Hay un hecho que valdría la pena destacar. Carlos Romero Deschamps —titular del Sindicato de Trabajadores Petroleros— ha estado muy callado, como si el sindicato no existiera.

 

 

 

Desde que supe identificar en el mapa dónde comenzó la invasión y dónde se consolidó el acuerdo entre La Malinche y Hernán Cortés que desencadenó trágicas consecuencias para nuestro país; Pemex era igual a México.

 

Porque no hay nadie, desde el Tata Cárdenas, que no haya identificado a nuestro país con Pemex. Donde existió una realidad innegable en la que por desgracia nunca nos tocó que se cumpliera la predicción del expresidente José López Portillo, ya que jamás nos tuvimos que acostumbrar a administrar la abundancia.

 

Y es que, repartir los tacos, las tortillas y el refresco sigue siendo el desafío de México.

En ese sentido, observemos los ríos de tinta, la traición a la patria y los juicios políticos para vender a Pemex. Aunque al final del día resultó que ya no había nada que vender.

 

Ahora baja la calificación de Pemex y de paso la de CFE. Aunque eso tiene poca importancia porque esas compañías se venden o se prostituyen mediante un convenio generalmente aceptado por todos.

 

Sin embargo, hay un hecho que valdría la pena destacar. Carlos Romero Deschamps —titular del Sindicato de Trabajadores Petroleros— ha estado muy callado, como si el sindicato no existiera.

 

Pero lo que ya no puedo creer es que mientras el país se endeuda —y hay que reconocerle a las autoridades económicas que han manejado esta crisis con sabiduría, ya que cualquier otro país hubiera quebrado—, mientras se preparan gigantescas operaciones de despidos, adaptaciones y ventas; Pemex va desapareciendo de nuestras vidas de manera casi imperceptible.

 

En esta ocasión, Internet no tuvo la culpa y tampoco las redes sociales, ya que Pemex no se fue en un tweet, porque se fue como consecuencia del abandono, la desidia, la codicia y la deshonestidad de administrarla mal.

 

Todos los que están en el poder piensan que es eterno. Qué pena que sólo sean conscientes de que eso se pierde al momento en el que los empiezan a perseguir para encarcelarlos.

 

En ese caso Pemex también es emblemático, ya que no debemos olvidar que el ingeniero Jorge Díaz Serrano —tan amigo del expresidente López Portillo— fue encarcelado por motivos de corrupción en su gestión como director de Petróleos Mexicanos, gracias a la depuración de Miguel de la Madrid durante su mandato.

 

Pemex se ha ido y todos sabemos cómo sucedió. El problema es saber cuándo y cómo volverá, y cuánto tendremos que trabajar para recuperar esa tercera parte de los ingresos del presupuesto federal que en algún momento aportó.

 

Mientras tanto sólo le pido a los dioses que ese trabajo que nos quede por hacer no consista en levantar un muro entre México y EE.UU.