Hasta el momento, Perú lleva dos elecciones donde el problema ha sido Fujimori sí o Fujimori no

 

 

Nada enseña más que viajar, nada es más ilustrativo que mirar el entorno. Y nada es más gratificante que observar que al final no es tan grave lo que nos pasa en lo colectivo y mucho menos en lo individual.

 

Perú es un país muy interesante, es uno de los países de América que más me gustan aparte del mío. Es un país que nunca se entregó porque luchó hasta el último inca.

 

Un país donde los limeños son como los centralistas porque creen que su ombligo es el de Perú. Eso es lo que explica que un japonés conocido como “El Chino” y un indígena como Alejandro Toledo fueran presidentes. Y que además el “Caballo Loco” —Alan García— tuviera dos mandatos presidenciales.

 

Y es que, Lima es Lima pero no es el corazón del Perú que es tan rico y variado. Y en ese sentido, conviene recordar que Perú y México son países donde termina Occidente y empieza Oriente. Ya que en Occidente, donde son tan presuntuosos, un siglo les parece que es la historia de la humanidad. Mientras que en Oriente saben que el tiempo se mide por milenios y el presente adquiere sentido porque es resultado del ayer.

 

Perú estrena Presidente, un hombre que no es joven, sin embargo, ¿quién puede decir qué es joven o viejo en estos tiempos? Sobre todo cuando hay tantas experiencias de Presidentes jóvenes que han sido desastrosos y de Presidentes viejos —como Ronald Reagan— que hicieron historia.

 

Hasta el momento, Perú lleva dos elecciones donde el problema ha sido Fujimori sí o Fujimori no. Porque en el fondo todos llevamos un Fujimori dentro en el sentido de que necesitamos eficiencia y orden, y eso es lo que “El Chino” le dio a su pueblo.

 

Ahora Pedro Pablo Kuczynski comienza su mandato en el aire, da inicio a un gobierno de tecnócratas y dicen que cuenta con pocos operadores políticos, aunque en el fondo eso da igual.

 

La sensación que tengo en este momento desde aquí, desde Lima, Perú —entendiendo por qué Vargas Llosa nunca pudo ganar la Presidencia— es que Kuczynski será el hombre al que le tocará poner en libertad a Fujimori.

 

El problema es que cuando Kuczynski quiera gobernar sólo lo podrá hacer con el apoyo de los fujimoristas y el precio de eso será trasladar al ingeniero del Penal de la Diroes a una casa y terminar con el mito.

 

Empieza una era en la que Perú se podría perdonar a sí mismo por extrañar en las noches de invierno al hombre del autogolpe de Estado, el que no respetó los derechos humanos, el que pudo acabar con la pesadilla terrorista y le devolvió la paz, no a los cementerios sino a las clases medias que exigen acciones como el sacrificio de mantener vivo al país. ¡Y esto sí que es un buen ceviche!