes y alojamiento, ganando de 1 hasta 2 salarios mínimos (52.8%), mientras que el 23.2% no recibe ingresos.

 

Respecto a las jornadas laborales, un alto porcentaje trabaja de 35 horas hasta más de 48 horas, “si consideramos que varias de ellas son jefas de hogar, es casi imposible que puedan estar completamente al tanto de las diferentes necesidades no económicas que tienen sus hogares, como es la atención y cuidado de los hijos, lo que tiene repercusiones sociales muy complejas”.

 

Otra muestra de las desigualdad que padecen es que el 83.8% no tiene acceso a servicios de salud como derecho o prestación de su trabajo, “esto provoca que tanto ellas como sus familias sean vulnerables ante cualquier emergencia relacionada con la salud”.

 

El 57.3% de las mujeres trabajan en micronegocios que en algunos casos son de su propiedad y que pueden estar o no en el mercado formal, y otra actividad en la cual predominan las mujeres es en el trabajo doméstico remunerado.

 

Explican que “el porcentaje de mujeres que son empleadoras es muy bajo, apenas el 1.2%. En Oaxaca no existen las condiciones económicas para que las mujeres puedan iniciar negocios. Los datos confirman un proceso de segregación de las mujeres menos educadas. Las mujeres que viven en los hogares más pobres tienen actualmente una menor participación en el mercado laboral que sus congéneres”.

 

Durante los últimos años la proporción de mujeres ocupadas en actividades precarias se ha incrementado, y es notoriamente más alta que la de grupos de mujeres de hogares con mayor nivel de ingreso.

 

Las oaxaqueñas evidencias bajos niveles educativos; la mayoría de ellas apenas tiene acceso a cursar la primera o secundaria, pocas son las que tienen oportunidad de estudiar el nivel medio superior y superior.

 

Esta situación, recalcaron, trae como consecuencia que las mujeres no tengan acceso a buenas oportunidades laborales pues “son víctimas de distintas formas de discriminación en dicho ámbito ya que no tiene oportunidad de acceder a trabajos bien remunerados, los cuales a su vez, no cuentan con las prestaciones mínimas de seguridad social, de tal manera que las condiciones que se ven obligadas a aceptar son más precarias que las opciones a las que tienen acceso los hombres”.

 

“Podemos darnos cuenta de que estas mujeres se encuentran en un círculo vicioso que padecen simplemente por ser mujeres, pues la discriminación de que son objeto las pone en una situación de desventaja respecto a los varones, al no tener las mismas oportunidades de educación y, a su vez, de trabajo”, concluyeron.