Es el 20 de enero del año 2017. En la ciudad de Washington DC se celebra la toma de protesta de Donald J. Trump como el 45º Presidente de los Estados Unidos de América en medio de un ambiente político y social enrarecido por las protestas y posicionamientos de diversos sectores de la sociedad norteamericana ante los anuncios que comenzó a realizar el recientemente ungido mandatario norteamericano, una vez que se supo que él había obtenido la mayoría de los votos del Colegio Electoral.

 

 

El magnate norteamericano asume la presidencia del país más poderoso del mundo después de un proceso electoral reñido frente a su opositora demócrata, Hillary Clinton. Y es que desde julio de 2016, las encuestas comenzaron a colocar a Trump por encima de la ex primera dama y conforme fueron avanzando las campañas, el margen comenzó a favorecerle al republicano en algunos estados en los que la diferencia era mínima en favor de Clinton al inicio de la contienda: Michigan, Ohio, Florida, Wisconsin y Pensilvania.

 

Desde enero de 2014, Donald Trump había manifestado su interés de contender por la Presidencia de los Estados Unidos con la finalidad, según él, de “deshacer el legado del Presidente Barack Obama”. Sin embargo tras su intentona de postulación presidencial en el 2012 y de sus declaraciones sobre la posibilidad de buscar la gubernatura de Nueva York; nadie en la clase política norteamericana tomó en serio las aspiraciones del empresario.

 

Pronto Trump comenzó una carrera por la nominación republicana que levantó muchas cejas al interior de dicho partido. Uno a uno fueron cayendo los contendientes a la candidatura del partido del elefante, en medio de una campaña en la que Trump parecía obtener ganancias electorales cuantiosas de un discurso radical. Pero ni el establishment de su partido –con el que sostuvo diversas fricciones-, ni la popularidad del presidente Obama –franco opositor a Trump-; pudieron cerrarle el paso al republicano.

 

Y es que pese a que ambos candidatos, tanto Hillary Clinton como Donald Trump, arrancaron la contienda presidencial con índices de rechazo entre los norteamericanos cercanos al 60 por ciento, terminó por imponerse el discurso anti sistémico del rubio multimillonario frente a la parquedad de Clinton que no logró estimular la suma de brazos caídos que cundió entre los partidarios de Bernie Sanders, una vez que ésta logró la postulación demócrata derrotando al senador de Vermont.

 

Pero Trump ya tiene el timón de los Estados Unidos y las decisiones que ha señalado tomará, comienzan a sentirse en sus efectos entre propios y extraños. En México por ejemplo, la incertidumbre que genera el anuncio del impuesto a las inversiones que salgan de Estados Unidos hacia el exterior, así como la posibilidad de una embestida contra el TLCAN han generado una devaluación importante del peso frente al dólar.

 

El vuelco que significará para los propios norteamericanos la transición Obama – Trump no es menor.

 

El registro de musulmanes y el incremento de la presencia militar de Estados Unidos al Sur del Mar de China, son un par de medidas anunciadas por el nuevo mandatario que sin duda han causado polarización social en el país del norte y fricción en sus relaciones con su segundo socio comercial.

 

Hasta aquí la ficción profética. Las posibilidades reales de que esto ocurra, según lo indican los sondeos, están ganando terreno. Por lo que el próximo Día de la Inauguración norteamericana seguramente cobrará un tinte dramático que rasgue para siempre las cortinas del emblemático sistema democrático de Norteamérica, el cual deslumbró a Alexis de Tocqueville.

 

Homozapping