Alternativa para Oaxaca

A los oaxaqueños bien nacidos les debe preocupar y ocupar la superación del estado de cosas en que vive el Estado, la sociedad y las comunidades. Agraciadamente, son muchos más los que plantean la superación de esta realidad que los que buscan su conservación.

 

Es bueno saber que se ha superado la vieja idea de alcanzar la sociedad monocultural, que una sola cultura y su ideología liberal fuese la ruta para alcanzar una sociedad moderna y democrática. La pluralidad de culturas, el diálogo multicultural, como componentes de los Estados y naciones modernas son realidades aceptadas y legitimadas.

 

Nadie en su sano juicio está en contra del reconocimiento de la diversidad social, sobre todo, de aquellas sociedades que están constituidos por pueblos indígenas. El pluralismo social, político, cultural, jurídico e ideológico goza de reconocimiento.

 

Partamos, por tanto, de este hecho histórico y actuemos en consecuencia los oaxaqueños: gobiernos, legislatura, sociedad civil, sociedad y comunidades. Organicemos nuestro régimen político, económico, social, cultural e ideológico, bajo la premisa de la pluralidad, de la interculturalidad y del reconocimiento de las diferencias, sean estas étnicas, sexuales, religiosas o culturales.

 

Si partimos de este reconocimiento, estaremos avanzando enormemente en la solución de nuestros problemas. Trecientos años de colonialismo y doscientos años de vida republicana han sido suficientes para demostrar que la vía de construcción de una sola cultura, una sola ideología, solo un régimen jurídico, social, económico y político, bastarían para arribar a un estadio que se llamó progreso y desarrollo.

 

La historia nos ha dado un mentís sobre ello, hoy las desigualdades son más grandes en cantidad y en cualidad que antaño. Hoy, sólo un ¡% de la humanidad concentra la gran riqueza producida por todos, esto se repite en cada uno de los Estados nacionales. El modelo, supuestamente racional, que nació de la Ilustración y del inicio de la era industrial no tiene remedio, truena o tronamos la humanidad entera con este modelo.

 

No puede existir un desarrollo o un progreso mientras no se refleje en la calidad de vida de las personas y de los pueblos. De esta manera tenemos una segunda enseñanza, debemos de plantear otra alternativa para un Buen Vivir fuera de las concepciones del desarrollo y del progreso, estos conceptos deben ser borrados de nuestro lenguaje en materia de acción humana para alcanzar la felicidad.

 

Debemos de empezar por lo más elemental, debemos de establecer la universalidad de los derechos para alcanzar, por lo menos, la igualdad ante la ley, para que por medio de esta alcanzar la igualdad social, económica y política. En reconocimiento de la existencia de las desigualdades, debemos de establecer normas de diferenciación para alcanzar las igualdades, tal como se está haciendo referente a las normas de género. Igualar para igualar y diferenciar para igualar debe ser la política.

 

Si se quiere superar nuestro estado de cosas en lo general, debemos de plantear las dicotomías, que demuestren con claridad el camino que hemos escogido. Así, las disyuntivas son: Individualismo o comunidad; competencia o reciprocidad; tasa de ganancia o complementariedad y solidaridad.

 

Es evidente que escogimos privilegiar al individuo por encima de la colectividad y el bien común; asumir la competencia como modo de vida, no importando la práctica del más cruel del darwinismo: el mundo de los más fuertes, más capaces, más sagaces, más crueles y más maquiavélicos. La selección natural de la especie, la retirada de todo humanismo fue evidente. De aquí brincamos a la idea de un Estado que deberá permitir el juego libre del mercado y de la existencia de gobernantes al servicio de los poderosos.

 

La política de privilegiar a la tasa de ganancia nos ha conducido a la más grosera e injusta concentración de la riqueza. Para mi gusto este camino se ha agotado, tenemos que caminar por los otros senderos.

 

El reconocimiento de la realidad oaxaqueña es un imperativo para la puesta en marcha del nuevo proyecto, parece lo obvio, pero los gobernantes suelen olvidar esto cuando sólo les interesa el uso y el abuso del poder político. Cerca de tres millones en Oaxaca, viven en la encomienda política, social y económica; esos mismos, que somos los indígenas, vivimos en la colonialidad más sofisticada, menos brutal que el colonialismo.

 

Esta situación se refleja en los indicadores más dramáticos de pobreza, educación, de expectativas de vida, de bienestar y de infelicidad, los oaxaqueños vivimos sin expectativas de mejora. Sólo el 10% de la población es sujeta de movilidad social, el otro 90% vive sin esperanza, vive en la terrible cotidianidad de su miseria. Si a esto lo trasladamos a los pueblos indígenas el problema se agrava, el problema adopta la forma de colonialidad, de servidumbre, de encomienda.

 

Debemos pues, partir de una nueva epistemología, “de nuevos procesos de producción y de valoración de conocimientos válidos, científicos y no científicos, y de nuevas relaciones entre diferentes tipos de conocimiento, a partir de las prácticas de las clases y grupos sociales que han sufrido de manera sistemática las injustas desigualdades y las discriminaciones causadas por el capitalismo y por el colonialismo” (Santos, Boaventura de Sousa. Refundación del Estado en América Latina: Perspectivas desde una Epistemología del Sur. Edit. Siglo XXI, México, 2010, p, 49).

 

Para poder superar las condiciones de Oaxaca debemos realizar este rompimiento epistemológico en relación con occidente e invitar a una acción conjunta entre Estado, Sociedad y Comunidades bajo los principios históricos que nos han diferenciado, tales como la Comunalidad, que implica, respetar a la naturaleza y el cosmos, la formación del hombre cívico y solidario, así como la plena realización del hombre en cuanto sujeto de su propia historia.

 

No puedo más que estar de acuerdo con el escritor boliviano Álvaro García Linera, los indígenas somos portadores de otros hábitos y técnicas políticas, resultantes de nuestra propia vida material y técnica. “La superposición de la identidad colectiva por encima de la individualidad, la práctica deliberativa por encima de la electiva, la coerción normativa como modo de comportamiento gratificable por encima de la libre adscripción y cumplimiento, la despersonalización del poder, su revocabilidad consensual y la rotatividad de funciones, etc., son formas de comportamiento que hablan de culturas políticas diferenciadas de las liberales” (García Linera, Álvaro. La Potencia Plebeya: Acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia. Edit. Siglo XXI, México, 2015, pp, 303-304).

 

La alternativa siempre la hemos tenido a la mano, los pueblos indígenas han resistido al más terrible de los etnicidios precisamente por la defensa y vigencia de sus valores y principios comunitarios. Se han probado sus maneras de vivir a pesar del pesado colonialismo y de la eficacia de la colonialidad vigente.

 

El marxismo más ortodoxo marginó las prácticas de vida de los pueblos indígenas, la eficacia de ésta nos hace concebir la leve esperanza de pensar que una vida mejor es posible.

 

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