En Oaxaca, Guerrero, Hidalgo, Zacatecas, San Luis Potosí, Puebla, Chiapas son parte de los estados donde los “expulsados por el hambre” se buscan refugio entre la pobreza y las angustias de otros estados y de otros países. Hace muchos años, estando en Zacatecas, veía, en fechas especiales, llegar miles de indocumentados o de migrantes de Estados Unidos a los pueblos de donde salieran en camionetas llenas de recuerdos y regalos para los que se quedaron, todo era una fiesta, se realizaban las bodas, los bautizos, los compadrazgos, los noviazgos, los tratos, los compromisos, se cambiaban los dólares, se tocaba la tambora, se cantaba y bailaba y en algunas semanas la pobreza se recluía entre los polvosos caminos y las caras alegres de muchos que recibían los beneficios del trabajo y del esfuerzo de los otros que salieron. Ahí se fraguaban las idas y las venidas, se trataban con los coyotes y éstos recibían el compromiso o los adelantos para que otros fueran llegando a los centros donde estaban sus parientes. Miles de expulsados por el hambre salían después dejando esperanzas y llantos, lágrimas y promesas, abandonos con los cuales muchos viejos no sabían si volverían a verles después de esos días.

De uno de esos pueblos miserables de zacatecas salió la familia de Julián Nava que, después de muchos esfuerzos y años de sacrificios y trabajo lograra terminar siendo maestro de Historia en la Universidad de California y posteriormente, en la época de Carter, fuera nombrado embajador de Estados Unidos en México. Lo conocí en una conferencia sobre historia y nos hicimos amigos, siempre estaba tratando de ingresar muebles o cuadernos o libros para las escuelas, siempre se topaba con la burocracia y los topes que imponían los burócratas de aduanas y se impedía que llegaran esos materiales donados a los niños de las escuelas pobres de la zona, pero no dejaba de insistir, de buscar apoyos y ayudas para llevar algo de apoyo a los que más lo necesitaban, así, un buen día, llegó como embajador y ahí fueron cambiando muchas cosas, pudo apoyar a muchos jóvenes en sus estudios, luchar por mejorar condiciones de vida de muchos pueblos, pero son tantas las miserias y los miserables que no basta el esfuerzo enorme de uno solo o de unos cuántos. Tampoco dejó jamás de prestar apoyo a los proyectos solidarios de los mexicano-norteamericanos en California y así, un buen día nos invitó a Ignacio de la Mota y Oreja y a mí, a un recorrido por esa zona para ver lo que se hacía en tales proyectos…. Sin embargo, la miseria y la pobreza de los nuestros está acá, y los problemas mayores los tenemos con los nuestros y con los eternos explotadores en el campo de la política o en el campo económico, ya que nuestros empresarios no saben entender que es mejor generar empleos bien pagados a explotar sin misericordia a los nuestros para que mejor abandonen los empleos y se vayan a la informalidad o busquen los caminos para irse al “otro lado”.

Ahora, leo una pequeña historia de un gran mexicano, otro de los muchos que hay en este país y no son políticos ni empresarios, son gentes normales, pobres, valientes y trabajadores que han logrado salir adelante con los sacrificios increíbles de su esfuerzo y su valor, Edmundo Ramírez Martínez, también fue expulsado por el hambre y la pobreza y busco su camino en el “otro lado”, no era un Sueño, era la necesidad y el querer salir adelante, así cursó el Río Bravo, a nado, dormía fuera de iglesias y portales, comía de caridades, lloraba sin duda y tenía esperanzas, sufrió para poder emplearse como chalán de albañil y, poco a poco, pudo concluir su licenciatura en la Escuela de Economía. Él, es originario del estado de Hidalgo, de Ixmiquilpan, y de ahí ha sido nombrado cónsul Alterno en Seattle y en su estado natal ha sido diputado y funcionario gracias al apoyo de otro gran hidalguense Manuel Ángel Núñez Soto, que le dio oportunidad de trabajar y becado, alcanzar nuevos espacios y niveles de educación. Por supuesto que hay muchos ejemplos de éxito y de triunfo entre esos pobres que han logrado escalar, gracias a su trabajo o sus estudios, nuevos horizontes y nuevos niveles y es por esa razón que cuando vemos los obstáculos que imponen los burócratas para el buen desarrollo de los jóvenes que buscan estudiar o trabajar o las dos cosas para poderse desarrollar, nos indignamos, porque es así que no solo se entierran esperanzas y sueños, también se destruyen personalidades y gentes. Cientos de jovencitos se mandan a la delincuencia organizada para que sirvan de carne de cañón o miles de jovencitas son impulsadas a la prostitución o dejadas al garete, dejando pasar la oportunidad de poder estudiar para mejorar su vida y la de los demás. A miles, se les expone a las vejaciones y discriminaciones en los Estados Unidos o en otros países y estados. Mientras, burócratas de educación, se pasan relamiendo los bigotes y gozando de sus recursos y corruptelas mientras millones de jovencitos no ven ni por su presente ni por su futuro…y así en verdad, nos lleva la tiznada….