Oaxaca, Oax.- Y sin embargo, la zona mixteca fue una zona muy urbanizada, económicamente muy fuerte, por donde pasaban las rutas comerciales más importantes de Mesoamérica. Y las rutas de colonización se dieron sobre ésta. Los evangelizadores dominicos llegaron entre 1528 y 1529 cuando había poblaciones muy grandes.

 

 

“Las más recientes estimaciones sobre la población por ejemplo de Coixtlahuaca, una de las ciudades económicas mas fuertes de la mixteca, es entre 50 y 100 mil habitantes; hoy apenas tiene como tres mil habitantes, era una ciudad hasta 20 veces o incluso más grande de lo que es hoy”, señala el también miembro del Comité Nacional del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS).

 

En ese escenario los dominicos empiezan a proyectar un programa ambicioso de evangelización, con la construcción de capillas, conventos, iglesias; trabajando muy cerca con la nobleza de los señoríos de la mixteca, pequeños grupos de converso, dice Van Doesburg.

 

Lo curioso es que en el mismo momento, las grandes epidemias que se presentan en la mixteca empiezan a generar un colapso. Las dos más fuertes, de 1545 a 1548 y la de 1576 a 1578, disminuyen dramáticamente la población, pero en ese momento, ya se había hecho la proyección de los enormes edificios que tenían la intención de albergar cientos de personas en su interior.

 

De acuerdo con el Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel II, a partir de esos momentos, la zona mixteca se estanca en una situación de marginación y ese es el inicio de la situación económica que conocemos hoy en día, donde la gran mayoría de la población indígena está excluida o marginada de los procesos económicos.

 

En cuanto a la promoción de la Ruta Dominica, dice que cualquier programa turístico forzosamente tendría que empezar en la comunidad y ésta siempre tiene que quedar con la sensación de que está en control de su territorio.

 

Cualquier proyecto turístico encierra el peligro de adecuar el lugar para el visitante y no para el que vive allá. En cualquier lugar lo vemos, dice el investigador Sebastián Van Doesburg. Hay dos modelos de desarrollo. Se invierte primero en la población existente y a través de su bienestar se atrae al turismo y el otro es atraer al turismo para que supuestamente deje suficiente dinero para que se pueda desarrollar la infraestructura para generar el bienestar de la población. Ese segundo modelo muy pocas veces pasa, explica.

 

Es un desafío que a la gente local le lleguen los beneficios. Y pregunta cómo se puede hacer para que el turismo, más allá de una bonita plática de una Secretaria de Turismo que promete de todo, pero dudosamente lo cumple, pueda convertirlo en realidad, cuál es el mecanismo para que los beneficios del turismo queden en una población.